Escuela Municipal de Bellas Artes
«Carlos Morel»: ELOGIO DE LOS NOMBRES
R.R. / Claudio L. Pérez
BELLAS ARTES
Miguel Angel Morelli
MIS ALUMNOS
Graciela Reyes
EL ARTE ES PELIGROSO
Roberto Enrique Rocca
DEL PODER DEL CONDADO
Fernando Anguita B.
ESPERANDO EL TELEGRAMA
Hilda Paz
OTROS
Bioy Casares / Brecht / Canetti Cortázar / Borges
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Escuela Municipal de Bellas Artes
«Carlos Morel»: ELOGIO DE LOS NOMBRES
"... el arte es peligroso para los imbéciles y los poderosos, sobre todo cuando estos imbéciles y poderosos lo hacen peligrar. Y cuando lo apoyan terminan por corromperlo, porque el arte es esencialmente transgresor y si se lo doma deja de ser arte.
Que los chicos de la EMBA, que los docentes de la EMBA, y todos los que creemos en el arte, mantengamos alta nuestra protesta..."
Carta de Belén
Belén pasó con su abuela por la EMBA y se paró a leer todos los carteles. Miró a la abuela y le dijo: "están matando el arte". Me mandó un mail que dice...
R.R.
ELOGIO DE LOS NOMBRES
«A docentes y alumnos de la Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Morel
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FUNDACIONES:
Carlos Morel: primer pintor argentino, vecino de nuestra comunidad de Quilmes a partir de aproximadamente 1870. Refiriéndose al grupo de pintores que integraba Carlos Morel dijo Marcos Sastre en 1837 al inaugurarse el Salón Literario: "...presiento que de todos ellos se gloriará algún día la Nación".
Enrique Bicocchi: Concejal y Presidente de la Comisión de Cultura. A su iniciativa debemos el surgimiento de la Escuela Municipal de Bellas Artes de Quilmes en 1942.
Lombardo King: Concejal. Plantea en la reunión del Concejo: "...ya hace más de un siglo fueron creadas en varias grandes y pequeñas ciudades de Europa escuelas nacionales o comunales de Bellas Artes... con un número de habitantes mucho menos numeroso de los que posee Quilmes en la actualidad".
Francisco Fernández, José Craviotto, Víctor Roverano: los tres sostuvieron el nombre de Carlos Morel para nuestra EMBA.
LOS QUE ESTUVIERON, LOS QUE ESTAN
Gabriela Alonso, Roberto Angeleri, Marcelo Aguilar, Juan Aragón Luna, Alejandra Bagolini, Horacio Beccaría, Juan Bordalejo, Mónica Capra, Oscar Capristo, Rodolfo Caracciolo, Lidia Castellini, Pedro Costa, Marta Cattoi, Adriana Di Notto, Horacio Farías, Leopoldo Fuchshuber, Leonardo Gay, Raquel Goya, Raúl Lacabanne, Juan Carlos Lombán, Estela Lopardo, María Teresa Luengo, Fernando Maglia, Claudio Mangifesta, Leandro Manzo, José María Molinari, Manuel Oliveira, Roberto Páez, José Eduardo Pardo, Hilda Paz, Julio Paz, Ludovico Pérez, Otilia Porcel, Brenda Reninson, Rubén Rey, Juan Ringer, Daniel Salvanescki, Mara Sánchez, Aldo Severi, Ricardo Tau, Sepucio Tidone, Leovigildo Uribbarri Inchausti, Ofelia Vidal de Temperley, etc.
En este caso el "etc." está sobradamente justificado. La lista no es exhaustiva. Se ha intentado mencionar a los docentes de la EMBA que además de formar profesores en Bellas Artes y artistas, han logrado que el nombre de nuestra Escuela se conozca en ciudades tan lejanas como Tokio, Estocolmo, Milán, Madrid.
Han ganado premios, ejecutado instrumentos, pintado murales o miniaturas, levantado estatuas, escrito historias (entre ellas la de "la Morel"), compuesto melodías.
