Número 102 - Abril 2009

AGENDA CULTURAL

AÑO XI - N° 102
ABRIL 2009
Quilmes- Argentina
Tel: 54-11-4253-7431

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Sonia Otamendi

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La Agenda Cultural del Sur es una guía mensual en la que se consigna día a día, el hacer cultural llevado a cabo por instituciones oficiales y privadas de la zona sur y que cuenta además, con notas breves de escritores e historiadores tanto locales como del resto del país, y de corresponsales en el extranjero.
Con una  tirada  de tres mil ejemplares que se distribuyen en forma gratuita en Quilmes, Bernal, Don Bosco, Wilde, Ezpeleta y Berazategui, está en la calle los días primero de cada mes.

Se ruega citar la fuente de los textos que se reproduzcan.

 

 

 

 

 

 

«¿Aquél cadaver que plantaste el año pasado en tu jardín, ha comenzado a germinar?» T. S. Elliot  

 

NOTAS 

DE AMOR, HONOR Y COMPASIÓN
Fernando Anguita B.

LA VERSIÓN Y LA SUBVERSIÓN
Federico Pablo Blanco

CORAZÓN DE TINTA
Carlos Córdoba

LA MUERTE Y LA PRENSA
Miguel Ángel Morelli

APRIETA LA VIDA
Claudio L. Pérez

LOS CORTAZAR
Leda Schiavo

LA ORILLA
Alicia Silvia Rey

DIARIO
Néstor Tellechea

 

OTROS TEXTOS

DE  LAS  PALABRAS
Adolfo Bioy Casares

CONTRA LA MUERTE
André Breton

EL EXTRANJERO
Albert Camus

DOS TEXTOS DE MACHADO
Antonio Machado

Del capítulo  “LAS BIBLIOTECAS”
María Rosa Oliver

Escrito en un libro abandonado en un viaje
Fernando Pessoa

 


 


DE AMOR, HONOR Y COMPASIÓN

Aunque a veces me he dejado influir por la agresiva propaganda de las películas, suelo guiarme por mi intuición, curtida desde los años en que la sesión doble era "la norma" de los cines de barrio.
Calculo que hasta la década de los sesenta no empecé a fijarme primero en el nombre del director para decidir qué programa ver. En caso de "empate", los intérpretes inclinaban la balanza. De las reseñas de prensa, irresponsables destripadoras de argumentos, siempre he huido como de la peste. 
Sin embargo, reconozco que entrar en un cine guiado tan sólo por el nombre del director conlleva el riesgo de que, por esa vez, el genio la haya "pifiado". Aún así habrá valido la pena: inmerso en el infinito espacio oscuro, el seguimiento del torrente de imágenes me permitirá descubrir qué falló, y esa experiencia engordará un poco mis flacos "saberes" de cine.
Lo que antecede viene a cuento por «El lector», de Stephen Daldry, director de «Las horas» y de «Billy Elliot», excelente bagaje para confiar en su oficio.
A estas alturas (oscarizada ya Kate Winslet), será muy difícil que alguien pueda aspirar a sentarse en la butaca sin saber de qué va el personaje que interpreta. Yo había tomado mis precauciones y pude disfrutar del privilegio de mi ignorancia para recorrer con Daldry los mismos pasos de su introspección, las muestras palpables del esfuerzo que tuvo que hacer para transformar en imágenes lo que había leído y quería contar: lo que estaba escrito desde hace casi tres lustros en «Der Vorleser». Cargado de premios y traducido a 30 idiomas, el libro de Bernhard Schlink hubo de esperar tan solo a 1997 para presentarse en español. Quienes lo hayan leído habrán salido disparados a ver la película en la primera semana de su estreno. Lo digo porque para ellos es irrelevante y de imposible cumplimiento lo que recomiendo a continuación.
La comparación de los libros y las versiones fílmicas que los desarrollan (más o menos fielmente) divide en dos a su audiencia potencial: quienes eligen primero ir al cine y luego leer el libro, y quienes proceden al contrario. Mi recomendación se inclina por apuntarse a la primera opción, siempre que sea posible. La razón reside en que la segunda (leer antes de ver) desbarata por completo el nivel de complicidad e intriga que haya creado el director, precisamente para "nosotros". Queda, por supuesto, el disfrute de todo lo demás, pero siempre "filtrado" por el juicio previo que arrastremos desde la lectura.
Daldry ha ensamblado la historia que contó Schlink en un juego de espejos y paréntesis que no están en el libro. Y lo ha hecho con maestría. Los "añadidos", el espléndido comienzo por ejemplo, no adulteran la historia en ningún caso; antes al contrario: densifican la cualificación de drama sobre el amor, el honor y la compasión que un crítico le endosó al libro; es más, elevan la incertidumbre sobre los motivos que rigen las conductas de sus protagonistas. El espectador queda atrapado por el "espectáculo" en sí y por el ejercicio de adivinación que le impone la rara conducta de Hanna, de quien ignora durante tiempo hasta el nombre. Las analepsis (flash backs) conforman el juego de espejos a que me he referido antes, y suman otra incógnita que acerca la narración al suspense policiaco.
Por señalar un par de "defectos" que no quede: la lengua y el suelo alemán cimentan la película; por tanto, mostrar en inglés las páginas de un libro que maneja Hanna carece por completo de sentido. También opino que sobran las fechas "empastadas" para fijar los sucesos. Es cierto que atender a la solución de las incertidumbres sin esa ayuda sería quizás excesivo. Pero luego, meditando en casa, uno se daría cuenta de que había presenciado una obra (casi) maestra, merecedora por lo menos, como todas las que lo son, de una segunda visita al cine. Fernando Anguita B.

