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AGENDA CULTURAL
AÑO XI - N° 110
DICIEMBRE 2009
Quilmes- Argentina
Tel: 54-11-4253-7431
Dirección
Sonia Otamendi |
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La Agenda Cultural del Sur es una guía mensual en la que se consigna día a día, el hacer
cultural llevado a cabo por instituciones oficiales y privadas de la
zona sur y que cuenta además, con notas breves de escritores e
historiadores tanto locales como del resto del país, y de corresponsales
en el extranjero.
Con una tirada de tres mil ejemplares que se distribuyen en forma
gratuita en Quilmes, Bernal, Don Bosco, Wilde, Ezpeleta y Berazategui,
está en la calle los días primero de cada mes.
Se ruega citar la fuente de los textos
que se reproduzcan.
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El tiempo es el tema del artista, su aliado y su enemigo: crea para expresarlo y, asimismo, para vencerlo. El tiempo es el tema del artista, su aliado y su enemigo: crea para expresarlo y, asimismo, para vencerlo. Octavio Paz |
INOCENTES BAJO SOSPECHA
... incluso en Nueva York -y seas quien seas -hay
ciento cincuenta veces más posibilidades de ser
detenido de que te atraquen por la calle.
Josh Bazell «Burlando a la Parca» [2009]
Hace bastantes años pasé por una situación inquietante que ha regresado a mi memoria en paralelo a la lectura del libro del que procede la cita del epígrafe. No fui detenido pero faltó muy poco. Conducía tranquilo, ya estaba a menos de una manzana de la entrada al parking descubierto de la institución donde trabajaba. De repente tuve que dar un frenazo brusco: un coche me rebasó por mi derecha y se puso delante de mí. Lo normal habría sido dejar pasar el incidente. A menos de cincuenta metros tenía que doblar, y otros veinte más allá rebasaría la barra alzada del parking. Pero el conductor de la "pirula" redujo su velocidad, ignoro por qué razón, y eso me movió al desquite: aceleré, lo pasé por su izquierda y hasta pude devolverle la jugarreta colocándome delante de él a tiempo para girar y escapar hacia mi destino. Unos segundos después el conductor "rival" aparcaba junto a mí, bajaba de su vehículo y desabrochaba la cartuchera que llevaba al costado del uniforme. Tenía ante mí un policía un sargento, creo, que viajaba solo, imagino que en su coche particular camino de su acuartelamiento.
Para explicar cómo salí del impasse no tengo espacio suficiente hoy; pero lo encontraré en el futuro si, pensándolo más despacio, considero que las iniciativas que tomé "sobre la marcha" pueden servirle a cualquiera que se encuentre en una situación semejante... aunque los dictados de la improvisación sean, por naturaleza, intransferibles.
Al mismo tiempo que sin pretenderlo recuperaba esa experiencia, trabajaba intencionadamente en otra "recuperación": la del largo artículo que escribí hace 30 años después de salir, emocionado, de la representación teatral de «El Proceso». Puede que las fechas de ambas aventuras, la inquietante y la lúdica, fueran muy próximas, pero no puedo saberlo ni tampoco hace al caso.
Para destacar el eterno retorno de lo que se vive/escribe [de 2009 a 1914 entre las citas literarias] basta con atenerse al párrafo de menos de veinte palabras que abrió el libro de Kafka, «... José K., sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana.».
La irrefutable conexión de Vida y Literatura, obliga a pensar que es esta última, y no la Historia, la maestra de aquella y a la que, en consecuencia, vale la pena tomar en cuenta.
Me hubiera gustado despedir el año felicitando a los lectores con reflexiones exultantes, las que se esperan y repiten (lastradas de cierta fatiga) para la ocasión. Pero, como decimos en España, "el horno no está para bollos" y los políticos se desdicen y contradicen sin avergonzarse siquiera. Considerando lo cual (y por si en Argentina la situación no es más diáfana) aparqué los Merry Christmas! y opté por orientar mis argumentos hacia una de las demandas capitales que informan la existencia humana: la presunción de inocencia, nunca de lo contrario. Die belanglose Dinge, "las cosas irrelevantes" que provocaban la ruina de cualquiera, no son hoy las del tiempo histórico en el que Jünger lanzaba su advertencia. Eso es evidente; pero no está de más tener presente que el "retorno de los brujos" es siempre una posibilidad y una alternativa. En principio basta que la tentación totalitaria contamine y pervierta al poder ganado en las urnas. Las crisis económicas ya demostraron sobradamente cómo sirven a esa tentación.
Fernando Anguita B.
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EL LECTOR
¡Y aún es la vida! - ¡Sí, la condenación es eterna!
Un hombre que desea mutilarse está bien condenado
¿no es así? Yo me creo en el infierno, por lo tanto estoy
en él. Es el del catecismo. Soy esclavo de mi bautismo.
Padres míos, habéis hecho mi desgracia y la vuestra.
Rimbaud, Una temporada en el Infierno
La imagen del último lector es, según Piglia, la imagen de Borges con el libro casi pegado a su cara, a sus ojos que hace tiempo ya no ven. La imagen del hombre que ha devenido ciego leyendo. Ahí está el acto heroico de todo lector: renunciar al sentido de la vista (el lector es el que ya no ve), gastar el órgano, desprenderse de los ojos, cegarse. El lector es Edipo que ha roto el tabú y ya no quiere ver su acto. El lector es el hombre a-social que abandona el mundo para internarse en la oscuridad de la lectura. No hay lectura sin tinieblas. Leer es perderse en corredores que no tienen fin, que no deben tenerlo. Lector es el que se va, el que huye de las legalidades de la conciencia y se abisma en una nueva incomodidad. Porque no hay lectura en la quietud; leer es incomodarse.