Pintaron cristos y obreros en lucha, pájaros, nacimientos y retratos de seres que amamos u odiamos con igual intensidad. Grabaron sobre piedra, madera y metal mensajes claros como consignas o enigmáticos como las palabras de cualquier religión. Algunos interpretan raros instrumentos, soplan o pasan las manos sobre cosas que suenan como primeras palabras. Otros se convierten, sobre cualquier escenario, en paradigmas del género humano, representaciones en las que aprendemos cómo responder al engaño, a la virtud, a la miseria o a la guerra. Construyeron para sus alumnos el único país de la tierra donde impera la libertad (un profundo país que está también en nosotros, esperando), y allí los dejaron experimentarla para construir ciudades inexistentes, alfabetos, animales fabulosos, campesinos en tierras pródigas.
Han hecho la Escuela, la sostienen, no para sí mismos, sino para todos, especialmente para nosotros, habitantes de Quilmes. Ahora están siendo expulsados de nuestra Escuela, de nuestra comunidad. Ellos padecerán, pero seguirán forjando un arte a prueba de vicisitudes, burócratas y enanos mentales. Sus alumnos padecerán mucho más, aprenderán duramente el lenguaje del poder y terminarán creyendo que la democracia es el mejor de los engaños que inventaron los griegos. La comunidad padecerá por siempre este embate.
Podríamos hacer de Quilmes, con estos y otros artistas, una ciudad para la cultura, reconocida por su arte, y de "la Morel" el polo de atracción de la misma. Algunos lo están intentando y sin duda lo lograrán, penando, como se logran las cosas en este país. Otros parecen buscar un lugar de contendientes en una batalla que ya perdieron, hagan lo que hagan con nuestra Escuela, sus profesores y alumnos.
¿Destruirá la democracia lo que no logró destruir la dictadura?
R.R. / Claudio L. Pérez
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BELLAS ARTES
La Escuela Municipal de Bellas Artes "Carlos Morel" de Quilmes, es uno de los establecimientos de enseñanza artística más prestigiosos del país, y el más antiguo en su género de la provincia de Buenos Aires. Cuenta con 64 años de vida y alrededor de 3000 alumnos. Sin embargo, hoy atraviesa por uno de sus momentos más difíciles. Jaqueada por el poder político de turno, corre el riesgo de ser cerrada definitivamente.
Ante las amenazas recibidas, (más modificaciones arbitrarias en el Estatuto, la anulación de la equiparación con los docentes de la provincia, persecuciones de todo tipo y un escandaloso operativo el fin de semana pasado), los alumnos decidieron ocupar las instalaciones... y responder con "arte" a las agresiones (ni quema de gomas, ni enchastres en las paredes, ni cortes de calles, ni pintadas en los frentes de las casas de los vecinos: SOLO ARTE COMO RESPUESTA
Vale la pena que esto se difunda. Vale la pena que la gente lo conozca. Vale la pena que el periodismo se haga eco y lo muestre.
Miguel Angel Morelli
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MIS ALUMNOS
La gran obsesión de mi vida ha sido siempre el lenguaje: su estructura y, sobre todo, el modo en que sus usuarios lo hacen funcionar. Durante años, esta obsesión fue secreta. De chica, inventaba teorías estrafalarias que escribía con tiza en una mesa vieja que estaba en el altillo, porque a mis maestras mis preguntas les parecían impertinentes (lo eran) y luego, en la secundaria, a mis profesores solamente les importaba machacarnos las reglas de corrección. En la facultad, cuando por fin me enseñaron las disciplinas básicas de la lingüística, me ratifiqué en mi idea de que, más acá de los algoritmos de la gramática mental que estudiábamos, hay hablantes, hablantes que intentan expresarse y entender a los demás mediante el lenguaje. Yo quería estudiar eso, cómo usamos el lenguaje para comunicarnos. Nadie me hacía mucho caso. Hasta mis mejores amigos ponían los ojos en blanco cuando los interrumpía para preguntarles cosas como "¿por qué dijiste 'por poco NO me mato', por qué usaste NO?" "¿Está mal dicho?" preguntaban, y yo decía que no, que no, que yo sólo quería analizar ese uso peculiar. Cuando intentaban recordar las reglas del colegio, yo les explicaba mis teorías, y ellos huían.