 


LA VERSIÓN Y LA SUBVERSIÓNNací el 28 de julio de 1978; dos años y cuatro meses después del golpe. Realmente no tengo demasiados recuerdos de la dictadura, en realidad, son solo dos. Un soldado pidiendo colaboración por la guerra de Malvinas y el día de las elecciones que traerían la democracia.
No obstante, hay tres temas, o relatos, que me han marcado desde mi más tierna infancia, la Guerra Civil Española, la FORA y la “Subversión” durante la década del 70; fundamentalmente las acciones del ERP y la muerte de Santucho.
No voy a referirme aquí a la FORA, ya que este tema fue desarrollado magistralmente por Diego Abad de Santillán, ni a la Guerra Civil Española, puesto que los camaradas de la CNT FAI aún hoy, continúan con su lucha y sus reivindicaciones.
¿Por qué entonces, hablar de la Subversión? Pues, porque como ya se ha dicho infinidad de veces, la misma palabra hace referencia a una versión, que está por debajo de la versión oficial y esta subversión es la versión del pueblo. Hubo una subversión entonces y la hay ahora. Bien dicen que la historia la escriben los que ganan, pero la realidad no siempre es tan lineal y la verdad, es que muchas veces la escriben los que quedan.
Hoy en día ostenta el poder una de las facciones que estaba en lucha por esos años, por ese motivo, desde hace ya más de un lustro, vemos con alegría como se persigue a los genocidas, pero nuevamente, las cosas no son lineales y así como observamos eso, también somos víctimas sistemáticas del peor de los engaños, una verdad a medias.
Es cierto que Montoneros combatió a la dictadura, pero por favor, jamás olvidemos que también lucharon y resistieron, el ERP, los anarquistas, los libre pensadores y gran parte del pueblo y no por eso se arrogan el derecho de presentarse como “salvadores de la Patria”. La dictadura nos afectó a todos, incluso a los que éramos demasiado pequeños para oponer resistencia. Causa dolor e indignación, ver personas y agrupaciones que fueron ejemplos de ética y valentía en la resistencia al totalitarismo, alinearse a la nueva “Versión Oficial” y olvidarse de todos los que de una u otra forma se sacrificaron por la causa de la Libertad. Priorizan sus banderas políticas por sobre los hechos históricos, no fueron 30000 peronistas desaparecidos, fueron 30000 peronistas, marxistas, anarquistas, estudiantes, maestros, en fin, personas. Es por respeto a nuestros caídos, a nuestros sobrevivientes y a nosotros mismos, que tenemos que tomar conciencia de la Subversión de hoy, conciencia de esa parte de la resistencia que muchos intentan borrar, se jactan de su lucha contra la dictadura y ahora que han tomado el poder, manipulan la historia con fines totalitaristas, bastardeando de esta manera, la memoria de los caídos y de todos aquellos que han participado y hoy no tienen voz  para contar su parte de la verdad.
Es analizando lo sucedido sin atarnos a preconceptos ni a dogmatismos, que vamos a poder entender lo acontecido en esos tiempos y replantearnos y comprender mejor nuestro presente, para finalmente poder proyectar , en forma colectiva, un futuro.
Escribo esto con fines absolutamente políticos, si entendemos la política como la forma en que se organiza un pueblo y toma conciencia de su historia y su porvenir, no hay intereses partidistas, ya que mis banderas son la Libertad y la Igualdad y fiel a mis convicciones sólo busco la verdad, o al menos, la multiplicidad de discursos que nos permitan repensar y analizar nuestra Historia.
¡Viva la Libertad!Federico Pablo Blanco

 


CORAZÓN DE TINTA

Está pronta a estrenarse la película basada en esta primera novela de una trilogía escrita por la autora alemana Cornelia Funke, también ilustradora (por lo pronto de su propia novela).
Más allá de que en el libro en un momento se dice otra cosa, nadie me quita la idea de que todo libro tiene el corazón de tinta. Y este libro tiene a un libro por protagonista, casi diría en la misma función o rol que en El nombre de la rosa, de Humberto Eco. Y no hago ninguna consideración de calidad o envergadura del escrito, no incurro en ninguna otra comparación.
Cada capítulo se abre con un epígrafe proveniente, en general, del campo de la literatura o de la literatura infantil o de la literatura juvenil… pero también de textos referidos al mundo del libro por ejemplo Una historia de la lectura, de Alberto Manguel-. No olvidar que la novela está dirigida al público de jóvenes lectores, preadolescentes, y tiene formato de novela de aventuras… y el lector se aventura primero en sorprendentes textos de otros autores que están allí para aportar otra voz al relato… están imbricados en el relato, no lo interrumpen ni distraen. Claro que esto es característico del medio impreso… por lo que se perderá en su traslado al fílmico ¿no?
Ya al comienzo de la novela, los protagonistas, padre e hija, tienen que dejar abruptamente la casa. Y se puede leer esto:
“… cada vez que un librero de libros antiguos, un bibliófilo o una biblioteca necesitaba un encuadernador, Mo [es el padre] recibía el encargo de liberar de moho y polvo a un par de valiosos libros antiguos o cortarles un traje nuevo. A Meggie le parecía que el calificativo de 'encuadernador' no le hacía justicia al trabajo que realizaba su padre, por eso hacía unos años le había confeccionado un rótulo para su taller en el que se leía: 'Mortimer Folchart, médico de libros'…” (p. 28)
En otro momento los protagonistas visitan a una tía bibliófila y entran en la biblioteca donde están los libros más valiosos (toda la casa es una gran biblioteca):
“Se había detenido delante de una puerta. Sobre la madera blanca se veía un ancla pintada, alrededor de la cual saltaba un delfín.
-Esta es la divisa de un famoso impresor explicó Elinor [la tía] mientras acariciaba con el dedo el afilado hocico del delfín. Es lo más adecuado para la entrada de una biblioteca ¿no te parece?”
Meggie es la que nos dice que se trata del veneciano Aldus Manutius. (p. 55)
Un poco más adelante Mo extiende sus herramientas:
“… a la izquierda las plegaderas, después el martillo de cabeza redonda con el que golpeaba los lomos de los libros para darles forma, el afilado cortapapeles…” (p. 74)
Y muy cerca podrían leer:
“… depositó en la mesa la carpeta donde guardaba sus papeles para guardas, y los hojeó con aire ausente. 'Todos los libros deberían empezar con un papel así le dijo a su hija en cierta ocasión-. Preferiblemente de tono oscuro: rojo oscuro, azul oscuro, según sean las tapas del libro. Luego, al abrirlo, ocurre como en el teatro: primero te encuentras el telón. Pero lo apartas a un lado, y comienza la función.” (p. 75)
Sólo quise compartir estos retazos de texto… no quiero dilatar los márgenes de este otro formato. Me guardo los sabrosos epígrafes… pero no, no puedo… va uno:
“-¿Qué hacen esos niños sin libros de cuentos? preguntó Neftalí
Y Reb Zebulun replicó:
-Tienen que aguantarse. Los cuentos no son como el pan. Se puede vivir sin ellos.
-Yo no podría vivir sin ellos dijo Neftalí.” 
De Isaac B. Singer, Neftalí, el narrador, y su caballo Sus.

