Número 106 - Agosto 2009

AGENDA CULTURAL

AÑO XI - N° 106
AGOSTO 2009
Quilmes- Argentina
Tel: 54-11-4253-7431

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Sonia Otamendi

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La Agenda Cultural del Sur es una guía mensual en la que se consigna día a día, el hacer cultural llevado a cabo por instituciones oficiales y privadas de la zona sur y que cuenta además, con notas breves de escritores e historiadores tanto locales como del resto del país, y de corresponsales en el extranjero.
Con una  tirada  de tres mil ejemplares que se distribuyen en forma gratuita en Quilmes, Bernal, Don Bosco, Wilde, Ezpeleta y Berazategui, está en la calle los días primero de cada mes.

Se ruega citar la fuente de los textos que se reproduzcan.

 

 

 

 

Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo.
Antoine de Saint-Exupéry  

 

NOTAS 

DE LA "TIERRA DE HIELO"
Fernando Anguita B.

ARGUMENTOS III
Jorge Cabrera

PREMIO PREGONERO 2009
Carlos Córdoba

ALEJANDRA PIZARNIK
Liliana Lukin

PENSAR EN HUDSON
Miguel Ángel Morelli

DESDE EL PATIO
Sonia Otamendi

EL TURCO
Claudio Pérez

LO QUE DEJAN LOS MUERTOS
Graciela Reyes

DESDE LA BUTACA (Iraqi Short Films. Mauro Andrizzi, Argentina 2008)Josefina Sartora

NO TE METAS EN HONDURAS...
Leda Schiavo

LAZO DE AMOR IV
Alicia Silva Rey

OTROS TEXTOS 

FRAGMENTO
John Bergher

CÓNDOR Y CRONOPIO
Julio Cortázar

VUELO NOCTURNO
Antoine Saint-Exupery

AL SECRETARIO GENERAL DE LA OEA, A LAS IGLESIAS, MOVIMIENTOS Y ORGANIZACIONES POPULARES
Adolfo Pérez Esquivel


de la «TIERRA DE HIELO»

AL FINAL doy razón de por qué he centrado esta nota en la tierra de hielo, es decir, en la joven nación de ISLANDIA.
Escribo "joven" en el sentido de su definitivo reconocimiento como nación independiente (que data de 1944), y no en el de su existencia histórica que se remonta al desembarco de monjes irlandeses (siglo VIII) y  a las expediciones vikingas posteriores. Lo que ha llovido desde entonces está en las enciclopedias y ¡cómo no! en la WEB; lo que allí está pasando ahora lo anticipan las ediciones en papel (y virtuales) de la prensa diaria.
Foto aérea de Reykjiavik
[New Caxton Ency. 1969] (1)

UNA PREGUNTA razonable es qué narices puede importarles a mis amigos argentinos lo que pasa a doce mil kilómetros de Buenos Aires... y no digo a los que viven, "un poco" más abajo, allá en Ushuaia, por ejemplo. Mas la respuesta es que sí, que puede (y debe) importarles, como al resto de los habitantes del planeta. La razón reside en que Islandia ha encontrado la solución local (nacional) nada menos que al problema (global) de la crisis económica. Lo ha dejado claro Sigurdardottir, Johanna de nombre y  primera ministra de la tierra de hielo. En el Parlamento, la ilustre dama, después de una semana de debate caliente (en contraste y para alivio del frío exterior), se llevó el gato al agua. No muy sobrada anduvo, es cierto, –sólo un raspado 52,4% de votos a su favor–, pero no me cabe duda de que ganó por la simplicidad y contundencia de su propuesta, de lo que significaba seguir fuera (de la Unión Europea). La prensa española tradujo así lo que Johanna dijo: «De otro modo no podremos solucionar nuestros graves problemas económicos». Habría podido dar un toque shakesperiano apostillando «Lo demás es silencio», o bien bíblico, «Afuera es el llanto y el crujir de dientes», pero no necesitó exagerar la negrura del problema porque el país, tras el colapso de sus tres mayores bancos, estaba al borde de la bancarrota desde el pasado otoño (boreal). Sepa también el lector que, mientras repasa estas líneas, Skraphedinsson, de nombre Assur, ministro de Exteriores islandés, habrá entregado ya la solicitud de "ingreso", y que ésta habrá sido muy bien recibida porque, entre otras razones, Islandia es "un país poco problemático... con profundas raíces democráticas" y –se me ocurre añadir–, aportará algún desahogo (una extensión equivalente al Chaco argentino) al saturado espacio físico de la UE. Valga un dato: la densidad de población de Alemania es casi cien veces superior a la de Islandia.

LAS COMPARACIONES son odiosas, se dice, pero está claro que sólo algunas pueden serlo porque nos pasamos la vida comparando, para aprender o para encontrar atajos en la resolución de problemas. Después de varios meses de permanencia en "crisis", algunos países detectan señales de alivio. El abanico de actitudes "nacionales" permite apuntar a quienes lo están haciendo mejor; es decir, las cabezas pensantes, los think tank de cada ejecutivo, disponen ya de material para comparar y proponer decisiones "a semejanza de...". A lo largo del mes de julio no me ha parecido que España o Argentina hayan demostrado ser elegibles como modelos, lo cual da razón ¡por fin! al ejemplo islandés del que he echado mano. Exótico y extremo es más didáctico de lo que parece: se resume en el evangélico «Pedid y se os dará». Es cierto que Argentina no puede pedir el ingreso en la UE y tendrá que buscarse otro paraguas. Tampoco la grafía de los escuetos apellidos heredados de España e Italia puede competir con las sonoridades vikingas.(2) Pero no pienso que la ortografía entre en liza... ¿o quizás si?


1 La capital de Islandia tomó el nombre de "Bahía Humeante" a la vista del vapor desprendido por los geysers. En ella vive casi la mitad de la población de toda la isla.
Esta otra fotografía de hace pocos años [Enc. Micronet 2006] muestra la lógica transformación de la ciudad.

2 De todas las lenguas germánicas habladas hoy, el islandés es la más pura y antigua.
El inglés, especialmente el norteamericano, amenaza su pureza y supervivencia. [Chamber's Encyc. ed. 1971]  


 

Fernando Anguita B.


