a PORTADA

<Nº 72

Mayo 2006 — Nº 73

N° 74>


BELLAS ARTES
Miguel Angel Morelli

ABRIL, EL MES MÁS CRUEL
Graciela Reyes

SOBRE LA AUTORIDAD
Roberto Enrique Rocca

DE LA ESENCIA
Fernando Anguita B.

¿IRÁN?
Claudio L. Pérez

CINE — recomendados
Cintia Alviti

LA ÚNICA
Sofía Montes Aulaga

OTROS
John Berger

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BELLAS ARTES

Hace seis años los profesores Lidia Castellini y Daniel Salvanescki tuvieron la magnífica idea de escribir un libro dedicado a recoger en sus páginas el quehacer de una de las instituciones más prestigiosas de nuestro partido. Su título: "Apuntes para una historia de la Morel" (como todos sabemos, "la Morel" es el nombre familiar con el que los quilmeños se refieren a su Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Morel, EMBA). Tuve el inmenso honor de ser el editor de ese libro. Y al no haber nacido en Quilmes, y por ende desconocer buena parte de su historia, de la lectura aprendí que la Morel ha ocupado desde su fundación misma un lugar preponderante en el desarrollo de las artes del país. Por sus aulas desfilaron, a lo largo de sus casi 65 años de vida, notables profesores que con su empeño y dedicación ayudaron a formar tanto a otros profesores no menos notables como a muchos de nuestros más admirados artistas.

Pero la que por su prestigio académico tendría que ser, junto con la Universidad Nacional de Quilmes, la nave insignia del desarrollo cultural del distrito, vive en un permanente estado de conflicto. Situación que no es nueva, desde luego, pero que con la actual gestión municipal se ha agudizado a tal punto que hoy por hoy está en juego lisa y llanamente su futuro.
Ya los distintos medios incluidos los nacionales se hicieron eco del panorama: aumentos que no son reconocidos, estatutos que se modifican entre gallos y medianoche, movilización de la comunidad educativa hacia Plaza de Mayo, etc. Pero por encima de estas cuestiones coyunturales, resulta a todas luces evidente que lo que vuelve endémica la crisis es una mera cuestión de estrategias culturales. O, para mejor decir, la falta de ellas, porque los funcionarios de turno, limitados a administrar pero no a gestionar políticas a largo plazo, no alcanzan a advertir para qué sirve la Escuela. Para ellos se trata de un gasto inútil, una erogación sin ton ni son (en este sentido se expresaba, días atrás, el editorial de un diario local que hoy opera casi como vocero oficial).
Para decirlo de otro modo: atrapados por las urgencias electorales, por carreras que requieren resultados inmediatos, a ningún político le interesan los resultados que requieran del paso del tiempo, que es precisamente cómo devuelve la educación cuanto se haya "invertido" en ella. Por lo demás, dos centenares de profesores y algo más de tres mil estudiantes cuestionadores e indisciplinados a la hora de votar, resultan mucho menos atractivos por ejemplo que una hinchada de fútbol (pensamos: mientras se reiteran los políticos metidos a dirigir instituciones deportivas, ¡¡no se sabe de ninguno que aspire a conducir un colegio!!). Y, para colmo de males, da la sensación de que los funciones jamás entenderán que no son los dueños del municipio, sino apenas nuestros circunstanciales empleados.

Miguel Angel Morelli

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ABRIL, EL MES MÁS CRUEL

Hasta la gente más desgraciada sonríe cuando un día de abril, después de seis meses de invierno, atravesando el umbral misterioso de unos días envueltos en un vaho azulado, llega la primavera, llega tardía y triunfal, con sol, cielo azul y aire suave, y florecen concertadamente los ciruelos y los almendros, y se abren de golpe los tulipanes y los ojitos dorados de los junquillos. En este día feliz, en este primer día de primavera, tomamos el ómnibus a media mañana. El ómnibus va por el bulevar La Salle desde Eugenie, donde vivimos, hasta el centro. Sentados del lado derecho, hubiéramos visto casas hermosas y jardines, y por las ventanas lámparas y bibliotecas. Pero preferimos sentarnos a la izquierda, para ir junto a los canteros que hay en el medio de la calle, llenos de tulipanes, y para ver mejor los rascacielos que se amontonan en la orilla del lago. También podremos ver el lago Michigan, en el fondo de las bocacalles, el lago inmenso que nos rodea, agua estriada de turquesa y de malva en el día brillante. La que maneja el ómnibus es una mujer pequeñita que hoy sonríe también. Parece muy pequeña para este ómnibus enorme, con dos partes articuladas. Sentada en los primeros asientos, en diagonal a nosotros, hay una señora antigua y dulce, vestida con un abrigo muy claro, que lleva un sombrero de paja de ala ancha, y en el sombrero, un ramito de flores de seda, blancas y verdes. En Burton sube un chico con ojos reidores, y en Chestnut una anciana conectada a un tanque de oxígeno muy grande, que parece transportar sin esfuerzo, y que charla y se ríe con la conductora antes de elegir un asiento frente a la señora del sombrero de paja. A nosotros nadie nos mira.

