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AGENDA CULTURAL
AÑO XI - N° 109
NOVIENBRE 2009
Quilmes- Argentina
Tel: 54-11-4253-7431
Dirección
Sonia Otamendi |
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La Agenda Cultural del Sur es una guía mensual en la que se consigna día a día, el hacer
cultural llevado a cabo por instituciones oficiales y privadas de la
zona sur y que cuenta además, con notas breves de escritores e
historiadores tanto locales como del resto del país, y de corresponsales
en el extranjero.
Con una tirada de tres mil ejemplares que se distribuyen en forma
gratuita en Quilmes, Bernal, Don Bosco, Wilde, Ezpeleta y Berazategui,
está en la calle los días primero de cada mes.
Se ruega citar la fuente de los textos
que se reproduzcan.
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La pintura se aprende en los museos.
Pierre-Auguste Renoir |
ATAJOS
Si alguien me hubiera pedido traducir "short cuts" a bote pronto, sin echar mano del diccionario, habría respondido sin dudarlo "atajos". Pero no fue ese ciertamente, sino "Vidas cruzadas", el título que le pusieron a la versión española de la película que filmó el norteamericano Robert Altman en 1993. Probablemente los entendidos en cine se referirían en este caso al "trienio" de Altman, conformado por los tres años que tienen el 93 en el centro. Es entonces cuando compone las tres películas más cercanas y consistentes con su visión del mundo (de la sociedad hollywoodense). A Short Cuts la precedió The player [El juego de Hollywood] y la siguió Prêt-à-porter, que liquidó los acentos y mantuvo el título en las carteleras españolas. Ignoro si en las argentinas sucedió lo mismo.
Estamos, estuvimos por esas fechas, ante un desarrollo "esponjoso", como alguien lo llamó, de episodios enlazados e interpenetrados, no siempre con lógica o acierto según los críticos desfavorables. A lo que responden los incondicionales de Altman diciendo que ahí reside su mayor virtud: en presentar las defectuosas e incompletas interrelaciones sociales tal cual son, inacabadas de ordinario, impredecibles, y desgraciadas las más de las veces.
En el fondo, atajos e intersecciones o cruces (no solo espaciales sino temporales), trayectos o puntos en los que nos encontramos unos con otros a diario, resumen la misma idea. Véase si no la otra película «Vidas cruzadas» que filmó el español Luis Marquina en 1942 (respetando el título de la obra de Jacinto Benavente). En ella dos "amores" se cruzan, como dos caminos en un punto, pero no se reconocen y vuelven a separarse. Esa trama, universal y repetida ad nauseam, podría integrarse en cualquiera de los libros de relatos de Raymond Carver si, por supuesto, estilo, extensión y "tempo" literario fueran acordes. Ha quedado, medio siglo después, el calco de un título al traducirlo.
Es muy probable que el lector se haya anticipado a la conexión Altman vs. Carver, o viceversa, tal como se produjo en realidad. A estas alturas he de reconocer que llegué al escritor a partir del director. Sucede a menudo: hoy más aún con la presencia impuesta por la televisión y las copias de películas en DVD. No es esa una contingencia rechazable. Si un director de cine, o un productor, se ha empeñado (muchas veces literalmente) en llevar a la pantalla la obra de un escritor es que, como mínimo, ese escritor es lo bastante bueno para trascender el texto en imágenes. En el "caso" de Carver la filmación estaba cantada. Si no hubiera sido Altman, otro director cualquiera habría encontrado su modo de ensamblar el pastiche. Y no es malintencionado el vocablo que empleo. Si el lector recuerda la mezcolanza de la decena de relatos que a lo largo de tres horas cruzan la pantalla, y logra después restituirlos uno por uno a los cuatro libros (compendios) originales, habrá disuelto (no resuelto) el pastiche, es decir, habrá retrocedido al "origen" de la operación que, según las propias palabras del director, le llevó años de conversaciones con Tess Gallager, la poetisa viuda de Carver.