ARGUMENTOS 3

Estamos esperando a Macedonio. La idea se le ocurrió a Pérez, macedoniano de ley. Cabrera, lo invitamos al viejo, le pagamos un par de ginebras y le sacamos unos cuantos argumentos; los publicamos en la editorial de la UNQUI, se los vendemos a los alumnos y ganamos cualquier guita. Vos siempre pensando en la plata, Leopoldo. Con ese nombre que te pusieron tendrías que invocar a Lugones. No jodas, no jodas, no me hables de ese facho. Ya empezamos… o hacemos ideología o hacemos negocios, las dos cosas no se puede. Además, Macedonio escribía mal. Recordá la cita de Borges: “En mi época, escribir bien, era escribir como Lugones.” No seas hijo de puta. La existencia de Macedonio (un existencialista) justifica que hayan existido Borges, Cortázar… y hasta yo, que escribí una novela basada en la máquina de escribir novelas. Una novela que no te publicaron. Pero, la con… no me hables de eso. ¡Vos hablás! Sos hablador, como el viejo, puro verso. ¿Qué escribió Macedonio? Varias novelas malas (hasta él decía que eran malas), cincuenta y siete prólogos y un cacho de novela. Ah, y hablando de verso, este poemita, que siempre cito a mis alumnas, sobre todo si hay alguna que me quiero levantar: “Amor se fue; mientras duró/ de todo hizo placer./ Cuando se fue/ nada dejó que no doliera.” Un poema y unos capítulos, bastante poco, ¿no? Por otra parte, ni Borges ni Cortázar son novelistas, son cuentistas. ¡Cómo! ¿Y Rayuela? Rayuela, bueno, Rayuela es un collage, un texto que escribieron otros, entre ellos Macedonio, eso es cierto. Georgie escribió El Aleph, el punto en el que convergen todos los puntos, ya sabemos. Y además, su descubrimiento se lo debe a un idiota, Charly Argentino. ¿Qué más? Bueno, La muerte y la brújula, un entretenimiento a lo Poe. El libro de arena… La primera vez que nos encontramos, en su departamento de la calle Maipú, me dijo “Lea el libro de arena”. Yo ya lo había leído, por supuesto. Después está Funes…, una exageración. Una hipérbole. Bueno, eso. Y… chau, se me agotaron los títulos. Ah, sí, historias de compadritos. Yo mismo le sugerí un argumento una vez que me llamó por teléfono, desesperado. Borges desesperado, ¿te imaginás, Pérez? Me imagino. Y las reescrituras del Martín Fierro, como si la obra de Hernández pudiera ser reescrita. Entre otras cosas, ¿quién se encargó de canonizar al gaucho? Lugones. Fue Rojas, no seas bruto, Cabrera. Bue, para el caso es lo mismo. Siguiendo con Borges, tiene unos textitos policiales con Bioy, ese guacho sí que vivió bien, ¿eh? Mucha mina, mucho champagne. Y se me acabó la obra del ciego. ¿Pero vos no eras borgiano, Cabrera? Era, ya no soy. Y Cortázar con los bichos… Bestiario. Sí. ¿Qué más escribió Cortázar? Casa tomada. Sí, le gustó a Norah, si no Borges no se lo publicaba. ¿Qué más? El perseguidor, la historia de Charly Parker. Sí, “Esto lo estoy tocando mañana”, un viaje con el ácido; cualquiera que haya vivido los sesenta la pudo haber escrito. ¿Otra? El otro cielo. Sí, Lautreamont, los malditos franceses, ya sé, otra baratija. Toda la crítica coincide en que los tres primeros libros de Cortázar valen la pena, los otros… ¿Vos no enseñabas Cortázar en la Universidad? Para la gilada, Pérez. Después está toda esa cosa con la revolución, el antiperonismo, ¿para qué mierda se exilió en Francia si nadie lo echó?, demasiado snob. Te fuiste al carajo; la gran discusión argentina: Piazzola no hace tango. Está bien, por lo menos hasta hace treinta años había discusiones. Después vinieron los milicos. Sí, después vinieron los milicos. Por eso estamos acá como dos pelotudos esperando que venga Macedonio, otro que le daba a la guitarrita. ¿Sabías que Macedonio se había ido a vivir a una isla del Delta? Sí, con el padre de Borges y otros locos más. Pero fracasaron. Che, está haciendo frío. Sí, me vine desabrigado, y ya me está haciendo falta la ginebrita. A mí me hace falta un ron cubano. No empecemos. Además, Pérez, esperarlo en esta plaza de Ezpeleta, ¿te parece que vendrá?

Jorge Cabrera

 

 

PREMIO PREGONERO 2009
Categoría Librería para Ideas de Librería Ramos
(la “librería Ramos para chicos”)

La Fundación El Libro, organizadora de la Feria del Libro y de la Feria del Libro Infantil y Juvenil, otorga todos los años el Premio Pregonero. Este galardón de alcance nacional está destinado a quiénes se han destacado en la promoción de la lectura y de la literatura infantil-juvenil. Toma en consideración distintas categorías o rubros involucrados en este sector de la producción y la vida cultural (el dedicado a los niños y jóvenes), tales como especialista, periodismo, bibliotecas… y librerías. Y este año ha sido adjudicado a la librería especializada en niños y jóvenes IDEAS DE LIBRERÍA RAMOS, de Quilmes.
Difícil empresa la de premiar esta librería viva, en continua innovación y desarrollo. Cuando en ella focalizamos una imagen, un formato, un logro… al instante ya se está renovando, rediseñando, otra especie, otra calidad se abre paso… otro puente a la lectura.
Trabajo, esfuerzo, construcciones (teóricas, metodológicas… y espaciales-ambientales) para que la lectura siga floreciendo en nuestra zona… y esto con una naturalidad que parece que todo es desde siempre, que no podía ser de otra manera.
Es que la actividad de esta librería supera los límites de lo meramente comercial y constituye una respuesta abierta a la crisis de lectura planteada recientemente en la revista-suplemento del diario La Nación, ADN Cultura (del 18 de julio) bajo el título: “Al rescate de los jóvenes lectores perdidos”.
Marcel Proust en su “En busca del tiempo perdido” se propone recuperar la infancia… y en su último volumen (es una novela-río de 6 volúmenes), “El tiempo recobrado”, completa esa navegación. En esta librería de Quilmes ese tiempo está definitivamente recobrado, vivo… la infancia… el tiempo de lectura… la lectura del mundo (el mundo, la vida ¿no les parece un gran libro a descifrar?)… un tiempo en el que caben todos los tiempos.
Y esta librería tiene corazón y alma visibles a simple vista: Nilda Ramos y su hija Valeria Canalicchio (¡segunda y tercera generación de libreros profesionales!) y un equipo de jóvenes individualidades, complementarias e integradas al proyecto y a la dinámica del sector.
La Andariega (que es la forma artística que toma el Premio Pregonero en lugar de trofeo o copa… una escultura-) ese carromato fantástico del titiritero-poeta Javier Villafañe, inició hace un largo tiempo su viaje a Quilmes. Los lectores sabíamos que algún día tenía que llegar a este querido sitio de la calle Mitre, frente a la asoleada plaza. Es un lugar reconocible, nunca está solitario, siempre están allí los niños, los jóvenes… para “que no se apague el susurro de la lectura”. (la cita es del escritor Italo Calvino).