Carlos Córdoba

 


LA MUERTE Y LA PRENSA

Si la muerte (cualquier muerte) es siempre una pena infinita, la pena de muerte es una doble pena. Pena por quien pasa ahora de victimario a víctima, y pena por nosotros mismos, la sociedad, los hombres y mujeres comunes y corrientes que nos convertimos en sus verdugos, justamente en aquello mismo que decimos aborrecer.
A juzgar por los titulares de los diarios, nos han tocado tiempos difíciles. Claro que Borges, con su proverbial agudeza, agregaría: “Difíciles, sí, como a todos los hombres a lo largo de la historia”. Pero uno tiende a creer que los suyos son tiempos únicos, irrepetibles, acaso porque en su fuero íntimo necesita sentirse testigo de cosas importantes.
Hace algunas semanas, una ex modelo devenida con los años en la gran diva nacional, reclamaba a grito pelado la pena de muerte porque un colaborador suyo había sido asesinado. Tenía derecho Susana Jiménez a expresar su dolor como podía, y a reclamar lo que reclamaba, que después de todo para eso vivimos en un estado de derecho que valora y prioriza la libertad de expresión. Lo curioso, lo verdaderamente curioso, es el uso que hicieron los medios de las desdichadas declaraciones de la mujer. Porque dos o tres palabras de la conductora bastaron para instalar el tema, a contrapelo de las miles de voces de mujeres que reclaman (también por tevé, cuando alguien se apiada y les acerca una cámara) por sus hijos muertos, y nadie las escucha porque son pobres, villeras, ciudadanas de segunda. Morochas, en fin, en el país que adora a las rubias.
No se sabe de ningún país del mundo que haya bajado los índices de criminalidad por haber instaurado la pena de muerte. Sí, en cambio, de muchos que lograron combatir la delincuencia creando más escuelas, hospitales, fuentes de trabajo. Recuerdo haber charlado sobre el tema con el doctor Florencio Amoroso hace unos quince años, cuando era funcionario. “Acá mismo existen zonas donde los niños no alcanzan a consumir durante los dos primeros años las proteínas que se necesitan, las mínimas e indispensables hasta para el desarrollo moral” se quejaba Amoroso. Quise saber cómo repercutiría el asunto. “Muy sencillo -me respondió Florencio-, a los doce o trece años cualquiera aprende a manejar un revólver, pero sólo los que hayan consumido las proteínas que se deben, aprenden cuál es el límite entre el bien y el mal…” Me pareció una exageración. Hoy veo que tenía toda la razón.
Fue en Mendoza, si no me equivoco, donde hace unos días dio a luz la niña de doce años que había sido violada por su propio padrastro, y para quien se había pedido el derecho a interrumpir el embarazo. Desde luego, la justicia se lo negó, atenazada por una operación de prensa montada por aquellos “bienpensantes” que nunca faltan. ¿Me parece a mí o son los mismos que ahora se hicieron eco de las declaraciones de la Giménez y reclaman mano dura justamente cuando lo que se necesita es simplemente justicia?

Miguel Ángel Morelli

 


APRIETA LA VIDA
Trabajos de Hilda Paz en el espaciomultiarte
(5 al 30 de marzo de 2009. Corrientes 381, CABA)

