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CREY
EN LA EDUCACIN
Miguel
ngel Morelli
ACERCA
DE KOSOVO
Carlos Costantini
LA
POST LECTURA
Claudio Mangifesta
COMUNICAR Y COMUNICARSE
Sonia Otamendi
fab4V+
CREY
EN LA EDUCACIN
Quien
desee conocer cmo fue la relacin de los argentinos con sus prohombres a lo
largo de prcticamente dos siglos, no busque la respuesta en los libros de
historia sino, ms bien, en el testimonio de los artistas. As encontrar en
las memorias de Torre Nilson, por ejemplo, el testimonio de cunto debi
padecer a la hora de llevar al cine su "El Santo de la Espada" (que, en
vista de los obstculos que le fueron expuestos, bastante bien le sali).
"San Martn no podra estar vestido de otra forma que no fuera la de un
general -cuenta el director-, y por eso deb hacerlo entrar a conocer a su
hija con charreteras y todo". Los
que tenemos algunos aos sabemos de qu est hablando. Enormes,
ciclpeos, marmolados, nuestros hroes del Billiken jams se parecan a un
ser humano comn y corriente: mucho tiempo me llev comprender que mi propio
padre, an con sus errores y aciertos tena mucho ms que ver con aquel espritu
libertario de un Moreno que con un rebelde a la violeta. As,
en este reparto de virtudes, al pobre Belgrano le toc la abnegacin, la
moderacin, el segundo plano. Quiso ser un hombre de dictmenes y sentencias y
termin arrasado por la violencia de un continente brutal; el buen burgus que
acab revolucionando. Hoy sabemos que no fue as. Belgrano era, ante todo, un esclarecido. Alguien que asuma el papel que le reservaba la Historia, y que lo haca totalmente
convencido. Si vacil, no fue por pobreza de espritu, sino ms bien por
inteligencia. Y si acab miserable y olvidad, fue porque al destino le agradan
esas paradojas para sus mejores hijos. Poco
importa que nos haya legado la bandera (de no haber sido l, hubiera sido
otro). S importa que haya fundado bibliotecas, escuelas, academias (es este
rubro, queda claro, no fueron tantos los bien dispuestos). Crey en la educacin
y en el rol fundamental que le corresponda al Estado como generados de
bienestar y conciencia. Ser por eso que no queran que lo descubrisemos del
todo.
Miguel
ngel Morelli
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ACERCA
DE KOSOVO
Un
alma vale tanto como un reino. De esta vieja sntesis deriva todo lo dems: el fin no justifica los medios,
vale ms salvar a cien culpables que condenar un inocente. As se armaron las
democracias y las instituciones buenas, occidentales y cristianas, por ms
que el viejo perimido Marx haya metido pa y pensado que todo no era ms que
un envoltorio ideolgico al servicio de la burguesa. Alguna
mscara cay ms de una vez, y hoy, como en las Cruzadas y la Conquista, el
partido del bien, en la creencia de que monopoliza la moral, no duda en arrasar
un pas para destituir un tirano cruel. La guerra televisiva y distante,
efectuada desde ms de 5000 metros de altura, donde no se ven los ojos de las vctimas
y donde el que dispara casi no arriesga, provoca en dos meses tanto o ms vctimas
que el tirano en una dcada: exacerba hasta el lmite la limpieza tnica,
por cuyo final se intervino, multiplicando los muertos y exiliados; los
errores colaterales destruyen escuelas, hospitales, embajadas, y hasta
campamentos y crceles donde se hacinan los refugiados por cuya salvacin se
la libra. En otra paradoja menos cruel, se aprueban fondos por decenas de
millones para destruir un pas y ayudas por otras decenas de millones para
reconstruirlo.
Todo
esto a espaldas del organismo creado para arreglar las diferencias y mantener la
paz: las Naciones Unidas, que han quedado de hecho inutilizadas. No puede menos
que pensarse en la sombra siniestra del trfico de armas, economa de escala
superior quiz a la de la droga, y ambas probablemente las ms poderosas del
mundo. Ante este golpe militar globalizado, como acierta Abel Posse a definirlo,
y puesto que el sufrimiento sin medida excede largamente a Kosovo, y se
multiplica en cada regin de Yugoslavia, y renueva el terror en Europa, cmo
no sospechar que los buenos muchachos Clinton y Blair estn sirviendo,
quiz sin saberlo y por una mecnica ciega, a los oscuros, annimos
mercaderes de la muerte.