Carlos Córdoba

 

ALEJANDRA PIZARNIK

Yo vengo de visitante, y porto una doble incomodidad, la de no haber escrito y la del exceso de equipaje. Mi exceso de equipaje son los libros de Marcelo, que volví a leer para este encuentro: sus títulos, que leeré, arman un sintagma que de alguna manera nos desliza, creo, hacia el que presentamos hoy: Crónica del crack-up, Ficciones psicoanalíticas, Una subjetividad que se inventa, Diálogo-Demora-Recepción, y  agrego el nombre de un texto que, incluido en alguno de esos libros, me convoca especialmente para la lectura de éste. Publicado en 2002 en la revista Confines, se titula “Discrepantes e insumisas, los jabalíes de oro se están comiendo a Ivonne”. Es un bello texto que empieza con la relación entre mujeres discrepantes e insumisas hospitalizadas, en tránsito posible hacia otras moradas, (o miradas), y un poema de Juan Gelman, que se podría vincular con el poema “Sala de psicopatología” de Alejandra Pizarnik, analizado en este libro.
Encuentro aquí una especie de eje, de centro, que es lo que me preocupaba encontrar, para pensar el libro que se está presentando como una necesidad intelectual que señale un recorrido y haga visibles ideas nuevas, en un pensamiento que ya se estaba construyendo ante nuestros ojos, en esos libros anteriores. Me preguntaba qué convocaba, qué de Alejandra Pizarnik podía haber convocado tan fuertemente la escritura de este libro, más allá de lo evidente, de la preocupación por establecer nuevas maneras de relacionar la escucha, el lugar del analizante, del analista, del psicoanálisis.
Y me acordé del concepto de ternura que alguna vez escuché en una charla de Fernando Ulloa, algo así como: la ternura provoca el miramiento. Y esta frase aparece, seguramente, porque creo que la mirada de Marcelo Percia sobre el psicoanálisis, sobre la posibilidad de pensar la locura, de pensar la neurosis, de pensar el otro, la otra, están teñidas, veladas, atravesadas por la ternura. Por la conciencia dolorida de saber que en el dolor hay un secreto y que hay un cuidado que se debe a ese secreto. Y alrededor de todo eso él desgrana esa serie de ideas sobre el lugar de los que piensan el psicoanálisis y de los que estudian y trabajan con personas que están en estado de sufrimiento, por decirlo de alguna manera.
Dice Marcelo Percia que no se puede imponer a los psicoanalistas “que aprendan a escuchar, como diría Pizarnik, con una esponja en los oídos, ni obligar a que profesores dicten en clases universitarias una expresión que podría considerarse la voz de su enseñanza, la de Alejandra, pero sería una lástima privarse de estas ideas”.
Yo pienso que sería una lástima privarse de la lectura de este libro, pero aprovecho esta cita tan conocida y emblemática de Alejandra, que es “por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”, para instalar la idea de que la conciencia de su sufrimiento era algo que Alejandra Pizarnik, como cualquier artista, atesoraba: hay una vanidad del sufrimiento. Que la magnitud de ese sufrimiento y el borde en que ese sufrimiento la pondría no era algo de lo que ella deseaba verdaderamente desprenderse y que en todo caso, así como con Spinoza se podría pensar que no se sabe lo que puede un cuerpo, con Henri Meschonnic se podría pensar que hay que establecer o hay que trabajar para saber qué es lo que puede un cuerpo en el lenguaje.
De alguna manera entre esas dos frases, entre esas dos ideas, está trabajando todo el libro: pienso en qué le hace la lectura a un cuerpo, qué le puede hacer la lectura de este libro, o la lectura de la poesía de Alejandra Pizarnik al psicoanálisis, que le hace a Marcelo Percia la lectura continua de textos literarios, de textos poéticos que lo instalan, como dice él, a hacer una residencia (clínica), en el poema.
El libro nos invita a volver entonces sobre algo ya escrito por el autor, la cuestión de la insumisión y de la discrepancia, al hablar de la locura como forma de “dar testimonio de un desacuerdo en uno mismo”. “Un desacuerdo en uno mismo”, no con uno mismo, en uno mismo, y en esa diferencia entre el con y el un me parece que también hay algo muy interesante: modos de situar.
Con todo, creo que el libro de Marcelo se estructura,  como él dice, entre dos cuestiones que están fuera de esto o al costado, una es una carta de A.P. no enviada a Enrique Pichón Riviére y la otra un poema de A.P. no publicado, “Sala de psicopatología”, hasta la edición de las obras del año 2000, es decir que hubo varias ediciones, supuestamente de sus obras completas, que nunca incluyeron este poema.
Podríamos jugar con Lacan y decir que toda carta llega a destino y tal vez pensar que la carta no enviada a Enrique Pichón Riviére tenía un destino en este libro de Marcelo Percia. Y también que el poema no publicado, ese poema que se llama “Sala de psicopatología”, funciona en la obra de Pizarnik como una carta no enviada, involuntariamente para ella, pero una carta no enviada que también encuentra su destinatario en Marcelo Percia.
Si él plantea a Alejandra Pizarnik como la primera analizante en castellano, yo diría que Marcelo Percia es el primer analizante del texto mantenido inédito de Alejandra Pizarnik , que instala mas que ningún otro texto de su producción, de todo lo que  hemos leído siempre, incluso de sus Diarios, esa verdad que se cree debe serle develada al que sufre.
Creo que Alejandra Pizarnik en sus textos (diarios, cartas, poemas) dijo todo lo que tenía que decir, en el sentido, (otra vez) de que “cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”, una frase que es el triunfo de la idea poética de lo que no se puede decir.(No sólo saber que la palabra y el yo están anudados por un vacío sino escribirlo en una frase que hace historia en la poesía argentina).
Pero Marcelo Percia se da el lujo que puede darse de encontrar allí, en ese plus, en ese más y en ese otra cosa una manera de aprender, de aprender de una poesía, o en la poesía, o en la letra, una manera nueva de la escucha.
Quiero leer una cita de Henri Meschonnic, de su libro La Poética como crítica del sentido: “se podría decir que un texto, en el sentido de una invención de pensamiento ( y sea lo que sea eso que uno califica como género, poema o novela, texto llamado filosófico) es eso que un cuerpo hace al lenguaje.
Y si un texto, en este sentido, es eso que un cuerpo hace al lenguaje entonces obliga a pensar, repensar eso que se llama sujeto.
(...) pero entonces, la poética es ella misma una ética en acto del lenguaje (...) ella es en un mismo movimiento, política. Una política del sujeto. De los sujetos.”
Marcelo Percia escribe que “el cuerpo falta a la palabra”. Analizando el personaje y la escritura de Alejandra Pizarnik se le ocurre esta frase, “el cuerpo falta a la palabra”. Faltar a su palabra quiere decir algo más que “que el cuerpo falta a la palabra”, pero se me ocurrió, además de ese doble sentido, que el cuerpo falta a la cita, pensando que Marcelo cita varias veces el poema “Casa de citas” de Alejandra.
En cambio Percia nunca falta a la cita, sabe lo que falta en el psicoanálisis, se propone él como aprendiz de la palabra poética para mostrar un método de lectura que sea un método de escucha: una creencia en la palabra que se cree a sí misma es necesaria para a-tender.
Yo creo que este libro sus-cita, para seguir jugando con los métodos de escrituras anteriores, y lo que suscita es una discusión, porque Marcelo plantea que él es llamado a hospedarse en la conflictividad del otro, así como dice “Alejandra se hospeda en su propia conflictividad”. Relacionado también con el cuerpo, me interesa el concepto de in-visión, que en otro momento propone para echar luz sobre algunas cosas que no están explícitas ni en la poesía de Alejandra Pizarnik ni en lo que se ha escrito sobre ella.
En general, para hablar de su poética y de su vida, se apela a la palabra lucidez y en este texto en cambio se escribe sobre la invisión, una tensión entre lo que es posible ver, cómo el sujeto puede ver-se, cómo siempre se ve, distinto de su deseo y cómo puede ser mirado por el analista. Entonces la invisión del sujeto estaría compensada por la visión que se le devolvería en la escucha.
Yo digo: todo lo que Alejandra Pizarnik dice o escribe que desea es el deseo, todo lo que dice que la hace sufrir, es el sufrimiento. Ella, creo, no prescindiría de nada.
Es decir que no se trata, solamente, de lo que el psicoanálisis podría haber hecho por Alejandra Pizarnik, no se trata de pensar en la salvación de alguien que con su escritura demostró que sabía que la escritura no salva de nada, sino de cómo las discrepancias y la insumisión pueden, deben ser leídas de otros modos. A.P. como modelo de una locura programada, programática, como si hubiera dicho: “no permitas que deje de sufrir, curame, no me cures, si no sufro no vivo, si no sufro no escribo...”
Me parece, con M.P., que se vuelve necesario incorporar nuevas formas de pensar la relación vida-poesía, que Alejandra cultivaba tanto, (a partir de su pasión por Nadja de Bretón, por ejemplo, como un nudo de sus pasiones), en la que podríamos leer esa inscripción, la de crearse universos para poder vivir en ellos, pero universos enla palabra, universos en el lenguaje, y cómo allí debería ser posible leer la pérdida de la razón como una pérdida de todo o una forma de estar perdida del Todo. Habría tal vez una pérdida de la razón en la construcción de una vida en búsqueda de una razón (poética) en la escritura.
 