Tuve grandes maestros en Buenos Aires y después en Madrid, y a ellos les debo lo esencial, pero el uso del lenguaje lo estudié yo sola y a escondidas, leyendo sobre todo a los filósofos, porque la lingüística de entonces no explicaba lo que los hablantes quieren decir cuando usan el lenguaje, solamente estudiaba lo que dice el lenguaje. Durante mis años de mayor pobreza, cuando escribía la tesis sobre otros temas y me ganaba el pan haciendo traducciones, tuve una vida doble, feliz pero incompleta, porque una verdadera obsesión se satisface cuando se puede hablar de ella con alguien, si es posible todo el día, y más aún cuando se puede contagiar a otros, cuando, oh maravilla, el otro tiene la misma obsesión y la misma mirada enloquecida y las mismas manos temblorosas que apuntan el mismo ejemplo en un papel y le dan cien vueltas para saber por qué eso significa eso en tal contexto.
Cuando gané mi primer puesto en Chicago, enseñé gramática a mi modo, dedicando medio curso, por ejemplo, a analizar la gramática en conversaciones auténticas que yo había grabado. De mi grabador salían las voces de hablantes reales, y estudiábamos los significados de esos hablantes, no ejemplos sueltos. Después, un día fausto, pude enseñar el significado lingüístico, así a secas, llamándolo significado, llamándolo semántica y pragmática, y, para mayor felicidad, los alumnos que hacían el doctorado conmigo se entusiasmaron por las mismas cosas que yo, que todavía eran grandes novedades. Desde entonces, durante más de dos décadas, he disfrutado de la complicidad de jóvenes que estudian lo mismo que yo, conmigo.
Ahora mi materia, la pragmática, ya no es nueva ni desconocida. Hay revistas, congresos, y más artículos y libros de los que puedo leer, y tengo muchos colegas y amigos que trabajan con los hablantes reales. No estoy sola, podría no necesitar ya a los alumnos. Pero los necesito. Por ellos, tanto los entusiastas como los más indiferentes, aprendí a poner todo en limpio, a explicar, a clarificar. Por ellos intenté ser una profesora y no una incoherente narcisista. Cualquiera haya sido mi éxito en ese esfuerzo, a ellos les debo el refinamiento de mis obsesiones y el placer de compartirlas diariamente. Hubo una época en que todos anotábamos lo que oíamos por allí, y nos reuníamos los viernes para hablar de lo que habíamos anotado. Teníamos un taller, que se llamaba socarronamente el Círculo Pragmático, donde hablábamos por horas, tomando una copa de vino o dos, y riéndonos mucho. Podíamos definir qué era la ironía y qué diferencia una implicación lógica de una voluntaria, entre otras cosas fascinantes. Yo les aconsejaba que no hablaran de esos temas con sus novios y novias. Aquella obsesión mía, por la que me quemé las pestañas en tantas bibliotecas, se la regalé a mis alumnos, y ellos me la regalaron otra vez a mí, embellecida. Sin ellos, mis obsesiones serían meramente obsesiones.
Graciela Reyes
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EL ARTE ES PELIGROSO
El arte es peligroso (para los imbéciles y los poderosos) sobre todo cuando estos imbéciles y poderosos lo hacen peligrar, porque es entonces cuando las fuerzas del espíritu luchan por emerger.
Escribe Sarmiento, en el capítulo tercero del Facundo: Con esta sociedad, pues, en la que la cultura del espíritu es inútil o imposible; donde los negocios municipales no existen; donde el bien público es una palabra sin sentido, porque no hay público, el hombre dotado eminentemente se esfuerza por producirse, y adopta para ello los medios y los caminos que encuentra".
Por eso es que se da la paradoja de que el arte florezca, como estuvo en estos días floreciendo en las calles, en situaciones de opresión y desidia. Por el contrario cuando el poder lo apoya termina por debilitarlo y corromperlo, porque el arte es esencialmente transgresor y si se lo doma deja de ser arte.
Tengámoslo presente en este momento, en que la alianza entre la ignorancia y la prepotencia nos obliga a reaccionar.
Que los chicos de la EMBA, que los docentes de la EMBA, y todos los que creemos en el arte mantengamos alta nuestra protesta. Y que esta sea lo más artística posible. Vale decir que duela y cueste trabajo a quien lo haga y haga doler y trabajar a quien lo reciba. __________
Roberto Enrique Rocca
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DEL PODER DEL CONDADO
Hace pocas semanas concluyó en el segundo canal de TVE una entrega de la serie «The West Wing"», la que cierra con el episodio titulado Posse comitatus. Según comentó hace cuatro años Dolores Graña en LA NACIÓN, ese episodio se emitió en Argentina por entonces. Imagino que el lector de esta nota, si es que lo vio, lo tiene casi olvidado. En mi opinión, no es ocioso recordarlo.