Difciles,
inexplicables contradicciones. A pesar de todo, es bueno seguir creyendo que un
alma sola sigue valiendo un reino.
Carlos Costantini
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LA
POST LECTURA
-Todo
eso hay que leer?- me dispar uno de mis alumnos de la Escuela de Bellas Artes
cuando les alcanc un artculo (pedido por ellos), que no alcanzaba a las 20 pginas.
Al da siguiente, en otro grupo, (esta vez de profesionales que estn
recibiendo formacin psicoanaltica) y en otro lugar, Buenos Aires, tambin
alguien se despach con la misma pregunta ante igual cantidad de pginas a
leer, a lo que resueltamente me encontr interrogndoles cunto tiempo
dedicaban a la lectura.
Por
supuesto, la pregunta iba ms all de las dificultades que se nos imponen por
el ritmo que imprimen la vida vertiginosa y los cambios culturales y sociales
que implican. Como era de esperar, la pregunta inicial deriv en otras. Cmo
se lee hoy?, pregunt. Yo le por arriba me contest uno. Yo
tambin por arriba- contest otro. Respond rpidamente desde el chiste:
se lee desde el avin. Alguien del grupo despus de rer complet:
-Si, yo tambin le a vuelo de pjaro.
Y
la lectura lenta y meditada? y la lectura entre lneas y profunda? y el
placer de leer? nos preguntamos- dnde ha quedado?. Por supuesto estamos
abusando de generalizar un poco, pero no se crea, lector, que demasiado. En
efecto, no slo parece que se lee perdindose (y no perdidamente) como se
navega y se pierde uno en Internet, sino que pareciera que se ha perdido el
valor del silencio y de la escucha, condiciones esenciales para toda lectura que
no se pretenda ingenua; porque leer verdaderamente es ya comenzar a escribir (an
sin la pluma en la mano). Borges lo saba cuando deca que l, antes que un
gran escritor, haba sido un gran lector.
Lecturas
light? Lecturas zapping?
Claudio Mangifesta
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COMUNICAR Y COMUNICARSE
La
comunicacin, esa palabra que omos tantas veces al da, en referencia a
diferentes cosas. Comunicar es transmitir, pero se puede transmitir sin tener
receptor. Para que la comunicacin se cumpla, para comunicarse con otro,
entonces debemos ante todo, saber escuchar. Escuchar y ser escuchado. No es una
receta infalible, pero nos da ms posibilidades. Y aqu no hay otro tema. Hace
muchos aos, apareci en la televisin un dibujo animado que se llam
Hijitus. Era original, era nuestro, a los chicos les gustaba. El malo, el
Profesor Neurus, finalmente era vencido por el hroe, Hijitus. Creo que el nico
personaje nefasto fue el pobre y bueno de Larguirucho, esto en lo que hace al
idioma. Su frase era: bla ms fuerte que no te escucho. No slo los
chicos la repetan, los grandes tambin. Y fue quedando. Or (audire) y
escuchar (auscultare), son dos cosas diferentes. Si le dicen no te oigo,
uno trata de hablar en voz ms alta, porque or, entiendo, es percibir el
sonido; en cambio si le dicen no te escucho, uno puede interpretar que al
otro no le interesa lo que uno est diciendo, porque escuchar es or con
atencin, es prestar atencin a lo que dice el otro. Claro que uno igual
entiende, y estamos de acuerdo en que el lenguaje cambia, de lo contrario seguiramos
hablando como Don Quijote. Lstima que en general estos cambios son para
empobrecerlo. No creo que sea cierto que todo tiempo pasado fue mejor, pero
convengamos en que algunas reglas de educacin, las elementales, contribuan a
una mejor comunicacin. Claro que a veces se era demasiado rgido: los nios
se ven pero no se oyen. Ni tanto ni tan poco. A los nios hay que escucharlos,
no slo orlos. Tienen mucho para decirnos, tienen una visin original de las
cosas. Podemos aprender de ellos. Pero ensemosles con el ejemplo que cuando
otro habla no se debe interrumpir, que no se debe levantar la voz para tapar al
otro, que no se deben mantener conversaciones cruzadas. Intentemos todos aprender a escuchar que es un buen comienzo para la comunicacin.
Sonia Otamendi
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