M.Percia trabaja la idea de la corrección, ese procedimiento, que desde afuera de la escritura, desde lo que los Diarios y otros testimoniosaportan, ofrece la pregunta de qué más se puede pensar sobre el psicoanálisis y su relación con el lenguaje, con la palabra poética y, sobre todo, con la palabra, en este caso, que la poeta escribe sobre su escritura, en el doble movimiento de tachadura o reflexión.
Y la corrección nos lleva no solo a la obsesividad, “porque la locura es el dolor de una imperfección”, y corregir sería la ilusión de una sanación del dolor en la escritura, sino porque la felicidad de la poesía es la potencia en acto, y corregir sería obtener esa felicidad. Corregir en el sentido de encontrar esa “palabra que dice lo que dice y además más y otra cosa”.
Pero aquí se lee también la idea de corrección política, corrección social, que siempre está como sobreimpresa cuando se piensa en términos de locura, de suicidio. Y es en ese riesgo donde Marcelo Percia parece agregar alguna reflexión sobre la relación entre vida y obra y analiza: “pienso en el suicidio, coqueteo con él, como si al decirlo quisiera asustar a alguien, pero mamá está lejos y tal vez no existe”.
Podría terminar diciendo que esta frase de Alejandra, trabajada junto con otras sobre el suicidio, me devuelve a la interpretación de que aquí se propone una escucha en el análisis convocada por la ternura, esa especie de curioso cuidado por una siempre fragilidad, idea que encuentro como insistencia en todos los textos de Marcelo Percia.
Liliana Lukin

De la presentación de Alejandra Pizarnik, maestra de psicoanálisis, ensayo de Marcelo Percia, (Alción Editora, Córdoba, 2009), por Liliana Lukin.
Buenos Aires, Biblioteca Nacional Argentina, 24 de abril de 2009.

 

PENSAR EN HUDSON

En la entrega pasada de AGENDA DEL SUR hablé de uno de los dos vicios que se pueden profesar sin remordimiento cualquier domingo a la tarde, sobre todo si está nublado. Acaso el lector lo recuerde: nada resulta más gratificante, escribí, que meterse en todas y cada una de las librerías de lance de la calle Corrientes. Y hacerlo con algo de puntería, claro: también conté que semanas atrás di con “Allá lejos y hace tiempo”, de Guillermo Enrique Hudson, en edición de Peuser (los derechos de la obra habían sido adquiridos en 1935, a iniciativa del doctor Fernando Pozzo, por la Municipalidad de Quilmes, de lo que puede inferirse que la cultura alguna vez gozó de la consideración de nuestros gobernantes). Mejor sigo. Si un vicio lleva al otro, como nos advertían las abuelas, por qué no pensar que ya con el libro bajo el brazo se está en condiciones de cometer la segunda licencia del día. Hablo de entrar a un bar, pedir un cafecito y zambullirse de lleno en la lectura, ajeno al mundo y sus circunstancias, gozoso, imperturbable (excepto ante quien grite un gol de Boca a la distancia, en cuyo caso cualquier distracción momentánea estará permitida).
Pozzo, el esmeradísimo traductor de “Allá lejos….”, anuncia desde el Prólogo: “Todo mi esfuerzo se vería ampliamente recompensado si este libro llegara algún día a ser leído por todos los jóvenes argentinos, que mucho beneficio podrían obtener de él, especialmente si se contagiaran del amor a la Naturaleza que distinguió a Guillermo E. Hudson”. Han pasado setenta años y no parece que los jóvenes argentinos (ni todos, como pretendía Pozzo, ni una minoría, como se conformaría uno) estuvieran demasiado interesados en profesar alguna clase de amor por la madre natura, o en frecuentar al devaluado Hudson (bah, a Hudson o a cualquier otro escritor). Pero para no ser demasiado rigurosos con nuestros muchachos (después de todos las víctimas, no los victimarios) digamos que los que sí eran jóvenes cuando Pozzo expresaba aquellos deseos, esos que bien pudieron haber aprovechado las nutritivas lecturas de Hudson (televisión no había, Internet tampoco), ya creciditos, bien que se las arreglaron para hacer de este mundo un lugar del cual no se puede estar muy orgulloso que digamos. Palabras tales como “ecología”, “contaminación ambiental”, “preservación” o “consciencia” son sin duda muy utilizadas hoy en día, pero se las articula en contextos carentes del más elemental sentido común (eso que les sobra a los pájaros hudsonianos). Así, se las escucha en “las cumbres de las grandes naciones”, en los “protocolos” y “actas de compromiso” que todos firman y luego olvidan, en cuanta reunión haya entre presidentes de cualquiera de nuestros subdesarrollados paisuchos. Y después chau, ni a los poderosos les interesa mejorar sus industrias que contaminan el planeta, ni a nuestros funcionarios desinfectar un río que se está muriendo, ni a nosotros mismos arrancar un árbol o tirar la basura adonde se nos ocurre.
Agosto es buen mes para pensar un poco en las enseñanzas de este quilmeño ilustre: el martes 4 de agosto se cumplirán 168 años del nacimiento y el martes 18 los 87 de su muerte, acaecida en Londres, en su propia casa. “Tan incómoda y vacía que, no encontrando palabra en inglés con qué calificarla, tengo que emplear el término destartalada”, escribe su amigo Cunninghame Graham, que a renglón seguido aclara: “Lo que realmente amaba era, sin duda, los espacios abiertos y la sensación de libertad. Solamente los muy ricos o los muy pobres pueden viajar hacia donde le plazca: para ellos no existen las fronteras”. Curiosamente, Guillermo Enrique Hudson fue las dos cosas a la vez. Nosotros, y por otros motivos, pobres solamente.        