Siento que tengo la mirada limpia, recuperada; que me han sido reintegrados, a través de un proceso que permanece en el misterio, la claridad, la transparencia, la mayor ingenuidad del aire y de la luz. Quiero decir que las obras expuestas lavan los ojos del que las observa. Simple lavado, ritual, mágico, agua  clara que despierta y exalta nuestra sensibilidad disciplinada.
Obras que ilusionan un retorno porque han avanzado no hacia lo nuevo sino hacia lo original, hacia primeras sensaciones, descubrimientos, asombros. La novedad se deconstruye hacia su origen y nos conecta con esa energía que, liberada, ha devenido materia plástica, imagen, arte.
Clara, límpida, nítida, la imagen se adelanta, se separa del plano y se adentra en nuestras maneras de sentir y percibir como si flotara sola y contundente separada del fondo, del muro, del mundo.
Sí, imágenes simples desembarcando en la orilla de un mundo/otro, ¿de un mundo nuevo? ¿de América? Creo que El espolón del poeta es una imagen de Nuestra América, por la que se cruzan las palabras de García Márquez y la exhuberancia de Frida Khalo. Del mismo modo, así, contradictorio, digo que Carta desde el exilio II es, desde la imagen, una postal polaca, una lejana y fría sombra llena de palabras tristes. Pero, entre otras terribles palabras que nos hizo y hace pronunciar la dictadura, ¿no somos a partir de ella también iguales, en el infortunio, a tantos países europeos? ¿No somos un país de exiliados que nos entristecen y nos empobrecen como pueblo?
Sé que debo, debería detenerme, alejarme del hechizo de lo visto y carraspear, volver a comenzar diciendo que estos grabados de Hilda Paz están compuestos de una imagen litográfica y elementos que van desde una pluma a un conjunto de pequeñas bolsas de especias, pasando por estampas religiosas, antiguas figuritas infantiles, escarapelas, cintas, hilos y textos, palabras dentro y fuera de las litografías, legibles e ilegibles, restos discursivos salvados de la hoguera, del cajón, del olvido.
Digo ahora que se intuye, se percibe en el tono de la muestra, una amenaza. Las imágenes litografiadas juegan el riesgo de la complejidad, de la veladura, de los trazos manuscritos sobreimpresos a los rostros, de la laboriosidad y dedicación con las que han sido trabajados, delineados, borroneados, para volverlos pura imagen a salvo del tenaz y arrasador paso de los días, en su cotidianeidad y en su épica, que harán de los retratados, los homenajeados, otros, apenas reconocibles. Y se entiende la incorporación de las estampas, los íconos, que vienen a cumplir esa función que les reserva y exige la apropiación popular más cercana a lo pagano que a lo religioso. Proteger, curar, rescatar. Ayudar a los vivos, a la obra de los vivos, nombrados algunos y reconocibles los otros. Hacer que sus obras fructifiquen y su palabra crezca límpida y a salvo de la proscripción. Rescatar del olvido la obra de los que partieron hacia países distantes siempre. Salvar la palabra y la imagen poética, refugio último de la verdad, de tanto maltrato, de tanta indiferencia, de la banalidad que terminará por consumirnos.  
Hilos para atrapar sueños, Hilos para atrapar palabras, las imágenes puestas bajo la protección de estos talismanes que convocan utopías o las crean. Protección a la sombra del silencio, titula, clama la artista, a y desde otro de sus grabados, porque la sombra del silencio es la palabra y ella siente y dice que ha estado, está en riesgo, como la Infancia a la sombra del hambre, flanqueda la imagen por bandera, cinta y escarapela argentinas que despiertan un dolor ya añejo y la misma bronca sola, mínima, inútil.
Retrato en una encrucijada es una obra bellísima que convoca palabras. Un rostro en primer plano, apoyado, imagino, sobre el marco de una puerta, ve partir o espera, o está rememorando partidas y regresos, sereno y triste. A su lado, un tira de papel con líneas de color se me ocurre un trozo de carta astral o un fragmento de un molde de costura, en cualquier caso hay un destino evocado que parece construir melancolía.
En El reflejo del cielo una mancha roja, casi una gota estallada, sugiere por igual pasión y pérdida en un conjunto formado, además, por el retrato de un joven emergiendo de un fondo negro y el resto de un esbozo sobre una cuadrícula. Este trabajo resume de alguna manera lo que también se evidencia en los otros, una poderosa sugerencia alcanzada con imágenes que codifican y encriptan un mensaje cuyo significado último nos está vedado. Uno siente que ha sido aludido a partir de un sentimiento que comparte más allá del sentido, como si hubiera escuchado el canto de un pájaro en las primeras horas del día. Se celebra la luz que viene y devuelve a las cosas su forma, su color y su función, restituye a las ideas su papel en la historia, levanta las razones del afecto como un estandarte, pone orden en las tinieblas del mundo, por un instante apenas, breve y suficiente.

Claudio L. Pérez

 

 