Deseoso es el que huye de su madre”, afirma Lezama. Ésa es la imagen del primer lector. Soy, en principio, lo que quieren de mí. Soy el dictado. Me mojan la cabeza, me marcan. Me conducen. Me enseñan el abecedario. Y así me vuelvo un ser obediente. Pero para leer es preciso desobedecer. El que desobedece lee. Leer es un acto de fe política, un acto que nos pone al descubierto.
En la novela The reader, un adolescente se enamora de una mujer atractiva pero analfabeta (“Le gustaba que le leyeran”, recordará el protagonista años más tarde frente a una sobreviviente de las SS) en la Alemania de fines de los '50. Hanna, ¿dada su absoluta ignorancia?, había trabajado como guardia en campos de concentración nazi, para lo cual rechaza un ascenso en la empresa Siemens (cuando Michael la conoce es guarda en los tranvías). Allí, en el horror, formó sus propios círculos de lectoras, antes de enviarlas a la muerte. Con los años, aprenderá a leer y escribir en la cárcel, condenada a perpetuidad. Doblemente perdido (por enamorado y por lector), él no entiende por qué la mujer que ama (y que amará toda su vida) decide abandonarlo. Y mucho menos entenderá qué la había llevado al siniestro. La verá durante el juicio y sólo volverá a verla, ya vieja, antes de que ella decida ahorcarse en su celda.
El gran libro leído por el joven es La Odisea: “Cuéntame, oh Musa, la historia del hombre…del hombre de muchos senderos, que anduvo errante…” Él ha viajado por tierras más sinuosas e inquietantes pero igualmente seductoras: el libro, el cuerpo. La errancia del lector es la del aventurero. Como Odiseo, Michael vuelve al hogar, cansado, pero nada que haga de ahí en más podrá borrar las huellas de ese verano de locura amorosa. El lector ya no es el mismo (no lo será nunca) porque lleva sobre sí las marcas que le han dejado sus lecturas. Sus lecturas y esa mujer otra, que lo baña y lo fornica pero que antes debe escucharlo leyendo. Esa mujer, que no es una sirena porque no canta, porque les ha dejado la voz a sus lectores. Esa mujer, que hace que nos perdamos. Esa mujer, que es el texto que leemos.
Lector es el que huye de su madre, dirá el que lee.
Jorge A. Cabrera
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LA BICICLETA, UN RECORRIDO EN TRES ETAPAS
A propósito de “Elogio de la bicicleta”, de Marc Augé. (1)
Protagonista de películas: Ladrón de bicicletas (De Sica, 1948); las de Jacques Tati, Día de fiesta (1949), Mi tío (1958); Las bicicletas son para el verano (1983, Chavarri en base a la obra teatral de Fernando Fernán Gómez). También se la puede ver en la obra de Toulouse-Lautrec (Zimmerman y su máquina, una litografía). En nuestra literatura: Las doce a Bragado (cuento de La balada del álamo carolina, de Haroldo Conti, 1967): En la música: La bicicleta blanca (Horacio Ferrer y Astor Piazzolla), El Ángel de la Bicicleta (León Gieco). Y es la bicicleta la que en nuestra infancia y adolescencia nos habrá dado la primera experiencia de libre autonomía, la libertad a la que está indisolublemente ligada.
Su aprendizaje, que remite a estos años tempranos de nuestra vida, nunca se olvida. Y más, el volver a montarla puede que nos lleve a la reminiscencia de esos tiempos. La bici será, como para el enfermizo Marcel Proust fueron esas madeleines y el té: el camino a la recuperación del tiempo ido.
No habrá dudas acerca de su rol en la salud personal y en la salud ambiental. Pero aquí nos detendremos en otras dimensiones de lo personal y social, guiados por el antropólogo francés Marc Augé. Los entrecomillados pertenecen a su libro arriba citado.
Varias ciudades en el mundo están llevando adelante, y con éxito, programas de puesta a disposición de bicicletas en la vía pública, para los habitantes habituales y para los turistas: Copenhague, Amsterdam, Paris, Lyon, Barcelona. “El ciclismo devuelve a la ciudad su carácter de tierra de travesía”, (p. 18). Los itinerarios se construyen, los lugares se descubren, las calles se socializan, no son ya los lugares categorizados como turísticos los vistos: son los lugares de vida.
Augé presenta dos descubrimientos a partir de la bicicleta, el de uno mismo y de los otros. “El primer pedaleo constituye la adquisición de una nueva autonomía”,(p. 37). El territorio propio se amplía. Se tiene conciencia de las propias posibilidades, las fuerzas propias, el tiempo propio. Se está frente a una práctica nueva de la soledad. “Ese cuerpo a cuerpo conmigo mismo es una experiencia íntima: estoy haciendo el aprendizaje de mis límites y posibilidades.”, (p. 41) A la bici no se le puede hacer trampa. “El conocimiento progresivo de uno mismo que corresponde el aprendizaje de la bicicleta deja huellas inolvidables e inconscientes”. Memorias del cuerpo, recuperación de sensaciones.
Esta individuación no excluye la conciencia, el descubrimiento del otro. Podemos observar el fenómeno de los grupos que se reúnen a pedalear juntos. Vivencia de la camardería, la solidaridad. Conviven la soledad del pedalear, de la bici como extensión de nuestro propio cuerpo, con formas de sociabilidad. Una hermandad basada en el esfuerzo compartido y que no deja fuera el amor por la máquina, la bicicleta, ese vehículo que relaciona a la gente entre sí.