Miguel Angel Morelli

 


DESDE EL PATIO

La pared del fondo del jardín está cubierta por enredaderas, y como alguna vez dejé unas cañas apoyadas, las campanillas y la bignonia se han trepado y simulan un arbolito. Esto me permite imaginar que es un seto vivo y que mi jardín se continúa hasta mucho más allá.
Al centro y en primer plano, un jacarandá que resiste las podas que le infligen sin piedad año tras año. No alcanzo a ver el tronco, una horqueta  enmarca el techo de tejas de una casa, lejos, con una ventanita que sólo descubro de noche, cuando su habitante enciende la luz, y aunque nunca he visto ni una sombra, puedo imaginar la vida allá adentro, alguien que lee o escribe o quizá sólo mira televisión. En las puntas de las ramas peladas, copetes de hojas se hamacan con el viento. Ese jacarandá, que desde la primavera se disputan las torcazas y las urracas, mezclando arrullos y graznidos.
He visto en el jardín, los lances amorosos de las palomas. El macho, más corpulento, baila girando sobre sí mismo en círculos, arrulla continuamente y acompaña  su cuerpo con un movimiento de vaivén, de  sube y baja. A veces las palomas se adelantan a las urracas y hacen su nido desprolijo con ramitas escasas en alguna rama. Lo defienden levantando las alas como quien se encoge de hombros, castigando al enemigo de una manera casi inofensiva.
A la izquierda un ginkgo biloba que todos los otoños regala su amarillo fulgurante.  Del otro lado, el brillo plateado de un olivo que ahora está fragmentado por las ramas desnudas de la rosa china que en poco tiempo se cubrirá de hojas y me impedirá verlo.
A la derecha está el alto ciprés por el que ha ido trepando una enredadera que se llena de flores celestes en la primavera,  un jazmín del cielo tal vez, pero en invierno se seca y las ramitas que llegan casi hasta la punta, se escapan como una melena del cono oscuro, casi negro aun cuando el sol le da de lleno en las mañanas. No sé si anida allí, pero sí que lo usa como atalaya, una paloma casi tan grande como un gallo de riña que alguna vez ha bajado al jardín a comer migas o semillas. Desde el ciprés emite ese grito fuerte e insistente cuando quiere enamorar, que a muchos les resulta  triste y monótono, pero que a mí me encanta quizá porque me lleva a la infancia, a los eucaliptos de mi casa, o al monte del parque de la estancia que diseñó mi tío Hialmar, cuyos árboles hizo plantar uno a uno y que es  donde he pasado los mejores y más felices  momentos de mi vida junto a los primos a los que sigo queriendo como entonces.
Estas cosas veo y pienso en las mañanas, cada mañana, cuando con el calor del verano  o el frío del invierno, con abrigo entonces, me siento en el patio a tomar los mates de cada día.

Sonia Otamendi

 

EL TURCO
El barón Wolfgang Von Kempelen es una de las tantas figuras controversiales en la historia de los autómatas. Fue el autor de esa maravilla mecánica conocida como El Turco, un androide que jugaba al ajedrez. Lo construyó en 1769 y hasta hoy no se han acallado las voces que lo ensalzan y desacreditan con igual intensidad. Se trataba de una cabina de madera con un muñeco vestido con túnica y turbante sentado sobre la misma. El gabinete tenía puertas frontales que, abiertas, mostraban complejos mecanismos de relojería. Sin embargo hay quienes afirman que se trataba de una ilusión óptica creada por espejos y que, en realidad, en su interior se escondía un gran maestro de ajedrez que había perdido las piernas en un trágico accidente.  El Turco fue exhibido por primera vez en la corte de la emperatriz María Teresa de Austria, donde ganó todas las partidas que jugó contra los más destacados ajedrecistas de la corte. Luego realizó una serie de exhibiciones por toda Europa. En la década de 1780 ganó una partida, en París, a Benjamin Franklin. El autómata sonreía y decía algunas palabras en distintos idiomas, entre ellas jaque y jaque mate. Un buen día, en la cumbre del éxito, Von Kempelen expresó que no encontrando competidores dignos para enfrentar a su autómata dejaba de realizar exhibiciones. El Turco fue confinado a una sala en desuso del palacio de María Teresa y distintos miembros del personal de servicio han atestiguado escuchar tras la puerta cerrada de la sala la risa de El Turco y, de tanto en tanto, el ruido de las piezas al apoyarse sobre el tablero y la voz latosa del autómata cantando jaque a adversarios imaginarios.
Después de la muerte de Von Kempelen, como un fantasma mecánico que vuelve a recorrer Europa, El Turco reaparece en pequeñas ciudades, generalmente en tabernas de mala reputación, y reconstruye la suya. Finalmente el prodigio recae en las manos de Johann Maelzel (Mäzel, Mälzel, Maezel o Malzel), un oscuro mecánico de la corte de Viena que colaboró en la construcción de audífonos para Beethoven. Bajo la administración de Maezel, en 1809, El Turco vence a Napoleón Bonaparte en una memorable partida en Schönbrunn durante la campaña de la batalla de Wagram

Malzel continúa con las giras de El Turco por Francia, Inglaterra y luego Estados Unidos. Desde allí viaja a Cuba, donde se produce la muerte de William Schlumberger, un afamado maestro de ajedrez asistente en tareas de programación. Sumido en una profunda depresión Mäzel suspende las exhibiciones y se embarca de regreso a Estados Unidos. En la travesía se dedica a beber recluido en su camarote, hasta que uno de los mozos lo descubre duro como una tabla.
Después de un extenso período oxidándose en galpones aduaneros El Turco es adquirido por John Mitchell que no logra establecer con el autómata la corriente de empatía y el control inteligente que ejercieron sus anteriores propietarios. Termina donando el ingenio mecánico al Museo Peale, de Filadelfia, donde es destruido por el voraz incendio de 1854. El hijo de Mitchell edita luego una serie de libros y panfletos donde afirma que El Turco era una estafa y que una sucesión de quince grandes ajedrecistas estuvieron ocultos en su interior para dirigir al inanimado muñeco. Repite en líbelos y panfletos que El Turco nunca jugó contra Federico El Grande. No se sabe contra qué o quién polemiza el hijo de Mitchell con esta negación de algo que ningún conocedor de la historia de El Turco ha afirmado jamás.  Hay también quienes sostenemos que El Turco creado por Von Kempelen fue arrojado al Mar de Las Antillas junto al cadáver de Johann Maelzel, como si se hubiese respetado cierta  extraña unidad entre  cuerpo humano y maravilla mecánica. Para este grupo, el muñeco impávido que llegó a la aduana después de ese viaje nefasto fue sólo la copia ciega que era utilizada para programar algunas de las funciones que debía cumplir el autómata en sus diferentes partidas. Sin arribar a una conclusión definitiva debo decir que la historia de los autómatas en general, y la de El Turco en particular,  se bifurca y se pliega sobre sí misma en una textura compleja donde lo verdadero y lo falso exhiben, como en un lienzo apelotonado iluminado de través, oscuros valles y cimas luminosas.