Cada cuadra tiene un arreglo diferente de tulipanes en el cantero central. Son amarillos y anaranjados, con un fondo de flores azules, bajas, o bien son rosados y blancos, o bien son todos blancos rodeados de verde espeso, o bien son color lila y color celeste, o bien veteados de rojo y veteados de amarillo, o veteados de azul y blancos lisos. La gente sonríe por la calle, es algo lindo de mirar. Las chicas muestran la cintura desnuda, son chicas hermosas, esbeltas y firmes. En Erie, cruzan la calle dos jóvenes gauchos con bombachas, botas y pañuelo anudado al cuello: son empleados de los restaurantes brasileños donde se ofrece asado a la leña. Nada es incongruente en el bulevar La Salle, paralelo a la costa pero tranquilo y ajeno al movimiento de las calles comerciales. En Ontario sube una mujer que tiene el pelo recién lavado y se pone a trabajar con unos papeles. Del otro lado del pasillo, un joven está metido en su ipod, los ojos entrecerrados. Antes de llegar al río, un señor mayor que me recuerda a mi padre, alto y ágil, de traje y corbata, se baja por la puerta delantera. Lleva un portafolio. Detrás de él baja una chica con un bebé de ojos grandes, azulísimos, como dos flores abiertas.

Nosotros no nos agitamos. El río transcurre como un espejo móvil bajo el puente de hierro. Ya estamos en el centro de Chicago. Se ven los techos luminosos de los pabellones de música de Millennium Park. En una esquina hay un puesto de ajedrez rápido: cinco juegos comenzados, uno al lado del otro, y un cartel que dice "Elija a su contrincante. Juegue y siga". Un hombre juega, de pie, no hay asientos.
Nos bajamos en Madison. En las esquinas tocan jazz estrepitosamente. Lo hacen también en pleno invierno, cuando hay diez o quince grados bajo cero. Pero qué dicha es la música hoy, bajo este sol que llena de colores los edificios de cristal, reflejados uno en el otro.
La puerta de entrada tiene dos leones de piedra a los costados, el ascensor es antiguo, de hierro. Aquí adentro todavía hace frío, tenemos frío. Va a ser rápido: quince, veinte minutos. En el rellano del ascensor, en el piso 14, hay una gran ventana. Antes de tocar el timbre, miramos el cielo. Es liso y profundo, sin una sola nube.

Graciela Reyes

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SOBRE LA AUTORIDAD

Un hermano de mi abuela, que era juez en los tribunales de La Plata, tenía un huerto de frutales en su casa de fin de semana. Le robaban la fruta y lo comentó una vez con el Jefe de Policía.

—No se preocupe, doctor — dijo el funcionario — le pondré un agente de guardia y asunto concluido.
Y fue que una mañana nuestro hombre estaba paseando por el huerto, cuando desde la copa de un árbol le llega un ruido de ramas agitándose.

—¿Quién anda ahí? — grita severo.
—¡Lautoridá! — responde desde arriba el vigilante.

El protagonista de la anécdota estaba en falta, ciertamente venial, pero era, más allá del papelón, un hombre consciente de su investidura. Hoy hay muchos ejemplos de autoritarismo, pero muy pocos de ejercicio consciente y justo de la autoridad. Casi nadie confía ni en los dirigentes ni en los jueces y hay una peligrosa tendencia a violar las leyes, a reclamar por la fuerza y a hacer justicia por mano propia. Aunque ya soy bastante viejo no tengo aquello de creer que todo tiempo pasado fue mejor y pienso que en muchas cosas estamos mejor que antes, pero no me cabe duda de que el principio de autoridad está en crisis.

"¿Qué sapa, Señor?" se preguntaba Discepolín ante el desmadre, pidiendo al cielo una respuesta. Creo que no le faltaba razón, porque si perdemos la noción de algo superior, de algún tipo de jerarquía, todo pierde el sostén. En otros tiempos, la autoridad del rey procedía de Dios y nadie la discutía.