¿Qué ocurre si pedaleamos la libertad en bicicleta? ¿Y si la utopía de la ciudad soñada, de encuentro, de diálogo tuviera a la bicicleta como aliada, una vez más compañera nuestra?
Recuperemos el tiempo, la infancia, las fuerzas, la eternidad. Subamos, de manera renovada, y como entonces a la bicicleta nuestra. Podemos leer la propuesta y visión de Auger. Pero más importante, volver andar íntimamente por las calles, volver a su gente, a nosotros.
Carlos Córdoba
- “Elogio de la bicicleta”, de Marc Augé. Barcelona : Gedisa, 2009.
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LA AMISTAD EN LOS TIEMPOS DEL FACEBOOK.
Voy a hablar de la amistad, de la amistad entre los hombres, pero no pienso caer en la letra fría de ninguno de los diccionarios que andan dando vueltas por aquí. En todo caso, Borges y Tejada Gómez, como pasa siempre, lo harán mejor: “La amistad, que es la única pasión que no exige renunciamientos, es sin duda la más grande de las argentinas”, observó el autor de Ficciones, pensando tal vez en Fierro y Cruz, en Macedonio, en el propio Bioy. Y el enorme Tejada amonedó para siempre un axioma de aquellos: “Un amigo es la vida dos veces”.
El mundo, las cosas del mundo, cambian y se redefinen a un ritmo vertiginoso, y con él también aquellas cuestiones que uno imaginó eternas, como esta de la amistad. Cualquiera que entre a un bar podrá advertirlo: esas mesas otrora compartidas por hombres que hablaban de todo y de nada a la vez, de a poco van siendo reemplazadas por las de estos hombres solos que leen el diario, hablan por celular, trabajan en su notebook o simplemente miran cómo pasa la vida del otro lado del vidrio... Es, me explican, una de las características de estos tiempos. Bueno, a mí no me gustan estos tiempos.
También me aclaran que hoy a los amigos hay que buscarlos en otro lado. En el espacio virtual, por ejemplo. Facebook, para los que todavía no lo saben, es una red social, una herramienta que la posmodernidad han puesto en manos de la gente; aún de aquellos que, como yo, lo utilizamos sabiendo que ahí adentro somos sapos de otro pozo, los sobrevivientes de una época que nada sabía de esta forma violenta de la comunicación. El procedimiento, básicamente, consiste en “pedir amistad” a otros usuarios, y si ellos nos aceptan, pasamos a integrar una trama que va ramificándose hasta el infinito (tal vez no exista mejor ejemplo de lo que Gilles Deleuze y Félix Guattari bautizaron “rizoma”).
Marcos R. Barnatán es un escritor argentino que vive en Madrid desde el '65. Entre otros libros, es el autor de una estupenda biografía de Jorge Luis Borges que en su momento leí con deleite. Si la lectura de un libro y la admiración por su autor pueden ser la puerta a una amistad (una amistad unilateral, digámoslo así), puede decirse que soy su amigo desde aquel momento. Naturalmente, Barnatán no lo sabía, no podía saberlo, hasta que el azar me llevó a encontrarlo en el ciberespacio y a compartir este modesto rincón virtual. Hace unos días el pobre Barnatán pidió auxilio. Escribió, textualmente: “Tengo setenta y siete durmientes, amigos dormidos, como dirían los masones, o durmientes si fueran todas bellas. ¿Qué debo hacer? Por si la metáfora no es muy entendible: setenta y siete futuros, posibles, amigos virtuales a los que no conozco y que forman una nutrida lista de espera. Esperan mi aceptación, y yo sigo en la duda. ¿A ustedes les pasa lo mismo? O aceptan a todos, o rechazan a todos. Pido ayuda”. Se trataba, desde luego, más de una broma que de un pedido real, pero al fin el cometario dejó tela como para pensarlo seriamente. Estadística pura: ¿cuántos de estos setenta y siete futuros amigos podrían serle a uno de provecho, enriquecedores, y cuántos no? ¿En setenta y siete personas cuántas habrá honestas, inteligentes, sinceras, arrogantes, perversas o decididamente imbéciles? ¿Cómo puede uno recibir semejante aluvión y continuar por la vida como si tal cosa?
Otro de mis amigos virtuales, Osías Stutman, acaba de informar hoy mismo: “Me llegó un e-mail del New Oxford American Dictionary diciendo que han elegido el verbo "to unfriend" (desamigarse, que no está en la Diccionario de la Real Academia pero si en el Diccionario de Uso del Español de Maria Moliner) como la palabra del año 2009. Es el término de los usuarios de Facebook para definir las modificaciones de las listas de amigos sin tener que utilizar palabras como eliminar”.
Ah, porque me olvidaba: en los tiempos de la amistad según Facebbok, cuando a usted uno de sus contactos le resulte pesado, molesto o lo que fuere, le bastará con hacer un clic para “desamigarlo”, sacárselo de encima, borrarlo para siempre. Bien mirado, lo mismo que ahora hacemos también en la vida cotidiana, aunque nos estemos condenando a conversar solos, a chatear en silencio o simplemente a mirar con nostalgia a través de la vidriera.