Claudio L. Pérez

 

LO  QUE  DEJAN  LOS  MUERTOS

Y llega el día en que uno se muere, quizá de repente, durmiendo, o al final de una cena copiosa, o al final de un amor copioso, o comprando el diario, o porque un águila nos tira una tortuga en la cabeza, como dicen que le pasó a Esquilo (y no pudo ser de otro modo). Uno se muere y deja su cuerpo de regalo, un presente griego de los peores, ya que hablamos de griegos. Pero no solamente un cuerpo inane, sino todo lo demás.
Los muertos dejan papeles, ropa, libros, fotos, baterías de repuesto, sábanas sucias, tarjetas de crédito, un cuarto de pollo en la heladera, la botella empezada de vino, la Blackberry, el móvil, las llaves. Mi padre dejó muchas deudas e incontables ballenitas para el cuello de la camisa, de esas que decía que yo iba a vender en una esquina, si no dejaba de perder el tiempo. Una tía solterona de mi mujer dejó un amante desconocido hasta entonces, que exigía parte de la herencia, y un vecino mío, un francés viejo de pasado incierto, dejó, en el banco y asegurada, una copia de la partida de nacimiento de Gardel, que su viuda hizo enmarcar y colgó de la pared del líving. Otros dejan una novela inédita, como mi amigo Joaquín Lorenzi, el Nito, que murió de un infarto masivo a los cincuenta años.
No leas esto, quise decirle y no le dije a Raquelita Weiner, su mujer, cuando por fin logré, después de muchos intentos, y solamente para complacerla a ella, entrar en los archivos secretos de la computadora del Nito y encontré una novela inédita, en veinte capítulos. La novela se titulaba “Réquiem”. Debajo del título, el Nito escribió su nombre en mayúsculas. En la página siguiente había una advertencia: “Los personajes de esta novela, sus nombres, sentimientos y acciones, son imaginarios. Cualquier semejanza con seres o hechos reales es pura coincidencia.”. En la tercera página se leía una afirmación misteriosa: “Esta novela no está dedicada”. El Nito nunca me había dicho ni a mí ni a nadie que había escrito una novela, ni era escritor sino abogado, y ni siquiera leía novelas, según la misma Raquelita. Mi mujer, Blanca, me dijo que era una falta de respeto imperdonable meterme en un archivo secreto de mi mejor amigo, que ya no podía defenderse porque estaba muerto. ¿Acaso uno no tiene derecho, dijo, a escribir una novela secreta, si se le da la gana?
Raquelita Weiner leyó el texto de pe a pa. Era la historia de una relación adúltera, tema muy trillado, pero esto no lo pensó ella, que adoraba al Nito. Le pareció una gran obra literaria, digna de ser publicada, pero no nos dijo nada ni a mí ni a Blanca, quizá porque sabía que estábamos molestos por haber abierto el archivo. Consultó con su primo, una lumbrera de las letras de apellido González, que era profesor de literatura en la Universidad de Buenos Aires. No está nada mal, fue el veredicto de González, después de mirar la primera y la última página del manuscrito, porque lo que le faltaba a él era leer novelas póstumas de aficionados. Raquelita no necesitaba más. Disponía de dinero en abundancia, por las buenas cuentas que había llevado su marido para asegurarle su futuro y el de sus hijos, de modo que consiguió enseguida una editorial, de esas que publican cualquier cosa y hasta organizan presentaciones del libro.
Yo no fui a la presentación. No creo que Blanca haya ido tampoco. Para entonces los dos habíamos leído el libro y no nos hablábamos. La novela del Nito admite varias interpretaciones, pero la más obvia es que yo soy un cornudo. Es tan fácil reconocernos. Al Nito solamente le faltó poner nuestras fotografías. Blanca no pudo negarlo: había sido amante del Nito por años, en mis narices. Parecería que Raquelita leyó la novela como si fuera ficción, pero quién sabe. Quizá la publicó para castigarnos. En la novela ella no sale tan mal; yo, en cambio, además de cornudo, aparezco como un gran cretino y encima fanfarrón. Sospecho que la novela está dedicada a mí, tácitamente. El Nito sabía que solamente yo era capaz de adivinar las claves con que ocultaba sus archivos. Los muertos, ya digo, dejan toda clase de cosas.

 Graciela Reyes

 

DESDE LA BUTACA
Iraqi Short Films. Mauro Andrizzi, Argentina 2008.

Imagen de un camino en el desierto, donde se mueve un vehículo de guerra. Una voz en off glorifica a Dios en árabe. Súbitamente, el vehículo explota, levantando una nube de humo alrededor. Es ésa la primera de muchas secuencias de violencia bélica de un impacto visual como pocas veces se ha visto en cine. Es el registro del acontecimiento sin intermediarios, la realidad más pura y por ello, más escalofriante.
Desde la primera Guerra del Golfo, más tarde durante el ataque a las Torres Gemelas y en la actual guerra en Irak, se comprobó que el periodismo está muy lejos de transmitir la verdad de los campos de batalla. Una autocensura debida a diversos factores políticos y sociales filtra la información periodística, seleccionando qué puede ver el ciudadano de Occidente. Y es poco lo que nos llega de Al Jazeera, la agencia de información de los  centros árabes. Entonces, el cine se ha constituido desde hace tiempo en el mejor informador de la realidad, gracias a los documentales que se producen de manera cada vez más frecuente y con mejor calidad. Ya nos hemos referido en otro lugar al auge el documental israelí, que denuncia las políticas agresivas de ese país en los terrenos ocupados de Gaza y Cisjordania. Ahora también comprobamos en un film de ficción, Los limoneros, que la versión oficial de las políticas frente a los palestinos no es la única en Israel. Es por esto que cobra capital relevancia una película como Iraqui Short Films, realizada por un argentino y marplatense, Mauro Andrizzi, presentada en el último Bafici, y ahora en el Malba.
“Película de la era youtube” la llama la prensa, porque se trata del montaje de unos 40 breves videos documentales filmados por manos anónimas, árabes y estadounidenses, en pleno campo de batalla. En Iraq hay más de 100 bandas armadas que resisten la invasión yanqui, locales y venidas de otros países árabes, entrenadas para operaciones de espionaje, ataques sorpresa, bombardeo, operativos suicidas, etc. Estas milicias filman sus operativos como propaganda para conseguir fondos y aumentar el reclutamiento de voluntarios. Por la otra parte, Estados Unidos tiene allí 180.000 soldados y unos 100.000 civiles que actúan como fuerzas privadas de seguridad de los intereses económicos occidentales en Irak: son ejércitos menores paramilitares. Todos ellos también filman los operativos de manera extraoficial y clandestina, aunque no estén autorizados, y los suben a la web.
Esto no es Hollywood, ni la CNN: es la aproximación al acontecimiento de manera casi directa, es decir, a través de las cámaras de sus protagonistas. Ningún film yanqui con toda la parafernalia de los efectos especiales produce el shock de esta película. Andrizzi encontró en youtube esos breves documentales de gente de ambos bandos, y vio allí cómo realizar un film absolutamente veraz y contundente.
Las imágenes bélicas dialogan con citas literarias y políticas. Algunos cortos son impactantes: la filmación desde un tanque que se abre paso en una avenida llena de tránsito, los estallidos de vehículos o construcciones, o soldados occidentales armando una elaborada coreografía musical en el campamento. Sin haber filmado ninguna de las imágenes, sin haber agregado ningún comentario, con un cuidado trabajo de edición, Andrizzi ha realizado un film que pone en cuestión temas como derechos de autor, censura, colonialismo y hasta el futuro del cine.