LOS CORTAZAR

Los conocí cuando empezaba a creer que la Universidad ya no podía darme nada. La filosofía me angustiaba y me pasé a Letras para que la literatura me regocijara la vida, pero los profesores me aburrían, no mostraban pasión por nada, no vivían lo que enseñaban. Llegó el 55 con la caída de Perón y la denostada Libertadora y todo empezó a cambiar; la Universidad empezó a ganar autenticidad, dinamismo, volvía gente que había sido proscripta o que se había quedado fuera por no firmar adhesiones al líder. La élite intelectual volvía a adueñarse de un espacio que había caído en el marasmo de la mediocridad durante la era de aquellos muchachos peronistas.
Entonces fui a una clase de Celina Sabor de Cortazar y supe lo que era enseñar con pasión, lo que era conocer de veras lo que se estaba explicando. El siglo de oro, o los siglos de oro de España, se convertían en una aventura del espíritu. Si hubiera sido sólo una buena profesora no merecería estar aquí, quiero decir, que hablara de ella. Celina nos dio algo más que buena información, nos dio lecciones de vida.
En una ocasión, decidió invitarnos a ir a su casa para darnos clases suplementarias sobre el Quijote. Y allí conocimos a Raúl, tan apasionado como ella con sus cosas, que en este caso eran el folklore y la literatura argentina. Dos vidas consagradas a la investigación y la enseñanza, dos personas de veras haciendo algo que les gustaba de veras.
Después, a lo largo de la vida, he entrado en casas con biblioteca en las que el libro ocupaba el centro primordial, en las que las mesas de escritorio se desbordaban de fichas y papeles, en las que se advertía sin lugar a dudas el ansia de conocer y comunicar.  Pero en aquel entonces, en el segundo año de la facultad, entrar en el recinto sagrado de los Cortazar era entrar en lo desconocido pero en lo que, sin embargo, siempre había deseado y vislumbrado. Ese curso y esa invitación nos cambió la vida, creo que casi todos los del pequeño grupo que se reunía los sábados por la tarde, quiso ser como ellos, y la mayoría lo fuimos, llenos de papeles, fichas, cursos, publicaciones, congresos.
En medio de un capítulo del Quijote sonaban las cinco y aparecía Raúl, cordial, perfecto, para ofrecernos un té con masitas. Recuerdo su chaqueta de estar en casa, una campera de gamuza, impecable, una camisa blanca con corbata, unos zapatos recién lustrados. Y entonces se podía conversar y cambiar ideas y el mundo se ensanchaba. Le preguntábamos qué hacía, y nos hablaba del Fondo Nacional de las Artes y de sus publicaciones bibliográficas; nos hablaba de sus viajes, sus trabajos de campo en el norte argentino, que recorría a lomo de mula.
Pasada la hora del té, Celina arremetía otra vez con el Quijote. Conservo la edición en la que iba anotando lo que nos decía, conservo los apuntes, y rememoro la desvergüenza de Sancho, el olor a ajos de la verdadera Dulcinea, los ojos alucinados de Alonso Quijano el Bueno.
Muchos años después estaba yo en Madrid y tuve la alegría de hacer con Celina la ruta de don Quijote, una inolvidable peregrinación por la Mancha, con sus molinos de viento; una búsqueda infructuosa de la cueva de Montesinos, que estaba mal señalizada; un correr por caminos en los que ficción y realidad carecen de límites y se superponen.
Literatura argentina venía después de Literatura española II. Y allí conocimos a Raúl profesor, después de conocer al Raúl doméstico.
Así como para ella la clase no acababa en la clase, sino que era el principio de algo, él organizó un viaje de estudios a Tucumán, Salta y Jujuy. Los que pudimos ir, teníamos la obligación de preparar temas para discutir en las horas en que no estábamos caminando, comiendo o durmiendo y aprendimos a organizarnos tanto como a conocer de primera mano la historia, la geografía, la música, la cerámica, en fin, todo lo posible, de los lugares que atravesábamos.
Isabel, una de las hijas de esta pareja, era compañera de estudios y viajó con nosotros. La otra hija, Clara, nos conmovía con su voz melodiosa entonando canciones medievales, en aquellos recreos de la hora del té. Las dos formaban parte del mundo mágico que nos envolvía en aquel modesto departamento de la calle Rosario en el que muy bien podía hallarse el verdadero Aleph y no en la casa de la calle Garay. Estoy segura de que si pudiera volver encontraría la pequeña esfera tornasolada escondida en un rincón, y no es verdad que nuestra mente es porosa para el olvido.  Estas palabras testimonian lo contrario.

Leda Schiavo
                                                                 


LA ORILLA

La mujer y su hija esperan al costado del camino que va hacia la antigua Plaza de Toros de Colonia del Sacramento. Desde aquí veo la rama alta y horizontal, bastante baja, de la araucaria que impide como una valla que la copa de la palmera se intensifique y  se disperse. La  niña, de unos seis años, lleva puesto un casco de motociclista rojo de juguete. El calor es completo, compacto. Con la madre van eligiendo sucesivos lugares sombríos del bosquecito que conecta el río con la carretera. Ella   mira a su hija y le habla de un modo que a la  niña más tarde va a resultarle por distintas razones inobjetable. Como las palabras que separan la vigilia del sueño. El lugar de la madre es a medias luminoso, a medias sombrío porque la circunstancia del traslado de una zona de espera a otra se ve condicionada por las cadencias de la luz sobre el rostro, las manos, las rodillas, la asombrosa quietud del cuerpo de la madre. La hija se apropiará de  esta discreción ante las contingencias  (iban de viaje; debieron cambiar de parecer   imprevistamente), del modo aparentemente casual con que se extrema  una decisión anterior y secretamente tomada  lo indeclinable de una  determinación- a pesar de seguir aguardando como si lo decidido no estuviera ocurriendo, entrando y saliendo de la espera casi sin emoción porque lo que está  por suceder es firme, ha sido  puesto  en marcha con rigor de todos modos. Se cubre con  una gorra de color beige  con visera, mira cada tanto hacia fuera del círculo de sombra, da a su hija esa  lentitud de  la arena aún fría de antes de   las diez de la mañana. Ella compone con la  niña una escena donde la intensidad está formada por la distracción y la persistencia en la distracción. Se piensa en algo a punto de ocurrir, la inminencia de un hecho diferido en el tiempo en el que la mañana transcurre, de espaldas al río.  Han de estar aguardando al padre que las dejó ahí y se desvió con el auto a causa de una avería momentánea o de un olvido que lo obligó a regresar dejando a su mujer y a la  niña en espera. O tal vez no estén esperando la mujer y su hija a ningún padre y sólo hayan hecho un alto en la travesía de la costa. Hacen como si en realidad no esperaran ya nada. Como si sólo pudieran fiarse de una lente invisible con la que estuvieran destinadas a observar por ahora cada palmo de arena blanquísima, las ramitas caídas, las raíces de contornos magníficos  indicando los pasos de los árboles bajo el suelo o contraídos caprichosamente como músculos sobre la superficie del sendero. En completa disponibilidad.Alicia Silva Rey

 