Miguel Ángel Morelli
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DIBUJOS-PINTURAS DE LEANDRO MANZO
En Minetti, la obra teatral del dramaturgo y novelista austríaco Thomas Bernhard, el actor y director teatral argentino Juan Carlos Gene, personificando al actor alemán Bernhardt Minetti, arrastra en escena, en la recepción de un antiguo y deteriorado hotel de Ostende, en Bélgica, una valija que contiene viejos programas y afiches de las obras que representó y una aterradora máscara de la muerte creada para él por el pintor belga James Ensor para la obra Rey Lear, del dramaturgo inglés William Shakespeare.
Espero que la repetición de nacionalidades y naciones haya, de algún modo, molestado suficientemente al lector y, de otra forma, lo haya mal dispuesto contra el nacionalismo vacío de los rótulos, porque lo que quiero en realidad transmitir, con un énfasis difícil de lograr, de antemano inalcanzable, estilizado, colorido y seco a la vez, es un efecto de alejamiento, de toma de distancia que, sin embargo, vuelva, regrese, sea resultado de una reflexión sobre la realidad inmediata, sobre nuestro presente, sobre la época o sobre el “clima” de una época, tal como lo expone tan bellamente la obra de Manzo, con un “compromiso” (de nuevo las comillas) soterrado, velado, mediado por la estilización de las imágenes, pero en el que sin embargo se lee una crítica a la cultura, a la historia, a la sociedad.
Sí… Como en el expresionismo alemán (Carlos Córdoba dixit), una propuesta de entre guerras… Un equilibrio a punto de romperse. Luces sobre lo oscuro, lujos en una escena miserable, detalles de lo burdo. Todo planteado a través de la mediación de la belleza, de lo cuidado, de las líneas puras y colores inventados, aportados a la, a nuestra, realidad.
La sala del primer piso de la Casa de la Cultura huele, parece, sugiere, la sala de ese otrora lujoso hotel de Ostende. Como en la de aquél entraba el viento, en la de ésta se cuelan las lluvias, arremeten contra la crítica exaltada de las pinturas de Manzo, como arremete el calentamiento global contra el planeta, como ataca el veto a la ley de los glaciares una de las pocas posibilidades para la vida en la tierra, como si una Novicia extremadamente bella en su impúdica languidez, se hubiese llamado en otras muestras La Celadora, haciendo de la religión y la cárcel dos caras de una misma moneda.
Como se dice en los muelles, la fuerza del pescador es el pescado, y esa fuerza, creo, anima la obra oscura, sutil, de exquisita factura, que se llama justamente Pescador, o La Pesca, o algo así, ilegible ahora que las lluvias han borrado el cartel con su nombre, han amenazado su existencia y hecho crecer el moho sobre el paspartout que la enmarca. Fuerza que le permite resistir esas breves mareas y navegar por el mundo del arte con tanta solvencia como las otras, como este conjunto que parece componer diferentes áreas de un fresco sobre el que se imprime, mordaz, el reproche a las peores costumbres, a nuestras costumbres.
Del conjunto de la obra emanan sombríos augurios de Nietzche y de Cioran, atenuado su dramatismo por un toque de humor, la teatralidad de Alfred Jarry… quiero decir, la diatriba, el absurdo, la visión desesperanzada, un reproche enérgico a la actualidad, sobre los que, acertada, sabiamente, con el cuidado de los colores, la administración de los motivos, la atención a los fondos, Leandro Manzo rescata cierta esperanza, diciendo también que el arte, amigos, salva, corrige, endereza y aporta, en ocasiones, una lucidez necesaria.
Trampa para pájaros podría ser una obra emblemática acerca de lo que digo, un artístico alegato contra nuestra estupidez, contra el consumismo, contra nuestra cívica obediencia, contra nuestro miedo a cambiar, a ser otros, a buscar otras representaciones y otras energías, pero claro, es ante todo una pequeña lección de dibujo, un tratado sobre el color, un breviario sobre composición, de ahí su efectividad abrumadora, como la de una advertencia hecha al pasar, en la plaza de un pueblo donde nunca pasa nada.
Claudio L. Pérez
Casa de la Cultura de Quilmes, hasta el 29 de Noviembre de 16 a 20)
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NO SUBESTIMARÁS
En el diario Clarín del 18 de octubre del corriente año, se publicó una nota acerca de los anuncios hechos en la cartera educativa sobre los cambios en la escuela secundaria. En principio, sería “más flexible”, desaparecerían las sanciones, se extendería el número de faltas permitido y la cantidad de materias adeudadas para pasar de año. ¿Cuál es el objetivo, según el gobierno? Evitar la repitencia y disminuir la deserción. ¿Por qué nos mienten? Si son los propios alumnos los que piden más calidad educativa porque sienten que el secundario no les sirve para nada. Por eso abandonan.
Es una contradicción. Si la escuela secundaria ofrece menos, es menos atractiva para el alumno. El resultado de esta política “supuestamente” inclusiva, será, por lo tanto, más repitencia y más deserción. Pero, sobre todo, más analfabetismo, más ignorancia, más pérdida de oportunidades, en suma, una brecha más profunda entre los que pueden y los que no. En sí, son los resultados que busca una política de Estado que pretende mantener de rehén a los electores y así, perpetuarse en el poder.
Dejen de subestimar al prójimo. Dejen de desvalorizar la tarea educativa. Dejen de destruir la escuela pública.
¿De dónde sacaron los especialistas y dirigentes que los alumnos necesitan menos exigencia y más flexibilidad? ¿Qué realidad miraron para sustentar su propuesta? En las aulas, los alumnos demandan más contenido, más calidad, más profundización, más exigencia, porque si no, entienden que ir a la escuela es casi una pérdida de tiempo en tanto ésta no les brinda las herramientas necesarias como para enfrentar las situaciones de la vida tales como seguir estudiando, conseguir un trabajo, llevar a cabo emprendimientos independientes, poner en práctica una mejor ciudadanía en el cumplimiento de deberes y la exigencia de derechos.