Por último, para poder responder a qué viene escribir sobre películas/libros tan antiguos, hay que volver a ver la película; es decir, hacerse con el DVD. Fase necesaria para comprobar que –salvados los inevitables "tics" made in USA– seres humanos del primer mundo siguen comportamientos igual de patéticos, si no peores, que los de las muestras prototípicas imaginadas/vividas por el escritor y después reelaboradas por el director.
Si la hipótesis suena derrotista, ésa es la intención: hay productos fílmicos reveladores de deterioros latentes, a tiempo todavía de ponerles remedio. «Short cuts» fue y sigue siendo uno de esos productos.
Fernando Anguita B.
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ARGUMENTOS 5
Llegó carta de Piglia. ¿Cuándo llegó? Creo que ayer o anteayer. ¿Y por qué no me dijiste? Me olvidé, creo. ¡Me olvidé! Llega carta de Ricardo y no me avisás. ¿La abriste? No, no toco la correspondencia ajena. ¡No toco la correspondencia ajena! Bárbaro. ¿Y dónde está, si se puede saber? No sé. ¡Cómo que no sabés! No sé. ¿No sabés dónde la pusiste? Yo no la puse en ningún lado. En algún lado tiene que estar. Pero yo no lo sé. ¿Y qué sabés? Que llegó carta de Piglia, de Ricardo, como decís vos. ¡Se llama Ricardo!, no lo digo yo. Bueno, parece que fueran amigos. No somos amigos, fue mi profesor. Ah. ¿No leíste nada de él? No. ¿No leíste Respiración artificial? No. ¿El último lector? No. ¿La ciudad ausente? No. En La ciudad ausente se postula la existencia de una máquina de escribir novelas, inventada por Macedonio Fernández. Junior, el protagonista, se la pasa de un lado para otro siguiendo los relatos de la máquina. Necesita la voz de una mujer, ¿me entendés?, porque a él lo abandonaron su esposa y su hija. Entiendo; anda buscando la voz de la madre. ¿Ahora interpretás? Bueno, decía. Sí, mal no está, porque al final habla la máquina, la voz de Elena, sola en su museo. Elena, Elena Obietta, soy yo, soy Macedonio. Patético. Paródico: parodiar a Borges que parodia la literatura sentimental. ¿Estaba muerta esa tipa, no? ¿Quién, Beatriz? No, Elena. Sí, sí, la muerte de Elena lo mató a Macedonio; pero volvamos a la carta. ¿Qué carta? La carta ausente, la que me perdiste. Yo no la perdí. ¿Y qué hiciste? Nada, yo sólo sé que llegó. ¿Y dónde está? No sé. ¡No sé! ¡No sé! Voy a dar vuelta la casa. ¿No tendrías que llamar a la policía? ¡No! Pero vos sos un poeta. También pienso, también tengo razonamiento. No la vas a encontrar, lo que se pierde no se recupera. Si se puede recuperar el tiempo perdido, cómo no se va a recuperar una carta… Lo que quiero decir es que lo que se pierde, se pierde y listo, no más. Yo la voy a encontrar. Si la encontrás, no está perdida, está extraviada. Decí lo que quieras, no se trata de hablar, se trata de hacer. ¿Y qué vas a hacer? Voy a buscar. ¿Dónde? En tu habitación. ¿En mi habitación? Sí. Quizás te la robaste. ¿Para qué quiero una carta de Piglia? No sé, lo que sé es que voy a buscar. ¿Dónde? Primero examinaré los muebles. Sí, ¿después? Abriré todos los cajones. Sí, ¿después? Después tomaré las sillas. Sí, ¿después? Examinaré los almohadones. ¿Después? Desarmaré la mesa. ¿Por qué? A veces la persona que desea ocultar un objeto, levanta una de las tablas de la mesa, hace una cavidad en lo alto de la pata, deposita adentro el objeto y repone la tabla. Ah, ¿y eso cómo lo sabés? Lo leí. Ah, ¿y después? Y después ¿qué? ¿Qué vas a hacer? Voy a seguir buscando. ¿Dónde? Voy a examinar los travesaños de cada silla y todas las junturas. ¿Con qué? Con un poderoso microscopio. Supongo que vas a registrar cada espejo, entre el cristal y el marco. Sí. Y la cama. Sí. Y