Con el tiempo, los pueblos fueron tomando conciencia de la dignidad de cada uno y la autoridad divina estaba en todo el pueblo y la ejercían los representantes elegidos por ese pueblo. Con la Revolución Francesa los hombres se hicieron cargo de la responsabilidad de mandar, y eso era posible porque, junto a la Libertad, estaban los imperativos de la Igualdad y la Fraternidad. Los principios democráticos, la vigencia implícita del Contrato Social, tenían su lugar indiscutido en el mundo de los ideales. No es que los hombres fueran mucho mejores que los de hoy, pero el que se portaba mal sabía que se estaba portando mal y aunque eludieran el castigo, sabía que lo merecían. ¡Cómo se vino abajo todo esto!
¿Cómo se vino abajo todo esto? Supongo que hay muchas razones. Desde mi perspectiva profesional aparece en primer plano la crisis de la autoridad de los padres. Hoy todos dudan: ¿cómo prohibir a mi hijo lo que otros padres permiten?, ¿cómo decirle que cuando sea más grande comprenderá lo que ahora todavía no comprende?

Pero esta crisis abarca todos los campos: los maestros no enseñan, los gobernantes, en lugar de liderar el proyecto de todos, ejercen la demagogia con el apoyo científico de las encuestas; los medios, dependientes del "rating", renuncian a su papel informativo y educativo; la justicia no funciona; la policía no ordena, etcétera, etcétera...
Parece que las modas, la presión del consumismo, la idealización de la fuerza juvenil en detrimento de la experiencia de la edad madura, la aceleración de los tiempos, todo nos empuja para adelante y nos impide mirar atrás, desautoriza las tradiciones y la historia, igualándonos a todos para abajo.

Bien entendió el poeta del tango que la vigencia de una auténtica jerarquización social, era la única morada protectora que podía salvar al hombre de la ley de la selva: "...y es que el hombre anda sin cueva, / volteó la casa vieja / antes de construir la nueva.../ creyó que era cuestión / de alzarse y nada más, / romper lo consagrao, / matar lo que adoró, / no vio que a su pesar / no estaba preparao / y él solo se enredó / al saltar."
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Roberto Enrique Rocca

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DE LA ESENCIA

Un filósofo español al disertar sobre lo inagotable y externa que la sustancia es en su verdad decía que, cantando sus múltiples nombres, el poeta soporta y celebra un poder divino. Santayana era ese filósofo; sus palabras no vanagloriaban el "oficio" de poeta, que también ejercía, sólo apuraban hasta el límite la aproximación a la esencia, hasta el inexpresable entender de la sustancia. En ese mismo apurar pienso que se extasían, o dicho de modo gráfico, "flotan" todos los poetas. En la otra orilla, asentados en la modesta prosa, quienes leyendo los versos de alguno de ellos, famoso o desconocido, sentimos por un instante un sobresalto, como una punzada de luz, habremos de felicitarnos por nuestra suerte. Porque alguien, ¿un dios menor, una sinapsis descolocada, una torsión impropia en la espiral de nuestro ADN?, nos regaló un chispazo de la esencia a la que otro humano, tensado en sobrehumano esfuerzo, logró acercarse hasta tocarla.

Me sucedió hace mucho, enfrascado en la interminable tarea de aprender alemán. Imagino que si hubiera dedicado más tiempo a leer poesía me habría sucedido más veces. Lo cuento aquí porque la densidad de tránsito de poetas en estas increíbles páginas es muy superior a lo normal y, por tanto, la empatía que pueda suscitar es más probable o abundante que el rechazo.

LIBRO DE HORAS Me sucedió, digo, leyendo a Rilke: «Das Stunden Buch», [El Libro de Horas], el regalo que un hijo me trajo del mismo Berlín. Haré la historia corta.
El "chispazo" lo provocó, casi nada más comenzar, la cuarta estrofa del primer libro. Así fue como entendí sus cuatro versos:

Mi vida fluye en anillos concéntricos / que ondulan sobre las cosas. / Consumar el último quizás no lo consiga / pero voy a intentarlo.