Creo que los dirigentes pecaron de ingenuos al considerar que la gente en general, y los adolescentes en particular, lo son. Es muy infantil creer que menos oferta acarreará más demanda, Y, siguiendo con la metáfora económica, sigue muy instalada en la sociedad la premisa de que “lo barato, sale caro”.
¿Cómo es posible hablarle de futuro a un adolescente si lo tenemos jugando desde el jardín de infantes hasta la escuela secundaria? Así no le permitimos que madure. Con la reforma y la creación de la E.G.B. (Escuela General Básica), donde los adolescentes seguían en la escuela primaria, después de siete años, mirando carteleras donde se reciben las estaciones del año con dibujitos hechos con fideos, donde las autoridades son como una tía que siempre los apaña, se fue produciendo en las generaciones recientes un importante retraso en la maduración evolutiva y cognitiva. ¿Ahora se extiende al secundario? ¿Para eso lo convirtieron en obligatorio? ¿Para mantener a los alumnos cautivos de un sistema educativo pobre en ofertas que les asegura la posibilidad de aislarse de la realidad y dilatar la toma de responsabilidades, tanto sociales como políticas?
En una escuela secundaria como la que plantean, se va a seguir destruyendo la capacidad de pensar y de tomar decisiones de los alumnos. Se seguirá doblegando su voluntad, se seguirá anestesiándolos, se seguirá dilapidando su confianza en sí mismos.
Lo que se logra con el arremeter contra las nuevas generaciones - y la historia tiene varios y lamentables capítulos de ejemplo-, es quedarnos sin recursos humanos, sin esperanza, sin futuro.
Jéssica Priano
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LA RECURRENCIA
Se llamaba Isabella y había nacido en Johanesburgo hacía sesenta años, pero parecía mucho mayor. La conocí en un hospital de Londres. Las dos éramos pacientes de oncología y nos habíamos encontrado por casualidad, dos veces, en la sala de espera de la doctora Musgrave. Me miraba con mucha atención, hasta incomodarme. Un día, cuando la vi por tercera vez, me senté lejos de ella, medio tapada por una columna, pero me descubrió y se acercó a mí. Era frágil y cerúlea, y se movía con lentitud, como si temiera caerse. Me interpeló con una voz melodiosa y firme de barítono que nadie hubiera esperado en una mujer tan consumida. Me dijo que siempre que me veía se sentía mejor, más tranquila, que yo proyectaba mucha energía positiva. Me preguntó si yo era española y le dije que sí. Asintió, como si ya lo supiera.
Después de un silencio, viendo que yo intentaba volver a la revista que estaba leyendo, me tocó suavemente el brazo y me preguntó si tenía cáncer. Asentí con la cabeza y supongo que sonreí con la sonrisa de hospital, esa que se usa entre los pacientes y que significa, más o menos, “estoy tan jodida como tú”. Me dijo que yo no parecía enferma, que se me veía tan joven y llena de vida… Suspiró, y me contó que en los primeros meses, después de su primer diagnóstico de cáncer, ella también parecía sana y bien, como yo. Hablaba inglés con un acento refinado, algo afectado también, pero iba vestida casi tan modestamente como yo, que era una inmigrante pobre.
Cuando salí de la consulta Isabella estaba en el pasillo esperando el ascensor, y me invitó a tomar una taza de té. En el pub me dio una tarjeta suya, donde estaba su nombre y su profesión, bióloga, pero ningún otro dato. Le dije que yo me llamaba Isabel, casi como ella, y que también quería estudiar biología, cuando pudiera. Me explicó, mientras tomábamos el té, qué tipo de cáncer había tenido originalmente. Después de una operación, radiación y quimioterapia, se había curado. Tuvo una remisión de cinco años y al cumplirse el quinto año la doctora Musgrave la consideró curada. Lo había festejado con un viaje a París. Pero poco después de volver de París, habían descubierto recurrencias del cáncer en el hígado y los huesos, y ahora su estado era terminal. Yo tenía el mismo cáncer de pecho que ella tuvo al principio, y habría jurado que ella lo sabía. Me miraba como si supiera. Dijo que la vida consiste en esperar la muerte, pero que es muy distinto saber, cada minuto del día, que uno va a morir muy pronto y de un modo horrible. Me fascinaban su voz melodiosa y su cara arrugada pero todavía bonita. Fuimos a elegir unos pasteles que había en una vitrina, e Isabella me contó que era surafricana y que tenía una hija de treinta años que vivía aquí en Londres. Se llamaba Carla, casi como la mía, que se llama Carlota y tenía entonces cuatro años. Cuando nos sentamos de nuevo frente a frente, Isabella me miró con benevolencia, pero yo sentí un deseo irreprimible de salir de allí. No toqué siquiera el pastel, le dije que tenía mucha prisa y me despedí con dos besos en las mejillas, a la española. Le deseé suerte, y ella a mí.
No la vi más. Tiene que haber muerto hace tiempo, porque ya han pasado siete años desde que tomamos el té juntas. Me operaron, me quitaron el tumor, me dieron radiación y quimioterapia y tuve los cinco años de remisión total, el viaje de celebración a París, y ahora la recurrencia en el hígado y en los huesos, como Isabella, y yo también estoy esperando morirme. En la sala de espera de la doctora Musgrave hay una mujer joven que me gusta mirar. Parece caribeña, se me ocurre que se llama Elisa, o Liz, o Lisa, y que tiene una hija que lleva de nombre Carolina o Charlotte. Es una chica sonriente, muy guapa, que no creo que haya cumplido los cuarenta, y tiene luz en la mirada, como yo antes. La quiero invitar a tomar una taza de té, un día de estos.