Josefina Sartora

 

NO TE METÁS EN HONDURAS…

Mi tía Leda siempre me decía esto, pero yo nunca le hice caso, de modo que me voy a meter en Honduras por un ratito. No es un tema fácil, lo sé, pero vamos a ver qué sale.
Tengo un amigo hondureño que me hablaba de su pobre patria. Un país chiquito gobernado casi siempre por una élite corrupta con la ayuda de un ejército tan o más corrupto. Un país arrasado por las compañías bananeras, por los políticos conservadores y por la injerencia de los Estados Unidos. Un país con algunos años de democracia y muchos de dictaduras militares. Un país devastado por huracanes, como el Mitch, que en 1998 dejó más de 5000 muertos, casi la misma cantidad que dejó la llamada guerra del fútbol con El Salvador en 1969. Un país con una base militar de Estados Unidos donde se adiestraba y financiaba a los contra, o contrarrevolucionarios que participaron en la guerra contra los sandinistas en Guatemala. Un país en el que los jóvenes marginados se organizan en pandillas o maras para delinquir y siembran el espanto.
Hubo una ley anti-pandillas que trataba a los pandilleros como si fueran terroristas. Pero esta ley fue declarada inconstitucional por el gobierno de Manuel Zelaya, el depuesto presidente del partido liberal. Zelaya sostuvo que los altos niveles de violencia en su país eran de origen estructural, asociados a los bajos niveles de educación y empleo y a la pobreza extrema de la población.
A Manuel Zelaya, un hombre rico, blanco, hijo de gente rica, educado en colegio de salesianos, dedicado hace tiempo a la política y presidente de su país desde hace cuatro años, se le ocurrió inclinarse por los pobres. Aumentó en un 60 por ciento el salario mínimo de los trabajadores, provocando la desazón de compañías como Chiquita Banana, sucesora de la United Fruit Co., con sede en Cincinnati, Ohio, que tiene un tercio de las tierras cultivables en Honduras. Adhirió al ALBA y se hizo amigo de Chávez, quien le dio crédito y petróleo barato.
A Zelaya se le ocurrió ponerse en contra a casi todo su partido sólo cinco no votaron su destitución en el Congreso- y a los militares, y, a juzgar por los discursos, también a la Iglesia católica. Y con todos estos enemigos se quedó a dormir donde siempre, y allí lo fueron a buscar para llevárselo por las malas a Costa Rica. Y se armó la de dios es cristo, y quién sabe lo que va a pasar. La izquierda desconfía de los Estados Unidos, porque la historia autoriza a eso, pese a las declaraciones de buena voluntad de algunas palomas que andan esquivando a los halcones. Ningún golpe se hizo nunca en América Latina sin que Washington lo supiera previamente. Y Honduras somos todos. Los que tenemos cierta edad sabemos lo que son los golpes militares, con la suspensión de garantías, la censura, las desapariciones de personas. Los dictadores de América Latina como Somoza o Trujillo o Stroessner se eternizaron en el poder y fueron sangrientos y corruptos, dignos antecesores de Pinochet. Los que vivimos en democracia y nos damos cuenta, tenemos que hacer lo posible para que esto no se repita, no hacerles el juego a los que quieren destituir a los presidentes elegidos, aunque no estuviéramos de acuerdo con ellos.
Y seguir el consejo de Cortázar en su Historias de cronopios y de famas: no hay que dejarles un claro para que nos sacudan un picotazo. Difícil tarea, pero nadie dijo que hacer política sea fácil.

Leda Schiavo

 



LAZO DE AMOR IV

¿Le importaría a ella que  se regalen sus zapatos?
Qué podría importarle si sus zapatos negros, de buen cuero,  calados, negros, fueran desgarrados ahora por lluvia o sol, en calles maltratadas.
Desintegrados por pies una talla mayor que los suyos, lo que viviente o viva supo elegir deteniéndose apenas como para observar la fugacidad del brillo en la vidriera, tantear la posible comodidad de su calce, olvidando de inmediato que alguna vez se los pondría, sólo adquiriendo un bien material por el mero hecho de sentirse por un momento en el mundo de aquí. No el suyo. Nunca. Un centímetro de  camino en compañía de una vendedora o de un vendedor de zapatos, el ademán de ofrecérselos, la delicada manera de calzárselos. La despedida por la caja. Pagándolos. La salida al mundo provisorio. La  calle.
Dudar, temblar de remordimientos. No habría que  darlos. El cuero no obstante tiene una duración limitada. Se  puede guardar un par de zapatos, una cartera, cuidadosamente envueltos en un lugar apropiado. En un tiempo que a cada cuero incumbe, la pieza se resquebrajará, acabará deshaciéndose en las manos.
Sus zapatos aún la sobreviven y  eso es  lo que intimida. El temor de perderla nuevamente por vías propias, es decir no de ella, esta vez.
La tarde de domingo está aquí, cada vez más de su lado. El otoño ha variado sus procederes de una década a esta parte. Se ha vuelto cálido. La intemperie de mayo, hoy, permite salir al sereno sin abrigo, con apenas las prendas habituales de  la primavera o el verano.  A  penas. 

Alicia Silva Rey



FRAGMENTO

Tomados colectivamente, los pobres son inabarcables.No sólo constituyen la mayoría del planeta, sino que además están en todas partes y, de alguna manera, el más  pequeño de los acontecimientos remite a ellos. La actividad de los ricos, por consiguiente, consiste en construir muros: muros de hormigón, de vigilancia electrónica, barreras de misiles,campos minados,fronteras armadas, desinformación mediática y, por último, el muro del dinero que separa la especulación financiera de la producción. Sólo un tres por ciento de la especulación y del intercambio financiero está relacionado con la producción.
                                                                                

John Berger
de “De A para X”. Una historia en cartas.  Bs. As.Alfaguara, 2009



CÓNDOR  Y  CRONOPIO

Un cóndor cae como un rayo sobre un cronopio que pasa por Tinogasta, lo acorrala contra una pared de granito, y dice con gran petulancia, a saber:
Cóndor.- Atrévete a afirmar que no soy hermoso.
Cronopio.- Usted es el pájaro más hermoso que he visto nunca.
Cóndor.- Más todavía.
Cronopio.- Usted es más hermoso que el ave del paraíso.
Cóndor.- Atrévete a decir que no vuelo alto.
Cronopio.- Usted vuela a alturas vertiginosas, y es por completo supersónico y estratosférico.
Cóndor.- Atrévete a decir que huelo mal.
Cronopio.- Usted huele mejor que un litro entero de colonia Jean-Marie Farina.
Cóndor.- Mierda de tipo. No deja ni un claro donde  sacudirle un picotazo.