Tiempo después tropecé con una traducción literal, pero los círculos crecientes no me "decían" lo mismo. En su versión original, los versos se habían depositado en mi memoria como el agua que fluye, otro eco literario-poético, y su sustancia me acompañaba desde entonces, había trascendido toda presunta literalidad. Rainer María, ese poeta que leyenda y realidad murió al clavarse la espina de una rosa, había saltado la barrera idiomática, la dificultad sobreañadida: el ganador olímpico de los cien metros libres duplicaba su triunfo en los cien metros vallas. Al pisar la línea de meta él había tocado la esencia. Entre los espectadores un yo, inexistente en la fecha del evento, tuvo la fortuna de compartirlo varias décadas después... así dio significado a sucesos hasta entonces ininteligibles y encontró el sentido de lo indecible, de otras latencias inexpresables.
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Jorge Ruiz de Santayana y Borrás (1863-1952), filósofo y poeta nacido en Madrid.
Estudió en Harvard y Berlín. Enseñó en Harvard y en Oxford.
Toda su obra está en inglés; firmada como George Santayana y fundamentada
en la distinción platónica entre existencia y esencia.

La estrofa de Rilke es:
Ich lebe mein Leben in wachsenden Ringen,
die sie sich über die Dinge ziehn.
Ich werde den letzten vielleicht nicht vollbringen
aber versuchen will ich ihn.


El poeta era leucémico; cualquier pinchazo pudo infectársele causándole la muerte.

Fernando Anguita B.

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¿IRÁN?

"En los próximos 20 años "América" sufrirá una importante crisis energética", dijo Spencer Abraham, Secretario de Energía de Estados Unidos, en marzo de 2001. "Si no pudiéramos sobreponernos a este desafío, quedaría amenazada la prosperidad económica de la nación, se comprometería nuestra seguridad nacional y literalmente se alteraría la forma en que llevamos nuestra vida". Algunos meses antes de la llegada de George W. Bush a la presidencia de EE. UU. su país experimentó la más grave crisis energética de las últimas décadas, con insuficiencia de abastecimiento de petróleo en distintas zonas y apagones programados en California. Más del 50% del petróleo que consume EE. UU. es importado, sus reservas son de 22.000 Millones de barriles de petróleo.

La respuesta de Bush ante la crisis es contundente, primitiva. Primero fue Irak (reservas comprobadas de 115.000 M. de barriles) y ahora amenaza abalanzarse sobre Irán (reservas de 96.400 M. de barriles). Dados los hechos me parece lícito suponer que cuando Arabia Saudita (265.000 M. de barriles de reservas) deje de seguir sus dictados, las limusinas de algunos jeques árabes volarán por los aires impactadas por misiles arrojados desde la seguridad que imponen kilómetros de distancia, por supuesto con víctimas civiles colaterales no deseadas (miles de seres humanos). La excusa para masacrar iraquíes fueron las armas químicas que las tropas de ocupación nunca encontraron. En el caso de Irán el tema pasa por la presunta posibilidad de que el programa nuclear iraní pueda ocultar fines bélicos. Como la mente criminal del George W. Bush, privada ahora del alcohol, no aloja la posibilidad de creación de una sola metáfora, en el caso de Irán planea estrenar en el ataque armas nucleares de baja intensidad (Ojo por ojo y...).

Me aterran el primitivismo y la violencia atávica con los que EE.UU. resuelve sus problemas energéticos. Y por lejanos y distintos que sean los pueblos arrasados, o por arrasar, y sus culturas, no puedo dejar de pensar en la enorme injusticia que subyace en que un recurso natural se convierta paradójicamente en una condena a muerte.Tal vez algún día, cuando los niveles de contaminación en EE.UU. sean insoportables para la vida (EE. UU. no ha firmado los protocolos de Kyoto que limitan las emisiones de gases contaminantes o destructores de la capa de ozono), algún presidente tan pragmático como Bush decida que es hora de adueñarse del acuífero guaraní, o de las grandes extensiones de aire limpio y tierra virgen de nuestro país y pasemos a ser tan terroristas como los pueblos que ahora diezma.
Pero aún cuando no tuviéramos recurso alguno que pueda resultarles de interés, estas guerras de rapiña y los muertos sin razón deberían provocarnos una reacción que excediera las palabras. En esto también la dictadura militar nos educó para el olvido, para hacer de tripas corazón y seguir mirando para otro lado mientras a nuestro alrededor, cerca o lejos, la suerte de los más débiles se juega a cara cruz en la bolsa de Nueva York.