Graciela Reyes
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DESDE LA BUTACA
Las últimas realizaciones del cine argentino en Mar del Plata
Me pregunto si es correcto hablar de Festival, o simplemente de Semana de cine. Es evidente que el Festival Internacional de Mar del Plata se está reduciendo paulatinamente a su mínima expresión. Recortado su presupuesto a la cuarta parte, el interés se ha trasladado a Ventana Sur, suerte de Mercado de Cine Latinoamericano que convoca a los más importantes distribuidores del mundo. Sin embargo, Mar del Plata resiste, y pese a la extrema modestia de sus recursos este año no declinó en su intención de mostrar buen cine internacional y de constituirse como vidriera de las últimas producciones locales.
Este no ha sido un gran año para el cine argentino, si dejamos aparte el fenómeno de El secreto de sus ojos, que ha tenido un éxito record tanto entre la crítica como en el público, coincidencia nada frecuente. Por lo demás, no ha habido grandes películas de los directores del nuevo cine argentino, la presencia en festivales internacionales, si bien continúa firme, no fue tan abrumadora como otros años, y los premios, también menores. Acorde con esa medianía, lo que se presentó en el Festival no fue excelente, excepto una rara avis: Vikingo, la película de mayor impacto en el público y la crítica.
José Campusano ya había escandalizado el ambiente el año pasado con Vil romance, y este año compitió con Vikingo, una película tan brutal como honesta, que retrata a los motociclistas black leather del conurbano bonaerense, comunidad a la cual el director pertenece. Campusano se apoya en forma permanente en contenidos, personajes y situaciones reales, con una dosis de ficción. Filma a su protagonista (real) y su grupo social de motociclistas, que operan con códigos de honor y respeto, y viven rodeados de bandas de adolescentes que carecen en absoluto de ellos, que por el paco roban y matan sin contemplaciones.
Campusano realiza un cine verité no desde la mirada del entomólogo sino con absoluto respeto por sus personajes, y al mismo tiempo denuncia el estado de emergencia social derivada de la crisis económica. Verdadero patriarca en una sociedad machista, Vikingo -un personaje maravilloso y seductor- lucha por preservar a sus hijos alejados de la violencia. Una película extrema, tan desprolija y auténtica como la realidad que registra. El cine de Campusano es lo más original y renovador que ha dado la última producción del cine argentino.
En el polo opuesto, la película de Santiago Loza, La invención de la carne, si bien muy correctamente filmada, resulta algo artificiosa, hermética y casi críptica en su historia de dos seres perdidos, en un viaje a ninguna parte, planteando la posibilidad de redención del ser humano.
Francia, la última de Adrián Caetano, resultó la decepción del Festival. Con la intención de elaborar un retrato social de la clase media aquejada por la crisis económica, dio como resultado un film errático, torpe por momentos, en que las situaciones se tornan inverosímiles. Caetano es un gran director, pero en este caso su guión le jugó en contra.
Entre estos films más relevantes, La hora de la siesta, opera prima de Sofía Mora, ganó la Competencia Latinoamericana. Un film logrado, de atmósferas, que presentó a una directora que habrá que tener muy en cuenta.
Josefina Sartora
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LOS LIBROS DEL AÑO
Una constante en las novelas actuales es la mezcla de autobiografía y ficción. El autor suele introducirse de una u otra manera en lo que cuenta, ya sea con su nombre y apellido, ya narrando acontecimientos que sabemos son de su propia vida. Por ejemplo, nuestro sabio compatriota Alberto Manguel, autor de sesudos e interesantes ensayos con los que ha logrado fama internacional, publicó este año una novela en español titulada Todos los hombres son mentirosos, en la que aparece un tal Alberto Manguel y se narran oscuros episodios de la violencia en Argentina. El libro puede leerse como una nostálgica vuelta a los orígenes, ya que Manguel vivió casi toda su vida en el extranjero y escribió mayormente en inglés.
Otra novela en gran parte autobiográfica es Demasiados héroes, de la colombiana Laura Restrepo. La autora militó en nuestro país, durante cuatro años, en la oposición a la dictadura militar; tuvo un hijo, se fue y vuelve en la novela para que esos años tengan sentido para su hijo y para reinterpretar su militancia.
El guatemalteco Rodrigo Rey Rosa se introduce en su novela El material humano, en la que cuenta el descubrimiento de un archivo de la policía donde están documentados los excesos de la represión en su país. Entre documento y documento el autor habla de su propia experiencia como narrador.
Otra novela sobre experiencias dictatoriales es la del chileno Luis Sepúlveda, cuyo título La sombra de lo que fuimos explicita el tema del desencanto generacional de los que volvieron a Chile tras la dictadura de Pinochet. El tema del desencanto de los exiliados que vuelven es una constante en la literatura chilena y sería muy interesante comparar la diferente reacción de los escritores que pasaron por experiencias similares en nuestra América.