Julio Cortázar




VUELO NOCTURNO (fragmento)

Las colinas, bajo el avión, cavaban ya su surco de sombra en el oro del atardecer. Las llanuras tornábanse luminosas, pero de una luz inagotable: en este país no terminaban nunca de devolver su oro, como, acabado el invierno, no terminaban nunca de devolver su nieve.
Y el piloto Fabien, que llevaba desde el extremo sur hacia Buenos Aires el correo de la Patagonia, conocía la proximidad de la noche por las mismas señales que las aguas de un puerto: por aquella calma, por aquellas ligeras arrugas que dibujaban apenas nubes tranquilas. Penetraba en una rada inmensa y feliz.
También hubiera podido creer que en aquella calma, se daba un lento paseo, casi como un pastor. Los pastores de Patagonia van, sin prisa, de uno a otro rebaño; él iba de una a otra ciudad, era el pastor de las pequeñas ciudades. Cada dos horas encontraba alguna que se acercaba a beber a la orilla de un río o que pacía en la llanura.

Antoine de Saint Exupery




AL SECRETARIO GENERAL DE LA OEA, A LAS IGLESIAS, MOVIMIENTOS Y ORGANIZACIONES POPULARES.

Nuevamente surgen en el continente los golpes militares apoyados por el Pentágono y la CIA y los grupos de poder económico, eclesiástico y político que no quieren cambio alguno y están dispuestos a imponer nuevamente gobiernos dictatoriales en los países que intenten cambios estructurales y la conquista de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Lo estamos viviendo en la República hermana de Honduras, víctima de un golpe de Estado por las fuerzas armadas y sus aliados contra el gobierno del Presidente Manuel Zelaya, a quien detuvieron y expulsaron del país, encontrándose actualmente en Costa Rica.
El Presidente de Costa Rica, Oscar Arias asumió su responsabilidad en defensa del gobierno democrático hondureño al decir “que el golpe de Estado contra el gobierno hondureño es un gran retroceso”, y expresando su solidaridad con el pueblo hermano, reclamando la restitución de Presidente Zelaya en su función presidencial.
Rechazamos el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya y reclamamos acciones urgentes de la OEA, y de los gobiernos en el continente para respetar y restituir en sus funciones de gobierno al mandatario depuesto, sin imposición alguna. Se debe juzgar y condenar a los militares golpistas y sus cómplices. No pueden quedar en la impunidad; son criminales que atentan contra la democracia y los derechos humanos del pueblo hondureño y dañan a todos los pueblos del continente y el mundo.
Reclamamos al Presidente de los EE.UU. Barack Obama, intervenir urgentemente para que se respete al pueblo hondureño y su Presidente electo democráticamente. Que repudie el golpe de Estado llevado a cabo por las fuerzas armadas hondureñas y sus secuaces.
Es hora que el gobierno de los EE.UU. cambie su política intervencionista en el continente latinoamericano y sepa respetar la voluntad de los pueblos. Las fuerzas armadas no actúan sin el consentimiento del Pentágono y de la CIA y la complicidad de empresarios, sectores eclesiásticos y políticos que siempre usaron y abusaron del poder para dominar al pueblo.
Esos sectores antidemocráticos pretenden imponer conflictos y guerras de baja intensidad en la región para defender sus intereses y evitar la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Reclamamos a la OEA, desconocer el gobierno golpista impuesto en Honduras. Desconocer al gobierno de facto y restituir en su cargo al Presidente elegido por el pueblo, Manuel Zelaya.
Pedimos a los movimientos y organizaciones populares del continente y de otros vecinos solidarios:
Repudiar el golpe de estado en Honduras
Reclamar el restablecimiento en sus funciones del presidente Manuel Zelaya, sin condicionamiento alguno.
Reclamamos sancionar a los militares y sus cómplices; parlamentarios, magistrados, empresarios y eclesiásticos, que no pueden quedar en la impunidad.
No podemos olvidar que quedan en el continente remanentes de fuerzas armadas golpistas, impregnadas de la Doctrina de Seguridad Nacional y con añoranza de las dictaduras que, en lugar de estar al servicio del pueblo, se han transformado en tropas de ocupación de sus propios pueblos, violando los derechos democráticos y los derechos humanos.
No podemos olvidar que sectores antidemocráticos y golpistas intentaron imponer un golpe de Estado, contra el gobierno legítimo del Presidente Hugo Chávez, de la República Bolivariana de Venezuela y gracias a la acción y apoyo del pueblo venezolano y la solidaridad internacional, fue restituido al gobierno y se logró derrotar a los golpistas.
Los magistrados del Tribunal Electoral, la Corte y el Congreso, deben actuar de acuerdo a la Constitución Nacional y respetar el llamado a la consulta popular sobre la Reforma Constitucional y las decisiones democráticas del gobierno.
No pueden avalar y apoyar un golpe militar contra un gobierno constitucional, se ilegitiman por sus acciones y ponen en peligro todas las democracias en el continente, al apoyar un gobierno de facto, inmoral e ilegítimo.
Por el derecho de los pueblos a su soberanía y autodeterminación decimos:
¡¡¡¡¡¡No a los golpes militares. Basta ya!!!!!
Los pueblos son los constructores de su propia vida y de su propia historia.
                                                                 

Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nóbel de la Paz

 



                                                          
Diario de un día
Un grupo de artistas de Quilmes ( Sonia Otamedi, Hilda Paz, Claudio L. Pérez, Alicia Silva Rey y Néstor Tellechea) hemos creado el Diario de un día, publicación en papel (de distribución gratuita) y virtualwww.dud-diariodeundia.blogspot.com) de aparición y temática aleatoria.Nuestro Nº 0 fue pensado y editado como un ejercicio de memoria y reflexión sobre el tema de los desaparecidos
y los Derechos Humanos. Hemos seleccionado textos de Osvaldo Bayer, Daniel Moyano, Claudio Martyniuk, Antonio Di Benedetto, Rodolfo Walsh, Armando Tejada Gómez y Miguel Angel Bustos, que publicamos junto a notas y obras plásticas nuestras y de colaboradores. Se imprimieron 500 ejemplares en papel (formato tabloide). 350 ejemplares fueron distribuidos en la marcha del 24/03/2009. El resto se puede obtener en librerías e instituciones de Quilmes.
La propuesta es que visiten el blog y nos hagan llegar sus comentarios sobre la publicación a
diariodeundia@gmail.comClick para entrarhttp://dud-diariodeundia.blogspot.com/