Claudio L. Pérez

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CINE - recomendados

Esta cuarta película de Caetano trata sobre una historia real escrita por su propio protagonista, Claudio Tamburrini, un arquero de Almagro, que en 1977 es trasladado por equivocación al centro clandestino de detención de la mansión Seré, en Morón.
Crónica de una fuga presenta una mirada diferente sobre este período tan penoso de la Argentina, ya que no cuenta una historia de tortura ni muestra escenas de ese tipo, sino que al contrario, su esencia es narrar una historia de esperanza y libertad donde cuatro detenidos logran fugarse tras cuatro meses de cautiverio.
El elenco es inmejorable: Rodrigo de la Serna (Claudio) en una labor prolija, trasmite la desesperación de su personaje por tratar de comprender su situación y poder hacer algo para cambiarla. Pablo Echarri (Huguito) consigue con esta actuación, el punto más alto hasta hoy en su carrera fílmica. Casi irreconocible desde lo interno y externo, hace que el espectador vea en él solo a Huguito y se olvide por completo del actor. Casero, Delgado y Marmorato brindan actuaciones sin altibajos y a la altura de las circunstancias. Una excelente película, que realiza un quiebre en todas las historias contadas de la época de la dictadura militar. Una inversión bien hecha en la boletería del cine.
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Crónica de una fuga
Argentina- Dirección: Adrián Caetano-
Elenco: Rodrigo de la Serna, Pablo Echarri, Nazareno Casero, Lautaro Delgado, Matías Marmorato.

Cintia Alviti

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LA ÚNICA

Mirame bien. Quizá recuerdes algún rasgo. O me reconozcas por la voz. Vos siempre tuviste mucho oído. Después de todo no ha pasado tanto tiempo. ¿Qué son cuarenta años? Quizá si te digo que soy la única persona que te defendió siempre, la única que no te guardó rencor, la que siempre te quiso. Y te sigo queriendo. Por eso vine. Lo sé todo de vos, de entonces a ahora, y sé, sobre todas las cosas, que nunca quisiste sufrir. Sí, soy yo, y no vas a sufrir, te lo aseguro.

Lo encontraron con un balazo certero en el corazón y una expresión de asombro en los ojos abiertos. No había signos de sufrimiento. La boca esbozaba una sonrisa.

Sofía Montes Aulaga

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TEXTOS de OTROS


NINGÚN PRODUCTO ES EN NINGUNA SOCIEDAD
EL RESULTADO DEL ESFUERZO DE UNA
SOLA PERSONA

John Berger

 

A los alumnos y docentes de la EMBA Carlos Morel, artistas de hoy,
que están resignificando con su lucha el sentido de la enseñanza del Arte en Quilmes.

Una página en blanco de un cuaderno de dibujo es una página vacía. Hagamos una marca en ella y los bordes de la página dejarán de ser simplemente el lugar por el que se cortó el papel; se habrán convertido en los límites de un microcosmos. Hagamos dos marcas con diferente grado de presión en el papel, y la blancura dejará de ser blancura para convertirse en un espacio tridimensional opaco, que puede hacerse menos opaco y más transparente con cada nueva marca. Ese microcosmos contiene la potencialidad de todas las proporciones que hayas percibido o sentido. Ese espacio contiene la potencialidad de todas las formas, los planos inclinados, los huecos, los puntos de contacto, o los pasajes de separación que hayas visto o tocado. Y no se para ahí. Pues tras hacer unas marcas más, habrá aire, habrá presión y, por consiguiente, masa y peso. Y esta extensión se llenará entonces con la potencialidad de todos los grados de dureza, de maleabilidad, de movimiento, de actividad o pasividad en los que hayas hundido la cabeza o contra los que hayas golpeado. Y de entre todas estas potencialidades, has de elegir, en unos minutos, como la naturaleza a lo largo de milenios, las que corresponden a fin de crear un tobillo, o una axila con el pectoral hundiéndose en ella como un torrente subterráneo, o la trama de un árbol [...]

[...] Todos esos artistas eran militantes hasta el punto de estar dispuestos a morir por lo que creían. Delacroix creía en lo que él denominaba "la belleza"; Cézanne en su petite sensation; Van Gogh, en su "humanidad, humanidad y más humanidad". Lucharon por sus diferentes visiones, y la mayor parte de su energía militante se centró en resolver las dificultades de hacer realidad su visión, en encontrar las formas visuales que convirtieran sus corazonadas en hechos. Todas esa visiones distintas, sin embargo, se derivaban de un mismo tipo de convicción; todos ellos sabían que la vida podía ser más rica, más justa, más verdadera de lo que era [...]

[...] Todo buen arte está destinado al Hombre y, por consiguiente, a nosotros. La única división que debemos hacer es entre buen arte y mal arte. Juzgar entre lo bueno y lo malo es una tarea muy difícil, pero nosotros estamos mucho mejor preparados para hacerlo que la burguesía, pues nos hemos aprendido mejor las lecciones de la historia, incluyendo la historia del arte [...]

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Todo delSUR

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