Una novela bien contada, muy documentada y hasta cierto punto divertida es La muñeca rusa, en la que Alicia Dujovne Ortiz cuenta la historia increíble pero real de África de las Heras, una mujer española que fue espía rusa en la guerra civil española, y luego se casó con el gran
cuentista uruguayo Felisberto Hernández para colaborar con el régimen estalinista desde Montevideo. El escritor nunca se enteró de la verdadera actividad de su mujer, a la que suponía modista de alta costura, actividad con la que África disimulaba sus viajes y sus comunicaciones por radio. La mujer se encerraba con el argumento de no molestar a Felisberto con sus ruidos y tenía una antena disimulada en la azotea.
Un colaborador de Agenda del Sur, el hondureño León Leiva Gallardo, publicó su segunda novela en Tusquets, con el título La casa del cementerio. Los autores centroamericanos han logrado entrar en las grandes editoriales españolas, pero la distribución es errática y sus novelas muchas veces no llegan a nuestras librerías. Parece que los distribuidores piensan como nuestra temeraria Mirta Legrand, quien entre tantas minucias se atrevió a proponer que Honduras no le interesa a nadie.
A los que piensan que ser argentino es una desgracia los invito a leer a los grandes novelistas de Centroamérica, tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos, para que a lo mejor dejen de mirarse el ombligo. Una buena manera de aprender historia es leer novelas, así me enteré de la increíble vida del capo di tutti capi, Lucky Luciano, gracias a Memorias de una dama, del peruano Santiago Roncagliolo. El jefe de la mafia, preso en Estados Unidos, fue dejado libre porque ayudó a las tropas de ese país a tomar Sicilia durante la segunda guerra mundial. Luciano se fue a Santo Domingo donde administró casinos con la protección de Trujillo y a la Cuba, dorada para muchos, de la dictadura de Fulgencio Batista. Novela divertida, en la que también se introduce el autor, que ironiza además sobre el mundo literario.
Ya recomendé a la que considero la mejor novela del año, El viajero del siglo, de Andrés Neumann. También recomiendo a quienes les guste la historia y las aventuras El país de la canela, del colombiano William Ospina, que narra la inútil búsqueda de la canela por Francisco de Orellana, desgajado de la expedición de Gonzalo Pizarro y la hazaña, en cambio, de la primera navegación del río Amazonas hasta su desembocadura.
Y Claudia Piñeiro hace una buena policial psicológica en Las grietas de Jara. A quien le guste el melodrama bien narrado, puede leer La isla bajo el mar, de Isabel Allende, y si prefiere el melodrama muy melodramático con cierta perversidad sexual, lea -pero no lo recomiendo- a la premiada Ángela Becerra en Ella que todo lo tuvo.
Leda Schiavo
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SEGUNDA PÉRDIDA DEL REINO
Era una gruta excavada en la pared, a la entrada de la casa. Por momentos la curva de la arcada era lisa, perfecta, homogénea. No puede recordar el nombre. Altar no es la palabra. Como una sustancia que abrumara una solución sobresaturada, la denominación que algunos le daban era “entronización del Corazón de Jesús”. En todo caso era un altarcito pequeño, un hueco con una arcada, el lugar donde colocar una virgencita.
Las mañanas de invierno, oscuras, aparecía iluminado por dentro con una luz muy blanca, estridente, que dañaba la vista. Pero no había ninguna imagen, nada que representara a un santito; ni siquiera una estampa. Nicho. La palabra que Él decía era “nicho”. “Nosotros no vamos a colocar nada en ese nicho. Vino con la casa, no es nuestro. La casa no es nuestra, así que no queremos ese nicho.”
Pero estaba ahí, bastante grande en relación a la casa, profundo, esbelto, con un reborde altivo, esperando un vidrio que lo cubriera.
La inestabilidad que ahora recuerda que le provocaba, era posiblemente a causa de la palabra saturada de la mujer que…Como si buscara que el oído de uno estuviera lleno de leche tibia en la que ella pudiera sumergir sus palabras heladas.
Nichos o sitios donde sangraría el corazón. A sus anchas. Y, para los jueves santos, la crucifixión, muerte y resurrección era narrada hasta el punto de…hasta que no sólo…sino que las propias retinas descomponían sus máculas, segregaban aguas sanguinolentas de una oscuridad que, aún hoy, vemos desprenderse de las grietas de todos nuestros altares y ninguno, ninguno de nosotros, podría o desearía destituir la tristeza de esos nichos abandonados que por última vez, y para que al fin los olvidemos, menciono: ayer, ahí, nosotros, él, ella, así.
Alicia Silva Rey
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JORNADAS “CUERPOS ARGENTINOS”
maneras de representación de un cuerpo en los lenguajes de la palabra y de la imagen
Unas Jornadas son siempre el espacio para concentrar un conocimiento. Con estas Jornadas, se quiere dar a conocer, desde el Area de Crítica del Arte del IUNA, un abanico de miradas teóricas y artísticas sobre el cuerpo: las reflexiones y la obra de artistas y escritores, expuestas a la comunidad educativa, a la comunidad curiosa, interesada en cuestiones que definen su cultura entendida como conjunto de problemas. Insistencia de una obsesión: cuerpos públicos, cuerpos privados, desaparecidos, exhibidos, sanos, enfermos, femeninos, masculinos, jóvenes, viejos, cuerpo social.
Sin duda la de los Cuerpos es una idea que nos convoca a todos.
Desde 2007 artistas e intelectuales dibujaron una erótica, una poética, una ética: la filosofía, el psicoanálisis, la semiótica, la literatura, la fotografía, la pintura, el teatro, la danza, el videoarte, el cine, la gráfica publicitaria, construirán un cuerpo de pensamiento bajo la coordinación de Liliana Lukin
El 6 de Noviembre estuvieron:
Juan Doffo: Fuegos argentinos
Homenaje a Inda Ledesma, Iris Scaccheri y Alberto Ure, conmaterial de archivo,
documental de Pablo Tesoriere, testimonio de Andrea Servera y Cristina Banegas.