la ropa de cama. Sí. Y también las cortinas. Sí. Y la alfombra. Sí. Qué bien. ¿Y vos cómo lo sabés? Lo leí. ¿También leés? De vez en cuando… No habrás leído la carta… ¿Qué carta? ¡La que estoy buscando! No, ¿de quién es? De Piglia. ¿Es tuya o de Piglia? Bueno, me la mandó él. ¿Una carta es del que la manda o del que la recibe? No sé. ¿No sabés? No, además yo no la recibí. Sí, claro, la recibí yo. ¡Y la perdiste! ¿No la perdiste vos? ¡Basta, basta de palabrerío inútil! Pensé que querías razonar. Lo que quiero es encontrar la conchuda carta. Pensé que para encontrarla tenías que pensar. Sí, pero con vos no puedo; en lugar de decir boludeces por qué no me ayudás a buscarla. Sí vos me lo pedís… Sí, te lo pido. Bueno, registrá todos los papeles y todos los volúmenes de la biblioteca. Sí. Hoja por hoja cada libro. Si. El espesor de cada encuadernación. Sí. Después el empapelado de las paredes. Sí. Y si fuera necesario, el sótano. Y si fuera necesario el sótano, sí. No, eso es de otro cuento. ¿Sí?
Huy, mirá. ¿Qué? La carta. ¿Dónde estaba? Acá, sobre tu escritorio. Buen argumento.
Jorge A. Cabrera
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MUSEOS: UNA NOCHE DE LAS MIL Y UNA NOCHES… TODOS LOS DÍAS
La humanidad supo crear instituciones para guardar, preservar y compartir… su memoria, su historia, su arte… lo pensado, lo creado. Uno de esos artefactos prodigiosos es el museo. Uno y múltiple, allí nuestra mínima biografía hecha de días, de un lugar y una cultura, se encuentra con un mundo de tiempos, regiones y culturas. Allí se puede llegar a una forma de conciencia del lugar propio en el cosmos, en la historia… y del tesoro que encierra la herencia humana (que en este caso no es el ADN) recibida de generación en generación… acrecentada cada vez. Allí están las huellas… del dinosaurio, del artista… de la historia. Visibles, abarcables a través de los sentidos, dimensionables… a partir de esto, concreto, todo el juego de pensamiento conceptual, abstracto.
Hay una didáctica del museo… habría una transposición didáctica de conocimientos en la exposición. Una selección de contenidos: textos, imágenes, objetos, voces… el ambiente todo. La familiaridad con esta institución nos permite conocer su lenguaje, en qué sentido se realiza el recorrido… es decir la dirección de la lectura, como en un texto.
Nacer al mundo del museo es como una sobrevida, como la que se alcanza con la literatura… pero esa es otra historia.
Hay algo de la experiencia humana que perderemos si no aceptamos la invitación que los museos nos ponen en nuestro camino… porque hay un museo cerca, sin duda. Esta invitación ahora toma la forma de la esperada Noche de los Museos el 14 de noviembre que se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires y al mismo tiempo en otras ciudades del país. Y en el mundo son 130 las grandes ciudades que han tomado esta idea que iniciara la ciudad de Berlín. En la edición del año pasado participaron 450.000 personas. Y cada año participan más… es que en estos lugares amigables se cultiva el arte de dibujar vínculos y acrecentarlos. Son 149 espacios preparados para recibirnos con un abrazo… lo tangible (edificio, personal, colección…) y lo sutil que está en el ambiente. Demasiado para una noche ¿no? Pero estemos allí esta noche, y una tarde, alguna mañana… Los museos nos precisan, como visitantes, como amigos (incluso cuentan con solidarias asociaciones de amigos). Quizás en algún momento descubramos que nosotros también los precisamos.
Los museos muestran otras formas de ser y estar en la sociedad. La expresión “extensión cultural” dice poco, aunque preci-samente de eso se trate.