DIARIO

Hoy, al anochecer, los árboles danzaban arqueándose hasta dar la impresión de que podrían quebrarse. Era hermosa la majestuosidad temeraria que ofrecía todo el contexto del paisaje. El cielo, cuanto más lejano, luminosamente quieto en un sólo estado de luz. Las hojas y las ramas, directamente negras. El rugido del viento, impactaba en las copas, como un pequeño y alargado gruñido que repiqueteaba y aumentaba su agudeza en intensidad sonora que casi a punto de apagarse, volvía a renacer. Belleza y miedo, miedo y belleza, mientras mis ojos no alcanzaban a pasar en palabras lo que yo quería decirme…Néstor Tellechea

 

OTROS TEXTOS

 


DE  LAS  PALABRAS

“Hay quien supone que si tiene a mano el diccionario de la Real Academia, escribirá bien. La verdad es que podrá escribir mal con palabras registradas en ése o en cualquier diccionario. Tal vez los de sinónimos sean los más peligrosos; nunca deberíamos escribir palabras en el que el sinónimo se transparenta.
Acudo al “obeso amigo” (como llamaba Mastronardi al diccionario de la Academia) y encuentro al azar: bobillo, blasmar, estique, estiván, latria, launa, marcola, mastagón, masticino, nuégado, opugnar, palabrimujer, panzudo, rucho, sucoso. ¿Quién introducirá esas palabras en una página, no paródica, sin que se noten como escritas en tinta colorada? El senador Fulano de Tal, seguramente, si las descubre en este prólogo…
El culto a la riqueza de vocabulario va acompañado por el temor, generalmente ridículo, de repetir palabras. En trance de evitar repeticiones, sometemos al lector a un régimen de sobresaltos, como si destapáramos monigotes de resortes: el decaído carnaval de la primera línea reaparece en la segunda como dios o rey Momo, el ladrón como caco y en un breve párrafo planteamos un enigma policial en el que no se sabe quién es quién, porque sucesivamente disfrazamos a Homero de bardo ciego, de padre de la épica, de autor de la Ilíada, de rapsoda numeroso ...
Desde luego las palabras no son más que un elemento en el arte de escribir. El que dice lo que se propone, de manera eficaz y natural, con el lenguaje corriente de su país y de su tiempo, escribe bien. ¿Después de “corriente” habría que intercalar “entre la gente culta”?  No sé. Es tan difícil determinar quién es y quién no es culto. Debemos casi todas las palabras de este diccionario a gente supuestamente culta.”

Adolfo Bioy Casares (Fragmento del prólogo de “Diccionario del argentino exquisito”)

 


CONTRA LA MUERTE
...El idioma ha sido dado al hombre para que lo use de manera surrealista. En la medida en que al hombre es indispensable hacerse comprender, consigue expresarse mejor o peor, y con ello asegurar el ejercicio de ciertas funciones consideradas como las más primarias. Hablar o escribir una carta no presenta verdaderas dificultades siempre que el hombre no se proponga una finalidad superior a las que se encuentran en un término medio, es decir, siempre que se limite a conversar (por el placer de conversar) con cualquier otra persona. En estos casos, el hombre no sufre ansiedad alguna en lo que respecta a las palabras que ha de pronunciar, ni a la frase que seguirá a la que acaba de pronunciar.André Breton
fragmento del Primer Manifiesto Surrealista

 


EL EXTRANJERO
(Fragmento)

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.
El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: «No es culpa mía.» No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido un aspecto más oficial.
Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor. Comí en el restaurante de Celeste como de costumbre. Todos se condolieron mucho de mí, y Celeste me dijo: «Madre hay una sola.» Cuando partí, me acompañaron hasta la puerta. Me sentía un poco aturdido pues fue necesario que subiera hasta la habitación de Manuel para pedirle prestados una corbata negra y un brazal. El perdió a su tío hace unos meses.
Corrí para alcanzar el autobús. Me sentí adormecido sin duda por la prisa y la carrera, añadidas a los barquinazos, al olor a gasolina y a la reverberación del camino y del cielo. Dormí casi todo el trayecto. Y cuando desperté, estaba apoyado contra un militar que me sonrió y me preguntó si venía de lejos.
El asilo está a dos kilómetros del pueblo. Hice el camino a pie. Quise ver a mamá en seguida. Pero el portero me dijo que era necesario ver antes al director. Como estaba ocupado, esperé un poco. Mientras tanto, el portero me estuvo hablando, y en seguida vi al director. Me recibió en su despacho. Era un viejecito condecorado con la Legión de Honor. Me miró con sus ojos claros. Después me estrechó la mano y la retuvo tanto tiempo que yo no sabía cómo retirarla. Consultó un legajo y me dijo: «La señora de Meursault entró aquí hace tres años. Usted era su único sostén.» Creí que me reprochaba alguna cosa y empecé a darle explicaciones. Pero me interrumpió: «No tiene usted por qué justificarse, hijo mío. He leído el legajo de su madre. Usted no podía subvenir a sus necesidades. Ella necesitaba una enfermera. Su salario es modesto. Y, al fin de cuentas, era más feliz aquí.» Dije: «Sí, señor director.» El agregó: «Sabe usted, aquí tenía amigos, personas de su edad. Podía compartir recuerdos de otros tiempos. Usted es joven y ella debía de aburrirse con usted”.
Era verdad. Cuando mamá estaba en casa pasaba el tiempo en silencio, siguiéndome con la mirada. Durante los primeros días que estuvo en el asilo lloraba a menudo. Pero era por la fuerza de la costumbre. Al cabo de unos meses habría llorado si se la hubiera retirado del asilo. Siempre por la fuerza de la costumbre.
Un poco por eso en el último año casi no fui a verla. Y también porque me quitaba el domingo, sin contar el esfuerzo de ir hasta el autobús, tomar los billetes y hacer dos horas de camino.