León Rozitchner: Cuerpos de palabras
Luis O. Tedesco: Sede de eso que llaman alma
Y el 4 de diciembre estarán:
Carlos Chernov: La composición del relato
Miguel Mirra: Movimiento de Documentalistas
35 años de "El Sr.Galíndez", de Tato Pavlovsky
María C. Perosino: Equipo Argentino de Antropología Forense
Presentación de las Jornadas
Dar lugar a una experiencia: reunir, en un gesto obsesivo, abarcador y entusiasta, voces e imágenes que parecen dispersas, ajenas a nosotros, a veces, por pertenecer a universos cerrados de conocimiento y transmisión, o que desaparecen en el magma del espacio colectivo, apenas resplandecen y se guardan hasta otra vez, regidas por las leyes de la oportunidad o del llamado mercado de la cultura.
Dar lugar a una comprobación: sobre un objeto, un tema, una idea, otros hacen trabajos que provocan nuestro deseo de reflexión, de creación, de acción, y no sabíamos de ello.
Otros publican libros, exponen, leen, investigan sobre nuestras mismas pasiones, construyen teorías para pensar, y siempre las desconocemos en parte, y muchas veces porque no nos es brindado: las redes, la trama de los saberes y los espacios que los alojan no son secretos, son cognoscibles, pero sólo se revelan ante una búsqueda rigurosa. El azar rige ficcionalmente esas conexiones, pero la causalidad, que aparece visible en convocatorias como la que presentamos, esa relación pertinente y necesaria entre los lenguajes y sus actores, (todos ellos, los invitados, singulares en su excelencia), el hecho de que se den a la mirada y la escucha en un espacio común y con un propósito de conocimiento, es el resultado de pasiones compartidas que terminan por revelarse, o empiezan a unirse, ante la insistencia, una determinación de la voluntad, un sostenido deseo de no soltar el hilo.
Es posible multiplicar la escena: cada presentación permite armar un corpus de argentinos que trabajan sobre los cuerpos argentinos, un corpus que dice que antes, detrás, hay fundaciones, como los estudios sobre alimentación y sobre la gráfica publicitaria de productos para el cuerpo, cuerpos de papel, que le dan marco a estos encuentros, y cada presentación, en la diversidad de disciplinas y lenguajes que se garantiza, esperamos inaugure y prometa más : esa es la dirección única de un esfuerzo que deseamos ininterrumpido, provocador y público.
Liliana Lukin
INFORMES
Área Transdepartamental de Crítica de Artes
Yatay 843 - 4861-0324
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“PICASSO: el cuerpo a cuerpo con la pintura"
Fragmento
[...] Las semejanzas entre Picasso y Lope de Vega son tantas y de tal modo patentes que apenas si es necesario detenerse en ellas. La más visible es la relación entre la variada vida erótica de los dos artistas y sus obras. Casi todas ellas, novelas o cuadros, esculturas o poemas están marcadas o, más exactamente: tatuadas, por sus pasiones. Pero la correspondencia entre sus vidas y sus obras no es simple ni directa. Ninguno de los dos concibió al arte como confesión sentimental. Aunque la raíz de sus creaciones fue pasional, la elaboración fue siempre artística. Triunfo de la forma o, más bien, transfiguración de la experiencia vital de la forma: sus cuadros y poemas no son testimonios de sus vidas sino sorprendentes invenciones. Estos dos artistas arrebatados fueron siempre fieles al principio cardinal de todas las artes: la obra es una composición. Otra semejanza; la abundancia y la variedad de las obras. Fecundidad pasmosa, inagotable e incontable. Por más que se afanen los eruditos, ¿llegaremos a saber cuántos sonetos, romances y comedias escribió Lope, cuántos cuadros pintó Picasso, cuántos dibujos dejó y cuántas esculturas y objetos insólitos? En los dos la abundancia fue maestría. En los momentos débiles, esa maestría era mera habilidad; en otros, los mejores, se confundía con la más feliz inspiración. El tiempo es el tema del artista, su aliado y su enemigo: crea para expresarlo y, asimismo, para vencerlo. La abundancia es un recurso contra el tiempo y, también, un riesgo: hay muchas obras de Lope y de Picasso fallidas por la prisa y la facilidad. Otra, sin embargo, gracias a esa misma facilidad, poseen la perfección más rara: la de los objetos y seres sobrenaturales. La de la hormiga y la gota de agua.
En la vida pública los dos artistas encontraron la misma desconcertante fusión entre extravagancia y facilidad. La agitación de la vida privada de Lope y su nomadismo sentimental contrasta con su aceptación de los valores sociales y su docilidad frente a los grandes de este mundo. Picasso tuvo más suerte: la sociedad en que le tocó nacer ha sido mucho más libre que la de la España del siglo XVII. Pero soy injusto al atribuir la independencia de Picasso a la suerte: fue intransigente y leal consigo mismo y con la pintura. Nunca quiso agradar al público con su arte. Tampoco fue el instrumento de las maquinaciones de las galerías y los mercaderes. En esto fue ejemplar, sobre todo ahora que vemos a tantos artistas y escritores correr con la lengua de fuera tras la fama, el éxito y el dinero. Dos lepras y una sola degradación: la sumisión a los dogmas ideológicos y la prostitución ante el mercado. El partido o el bestsellerismo y la galería. [...]
Octavio Paz
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