El Museo de Arte Moderno (con su sede en construcción) y su ciclo de cine Arte en movimiento (Cine sobre arte)
El museo de Arte Hispanoamericano I. Fernández Blanco y su concierto diario, a partir del horario de cierre… además tiene su propia compañía de música barroca “La Capilla del Sol”
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), con su propuesta de cine arte ¡incluso con estrenos!; su área de literatura con charlas, seminarios y la edición de la revista “El hilo de Ariadna”.
Museos de ambiente evocador
Museo y Parque Guillermo E. Hudson (Florencio Varela)
Museo Nacional de Arte Decorativo
Museo-Casa de Yrurtia (Belgrano)
Museo de Arte Español Enrique Larreta (Belgrano)
Museo que en su arquitectura comparte la estética/ordenamiento de los cuadros exhibidos
Museo Xul Solar
Museo de ejemplar transposición didáctica
Museo de La Plata
Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia
Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti
Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco
Carlos Córdoba
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EL TIEMPO UNO, DE LILIANA GUARAGNO
El Tiempo Uno se titula el último libro de la escritora Liliana Guaragno, que acaba de publicar la editorial Leviatán y será presentado en nuestro medio el viernes 13 de este mes en el auditorio del Colegio de Abogados, Alvear 414, Quilmes.
Tras un muy interesante prólogo que lleva la firma de Roberto Raschella, la obra se presenta dividida en dos partes: la primera, que le da título e incluye treinta y seis poemas brevísimos, y una segunda que contiene sólo doce y a la que la autora ha titulado Plegaria.
La parte inicial constituye una selección en clave poética de los apuntes de viaje que Guaragno tomó en oportunidad de su visita, en el año 2003, a la península itálica. Se trata, como ya quedó dicho, de poemas muy breves, algunos trazados en forma casi de boceto, pero que sin embargo condensan una gran intensidad. Lugares, paisajes, museos, cuadros famosos (casi siempre sugeridos, lo mismo que sus autores) y escenas cotidianas son revisitados en este El tiempo uno que constituye, desde lo simbólico, un tiempo de iniciación y de reencuentro para Guaragno. Una poesía, en fin, de enorme lirismo, finamente cincelada (“La muerte no nos promete nada / y hay que escribir / para que el asesino brille / en la letra”).
La segunda parte, escrita en 2006, se abre con una significativo acápite de Hugo Mujica: “El hueco que cada muerte deja / la playa que cada muerto cava”. Ahora la autora, en una operación diametralmente opuesta a la anterior, se repliega en sí misma porque el texto le impone un clima de absoluta desnudez. Por eso sus poemas se vuelven tan íntimos como oscuros (“no hay vino / en la mesa / Pienso / Sentada / a la diestra / de mi muerto”), confesionales (“El tiempo / que me queda / es tiempo de rodillas), dolorosamente descarnados (“extraña / como si fuera extraño / estar viva”). La destrucción, la caída, la muerte acechan a lo largo de todo el poemario (“Ni cama de hospital / ni grajea / alivió las punzadas de tu vientre. / Ni una voz amante / acunó tu cabeza / en delirio”). Y también dos cuestiones que jamás son enunciadas, pero que sobrevuelan el texto significándolo, amenazantes: la locura como alternativa para huir de la realidad y la soledad como único destino manifiesto (“Como un perro / sobre veredas rotas / … / No hay plegaria / que alcance”).
Liliana Guaragno es profesora de Letras por la UBA y se dedicó a la docencia y la investigación. Hasta aquí había publicado los libros de cuentos La mujer del sombrero rojo, Final del día y Baldío, el poemario Los vientos amarillos y la novela Itinerario de una insensata.
Migue Ángel Morelli
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TARDARÁ MUCHO TIEMPO EN NACER, SI ES QUE NACE
La veo sentada, embozada en su poncho, y es la imagen -que yo tengo al menos- de la Pachamama.
Como la Pachamama protege , cobija, da esperanza.
Amplia es la llanura, y generosa. Los ojos la abarcan hasta donde se une con el cielo en el horizonte redondo. Regala, además de los alimentos, pequeñas sorpresas: un macachín, la sombra de los montes en el calor del verano, una aguada imprevista, el azul de los cardos. Sobre todo, el color: los matices de la llanura son infinitos.