Albert Camus 

 


DOS  TEXTOS  DE  ANTONIO  MACHADO

Hay una poesía que se nutre de superlativos. El poeta pretende elevar su corazón hasta ponerlo fuera del tiempo, en el «topos» uranios de las ideas. Esta poesía, acompañada a veces de una emoción característica, que es la emoción de los poetas superlativos, puede ser realmente poética, mientras el poeta no logra su propósito. Lo que quiere decir que el propósito al menos, es antipoético.  Si leyerais a Kant -en leer y comprender a Kant se gasta mucho menos fósforo que en descifrar tonterías sutiles y en desenredar marañas de conceptos ñoños- os encontraríais con aquella su famosa parábola de la paloma que, al sentir en las alas la resistencia que le opone el aire, sueña que podría volar mejor en el vacío. Así ilustra Kant su argumento más decisivo contra la metafísica dogmática, que pretende elevarse a lo absoluto por el vuelo imposible del intelecto discursivo en un vacío de intuiciones. Las imágenes de los grandes filósofos, aunque ejercen una función didáctica, tienen un valor poético indudable, y algún día nos ocuparemos de ellas. Conste ahora, no más, que existe creo yo- una paloma lírica que suele eliminar el tiempo para mejor elevarse a lo eterno y que, como la kantiana, ignora la ley de su propio vuelo.
de Juan de MairenaSobre las imágenes en la lírica. (Al margen de un libro de V. Huidobro.)
Crear enigmas artificialmente es algo tan imposible como alcanzar las verdades absolutas. Pueden, sí, fabricarse misteriosas baratijas, figurillas de bazar que lleven en el hueco vientre algo que, al agitarse, suene; pero los enigmas no son de confección humana: la realidad los pone y, allí donde están, los buscará la mente reflexiva con el ánimo de penetrarlos, no de recrearse en ellos. Sólo un espíritu trivial, una inteligencia limitada al radio de la sensación, puede recrearse enturbiando conceptos con metáforas, creando obscuridades por la supresión de los nexos lógicos, trasegando el pensamiento vulgar para cambiarle los odres sin mejorarle de contenido. Silenciar los nombres directos de las cosas, cuando las cosas tienen nombres directos, ¡qué estupidez! [...]. Pero Mallarmé sabía también, y este es su fuerte, que hay hondas realidades que carecen de nombre, y que el lenguaje, que empleamos para entendernos unos hombres con otros, sólo expresa lo convencional, lo objetivo, entendiendo aquí por objetivo lo vacío de subjetividad, es decir, los términos abstractos en que los hombres pueden convenir, por eliminación de todo contenido psíquico individual. En la lírica, imágenes y metáforas serán, pues, de buena ley cuando se emplean para suplir la falta de nombres propios y de conceptos únicos, que requiere la expresión de lo intuitivo, pero nunca para revestir lo genérico y convencional. Los buenos poetas son parcos en el empleo de metáforas; pero sus metáforas, a veces, son verdaderas creaciones.
En San Juan de [la] Cruz, acaso el más hondo lírico español, la metáfora nunca aparece sino cuando el sentir rebosa el cauce lógico, en momentos profundamente emotivos. Ej. 
En la noche dichosa,/ en secreto, que nadie me veía,/ ni yo miraba cosa, /sin otra luz ni guía /sino la que en el corazón ardía.
La imagen aparece por un súbito incremento del caudal del sentir apasionado, y una vez creada, es ella a su vez creadora, y engendra, por su contenido emotivo, la estrofa siguiente:
Aquesta me guiaba/ más cierto que la luz del mediodía,/ etc.
¡Cuán lejos estamos aquí de la abigarrada imaginería de los poetas conceptuales y barrocos, que aparecerán más tarde, cuando, en realidad, la lírica ha muerto ya! de Notas sobre la poesía

 


Del capítulo  “LAS BIBLIOTECAS”

“Papá nos contaba la historia de Robinson Crusoe, los viajes de Gulliver, las andanzas de Don Quijote, las aventuras de Simbad el Marino y las picardías del Lazarillo de Tormes y de Gil Blas de Santillana mucho antes de que pudiéramos leer las versiones infantiles de esas obras. Y hasta nos volvía familiares a Shakespeare y a Calderón. Antes de saber de memoria el abecedario, nos sabíamos, a fueza de oírlos, el “Ser o no ser” y el “Que es la vida una ilusión”. Muchas palabras, pensaba yo,  y me parecía que a los grandes les gustaban demasiado las palabras. En cuando a las de los príncipes dubitativos me causaban una vaga impaciencia: Ser  era estar vivo, ver el sol, el cielo, respirar, comer; no ser era estar muerto y nadie sabe cómo es estar muerto. ¿Y Segismundo no vería, no tocaría, no olería, no oiría la vida? Me preguntaba a mí misma pero no a los demás porque temía dos cosas: pasar por sonsa y por insensible a la palabra “ilusión”, de sonido tan bonito y que tanto parecía gustar a todos.
Porque más que hablar hacía cosas, Robinson Crusoe era mi preferido. Además me tranquilizaba que su victoria no implicara la derrota de otros. Al contrario, en su lucha contra la soledad y la naturaleza, cada uno de sus triunfos podría haber sido el de cualquiera de sus lectores. Me pasaba largo rato imaginándome en su lugar y no podía ver un ombú sin pensar en cómo habría de ingeniármelas para vivir dentro de su tronco al amparo del frío y de la lluvia. Las posibilidades de inspeccionar la rústica vivienda eran pocas: aduciendo que esos huecos estaban “llenos de inmundicias” dejadas por los linyeras, los grandes no nos permitían acercarnos al ombú. Apenas había visto dos o tres linyeras sentados cerca del hueco, sobre una raíz, tomando mate y mirándonos pasar con ojos tranquilos y a mí me había parecido entonces que el ombú era su nido, como el redondo hecho de barro, de los horneros.
En los linyeras, en los trabajadores “golondrina” yo me esforzaba por ver los vagabundos de los cuentos europeos. Los que recorren solos, a pie, caminos y países. Nunca creía que fueran capaces de robarse un chico, pero sí que alguno se fuera con ellos, siguiéndolo como un cuzquito para saber cómo es lo que está lejos y para que los padres lo extrañaran. Para que se desesperaran por su ausencia y se arrepintieran de haberlo tratado mal, y una noche de tormenta salieran a buscarlo  y después de andar y andar lo encontraran por fin y después de perdonarse  -¿quién a quién?- volvieran a casa llorando de alegría y en la casa lo metieran en un baño caliente con mucho jabón y después en la cama limpia y abrigada y ya en la cama le dieran el tazón humeante de leche con canela y miel, pensando que nunca, nunca más, me iban a hacer rabiar.
Porque éste era uno de los cuentos que me contaba a mí misma metiéndome en la piel del protagonista pero no siendo yo sino otro. En esa vida imaginaria, hasta podía llegar a sr varón. Por el contrario, tratándose de proyectos, no perdía nunca mi total identidad”.