El empleo de frases latinas cortas, como latiguillos, no es infrecuente en el periodismo español; me parece más raro en el argentino y, desde luego, por su menor "papel" etimológico, difícil de encontrar en la prensa norteamericana. Por tanto, que el latín apareciera en primer plano, nada menos que titulando un episodio de los 156 que cerraron la exitosa serie en USA el pasado mes de mayo, sólo se explica por los fundamentos jurídicos que aprovechó el guionista para centrar su tema. En el ordenamiento común de los Estados Unidos, el sheriff de un condado puede reclutar civiles para que le asistan en circunstancias extraordinariamente graves. Ese es el significado que toma el ejercicio del posse comitatus, the power of the county, el poder del condado. Sin embargo, el guión de referencia iba más allá, tiraba por elevación al imaginar una situación extrema que previó la Posse Comitatus Act, la ley que nació en 1878 con ese nombre para regular la intervención del ejército en asuntos de competencia civil.
El ingenio de Aaron Sorkin, director y guionista de la serie hasta la quinta entrega, colocó al "presidente" de la nación ante el dilema de dejar salir del país a un diplomático terrorista sin juzgarlo (porque las pruebas que lo inculpaban fueron obtenidas bajo tortura), o de autorizar los planes que le presentaba la panoplia del alto mando al completo (para ejecutarlo bajo engaño, en secreto, y fuera del territorio americano). La ficción es lo bastante verosímil para hacernos pensar que en el caso de producirse una situación semejante, la solución real caería del mismo lado. Los escrúpulos morales del presidente se mantienen hasta el último segundo, pero de hecho ya quedaron apartados cuando su jefe de Gabinete responde a sus dudas para autorizar el crimen: —Porque usted ganó, señor—, le dice.
Los ciudadanos corrientes nos escandalizaríamos ante una respuesta de ese tipo, pero lo cierto es que ninguno ganamos ni vamos a ganar una elección presidencial. La falacia, la perversión de la democracia para muchos, reside ahí. El elegido, el que ganó, puede y tiene que decidir por encima del bien y del mal. En los Estados Unidos encontraron dos palabras latinas para legalizarlo, en muchas otras democracias no parece que haga falta. Los países pequeños sólo podemos disimular nuestra dependencia de las decisiones de los grandes saliendo a la calle con pancartas. Y más nos vale que la cosa no pase de ahí. La escalada del presente conflicto, en lo que para Europa es Oriente Próximo, va a obligar a los gobiernos a definir su postura más allá de declaraciones electoralistas. Imagino a las cabezas integrantes de los comités asesores echando humo. Literalmente. La última palabra, sin embargo, la tienen los líderes, los presidentes. Tanto ustedes como yo podemos vernos convertidos en pocas semanas en propalestinos antisemitas o en prosemitas antiislamistas. A la vez estaremos tratando de entender las razones del líder que nos haya hecho eso, y a quien, a lo mejor, ni siquiera votamos. Ya no nos van a preguntar. Esa es la realidad última, se tenga o no se tenga poder del condado al que encomendarse. También está, o estaba, el acto de contrición.
Fernando Anguita B.
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ESPERANDO EL TELEGRAMA
Miro el buzón y aun no llegó el aviso de despido a mi cargo docente de la E.M.B.A.
Pienso en mi primer maestro, Uribarri que a los quince años nos llevaba a pintar el atardecer en el balcón del teatro de la antigua Bellas Artes. Nos mostraba el cielo cayendo en rojos, los azules, las estrellas que se aproximaban y nos decía: pinten, que es único e irrepetible, mañana volveremos en otro atardecer y nosotros seremos otros. Miren, hablen, confíen en lo que ven; los ojos no mienten.
¿Ven esos pájaros, son pájaros o son colores? Decídanlo ustedes.
Y uno, con una suerte de pincel mágico, usaba el color como arma, para comprender el universo que se atrevía en nosotros.
Y hoy esperando el telegrama me asalta este recuerdo tantos años después porque creo que toda esa memoria está en las paredes que hoy callan y en esta escuela que quieren cerrar porque no comprenden el misterio.
Y soy una mancha, un color, un pájaro.
¿Soy?
La escuela es
¿Será?
Hilda Paz
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