No puedo, no quiero hablar en pasado. Quiero hablar de la voz. Su voz. Me pregunto qué resonancias íntimas, totalmente desconocidas, inidentificables para mí, mueve su voz. Ante el primer sonido siempre sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas, algo en el pecho, como si se me ensanchara, una sensación igual a la que me sobreviene ante la vista de la llanura.
Recién hoy, ahora mientras escribía, he asociado esa sensación, su voz y la llanura, digo. Y casi no importa qué es lo que cante (aunque siempre ha sido importante lo que cantaba), porque pone en su voz todo el significado, porque las palabras están cargadas del dolor o la alegría o las verdades que dice. Es por eso que conmueve.
Siempre están rondando por mi memoria fragmentos de poemas, y cuando oigo esa voz única, inabarcable, inmediata y casi automáticamente me vienen a la memoria aquellos versos de Lorca, del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías: “tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace…”
Pasarán seguramente muchos años hasta que ese milagro se repita.
Y ahora se ha muerto, pero sin duda seguirá cantando.
Como la cigarra.
Sonia Otamendi
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SUEÑOS A CUERDA Y ENGRANAJE
En la historia de los autómatas el período que va desde 1800 a 1850 se conoce como la época de los magos mecánicos. Toda la primera mitad del siglo XIX estuvo signada por el auge de la magia y el ilusionismo, y sus cultores fueron a la vez grandes creadores de autómatas y otras maravillas a cuerda y engranaje.
Jean Eugéne Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, relojero, mecánico, prestidigitador, ilusionista e inventor, nació en Blois el 6 de diciembre de 1805 y murió cerca de allí el 13 de junio de 1871. Casi todos los grandes trucos de la magia actual devienen de sus descubrimientos, pero fue además un gran automatista que presentaba sus creaciones en el Teatro de las Noches Fantásticas, en el Palais Royal.
Creo que no llegaremos nunca a develar los grandes secretos de Robert-Houdin, y menos aún las motivaciones profundas que lo llevaron a la creación de sus afamados autómatas falsificados, porque como en un juego de cajas chinas, como una pátina de sombra que él mismo se encargara de aplicar a su genialidad, Robert-Houdin no empleaba en sus exhibiciones a los verdaderos autómatas mecánicos que había creado sino que los reemplazaba por autómatas falsificados que funcionaban, en lugar de animados por los complejos mecanismos usuales, movidos por hilos invisibles para el público o por un ser humano escondido dentro de los muñecos o bajo las mesas que los sostenían. ¿Engaño? ¿Patraña? Bajo ningún concepto: misterio, cifrado mensaje que se inscribe, como tantos, en la compleja historia de los autómatas y su relación con los seres humanos. ¿Por qué no pensar que protegía a sus engendros mecánicos de la perturbadora influencia del aplauso?
En la gran exposición de 1844 Robert-Houdin obtiene la medalla de plata por su autómata escritor y dibujante que contestaba con frases o dibujos esquemáticos las preguntas del público. Hay, con este androide de Robert-Houdin, un ensañamiento de Chapuis y Gellis en su libro El Mundo de los Autómatas. Afirman que los dibujos del autómata de Robert-Houdin (Cupido, perro, cabeza de monarca) son los mismos que ejecutaba el dibujante de Jaquet-Droz y su segunda copia adquirida por Henri Maillardet. Lamentablemente estas acusaciones ya nunca podrán ser ratificadas o rectificadas porque el androide escritor y dibujante de Robert-Houdin pereció durante el gran incendio de 1865 en Nueva York cuando fueron destruidas las colecciones del Gran Barnum más inclinado a acrecentar su fortuna que a proteger las maravillas de la mecánica que adquirió en los rincones más impensados de Europa.