María Rosa Oliver
Fragmento del libro “Mundo, mi casa” 

FERNANDO PESSOA
Escrito en un libro abandonado en un viaje " Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro
también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la
izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz”.

Colaboración de Leda Schiavo 

 

LOS AMADOS

"Karabali, ensueño Lecuona"20 años y un homenaje Los amados cumplen 20 años con el amor y lo festejan dándose un gustazo:
estrenan “Karabali, ensueño Lecuona”, un concierto homenaje al gran maestro
cubano Ernesto Lecuona. Temas como María la O, Siempre en mi corazón, Siboney, Celos,
La comparsa, Para Vigo me voy, Malagueña serán del disfrute de todos.
Sin perder su apasionado romanticismo sorprenderán con ritmos inesperados. Tal vez lejanos tambores de África… tal vez un tango… tal vez una chacarera. 
Habrá que ver para creer y divertirse. Poesía, humor, mucho ritmo latinoamericano y amor sin par enmarcarán estas apasionantes veladas.  Siempre bajo la dirección de su creador Alejandro Viola.  Los Amados son:
Idea y Dirección Gral.: Alejandro Viola (voz).
Dirección musical y arreglos: Lisandro Fiks (contrabajo).
Músicos: Fernando Costa (percusión), Oscar Durán (requinto),
Hernán Sánchez (trompeta), Analía Rosenberg (piano),
David Rodríguez (congas, voz), Rubén Rodríguez (percusión, voz)
y Daniela Horovitz la nueva cantante invitada. Escenografía y vestuario: Cristina Villamor
Diseño de Iluminación: Dana Barber
Coreografías: Ignacio Gonzalez Can
Producción ejecutiva: Georgina Rey 8 únicas semanas a partir del 20 de febrero
Teatro Margarita Xirgu  - Chacabuco 875
Reservas al 4300-8817 y 4307-0066 
Funciones: Jueves, viernes y sábados a las 21. Domingos a las 20
Localidades desde 40$.

Prensa: Walter Duche – Alejandro Zárate – 4522-2562 / 15-5808-1039
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Nuestros músicos en www.myspace.com/duchezaratemusica




                                                          
Diario de un día
Un grupo de artistas de Quilmes ( Sonia Otamedi, Hilda Paz, Claudio L. Pérez, Alicia Silva Rey y Néstor Tellechea) hemos creado el Diario de un día, publicación en papel (de distribución gratuita) y virtualwww.dud-diariodeundia.blogspot.com) de aparición y temática aleatoria.Nuestro Nº 0 fue pensado y editado como un ejercicio de memoria y reflexión sobre el tema de los desaparecidos
y los Derechos Humanos. Hemos seleccionado textos de Osvaldo Bayer, Daniel Moyano, Claudio Martyniuk, Antonio Di Benedetto, Rodolfo Walsh, Armando Tejada Gómez y Miguel Angel Bustos, que publicamos junto a notas y obras plásticas nuestras y de colaboradores. Se imprimieron 500 ejemplares en papel (formato tabloide). 350 ejemplares fueron distribuidos en la marcha del 24/03/2009. El resto se puede obtener en librerías e instituciones de Quilmes.
La propuesta es que visiten el blog y nos hagan llegar sus comentarios sobre la publicación a
diariodeundia@gmail.comClick para entrarhttp://dud-diariodeundia.blogspot.com/

 

Primera Maratón de Teatro

Y fue la primera

El 14 de marzo ppdo., se realizó en el Centro  Cultural “ ARTENPIE”(Vicente López 93) la Primer Maratón de Teatro, con la participación de elencos zonales, de Capital Federal y del  Gran Buenos Aires . El evento, organizado por la Comisión de Teatro de dicha sala, duró siete horas y por momentos pareció desbordar  las instalaciones de Artenpie a causa de la afluencia de público que rondó aproximadamente entre 150 y 200 personas. El buen nivel autoral y actoral ofrecido en esta Primera Maratón Teatral en Quilmes,  permitió recoger comentarios tanto  del público asistente  como de los actores participantes, expresivos de la necesidad y de la pertinencia de esta clase de encuentros.