Pero nadie se ha atrevido hasta nuestros días a poner en duda la genialidad del Garde-Francaise de Robert-Houdin. Se trataba de un autómata comandado por pedales, de pie sobre una mesa móvil, que vestido como un guardia portaba un mosquete. No bien comenzaba el número saludaba al auditorio con gentiles reverencias, le pasaba el mosquete a Robert-Houdin para que lo cargara y enviaba con la mano derecha algunos besos a los niños ubicados en las primeras filas. El autómata a través de un ayudante solicitaba a las damas presentes tres o cuatro anillos y un guante blanco que, a modo de proyectiles eran cargados por la boca del mosquete. A una petición de su partenaire el Garde-Francaise apuntaba el mosquete hacia una columna de vidrio erguida en otra mesa a unos tres o cuatro metros de distancia y luego disparaba estruendosamente. Las luces de la sala titilaban amenazando apagarse entre el griterío y el humo denso y el olor acre de la pólvora que, al disiparse, dejaba ver en el extremo superior de la columna de vidrio el guante blanco intacto con los anillos colocados en sus dedos.
El Pastelero del Palais Royal, El Naranjo Fantástico, La Lección de Canto y Antonio Diavolo el Volatinero del Trapecio son otras grandes creaciones de Robert-Houdin. En La Lección de Canto una mujer enseña a cantar a un pájaro sostenido en una rama. La mujer da cuerda a una caja de música cuyos acordes debe imitar el pájaro. Lo interrumpe cuando el ave pierde el ritmo o el tono y lo insta a volver a comenzar. Quiero detenerme aquí con Robert-Houdin, porque también en este último engendro mecánico reseñado me parece intuir algo referido al velado mensaje que nuestro genio pretende difundir: una mujer se vale de un instrumento mecánico para enseñar canto a un pájaro. Hay aquí, al igual que en los autómatas falsificados, una metáfora fuerte sobre la relación de las máquinas con la humanidad, una metáfora ambigua, oscura, compleja.
Claudio L. Pérez
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EL ADIÓS
Yo la amaba, susurró Pessoa.
Con un amor ridículo, replicó Álvaro de Campos.
Si, claro, es posible, susurró Pessoa, pero ¿Y tú?
¿Yo?, dijo Campos. Yo, bueno, a mí me queda la ironía.
Antonio Tabucchi, Los últimos tres días de Fernando Pessoa.
Tendré que volver al pasado y sentada con la espalda contra alguna pared tibia de sol yo sola siempre sola voy a empezar todo de nuevo recordando día por día y las sonatas y los paseos por el parque y tu piel dorada y tu pene que tenía el fervor del mar y por momentos me asustaba y riéndome y escondiéndome en tu cuello te pedía una tregua y a veces me la dabas y a veces no me la dabas
tendré que recobrar tu silencio
otra vez saturarme de tu silencio y flotar feliz y comprendida en el espacio nuestro en que no había palabras ni errores
cuando no estés voy a vivir cortada voy a caminar con una pierna voy a respirar con la mitad de mi laringe voy a tener un solo pecho de amazona guerrera y derrotada y mis palabras tendrán la mitad de su sentido y mis ojos verán mal el mundo porque no te verán pero allí donde todo es más cierto voy a ser grande fuerte hermosa voy a ser siempre tu casa y tu voz voy a ser a la vez una locuela que va dando saltos por la calle tomada de tu brazo y la mujer ya vieja que no duerme por mirarte dormir
cada uno es lo que es y lo que otros nos han hecho yo soy todo lo que soy y hasta lo que no quiero ser pero quedo tu amante aunque te vayas
y por eso no te digo adiós.
Graciela Reyes
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CAMINO A DAMASCO
a Armando Sercovich
Cayó muy enfermo, y en la lenta como aparente recuperación que vino después, le tocó vivir una experiencia hasta ese momento impensada.
Los días de hospital habían sido idénticos y aislados de casi toda vivencia, a no ser por el sistemático e impersonal auxilio de enfermeras y médicos.
Una vez obtenida el alta, se encontró nuevamente en su solitaria existencia de viudo. Recién al tercer día se permitió -al borde del tedio- encender el aparato de televisión. Dio en la medianía de un filme cualquiera, pero de inmediato, automáticamente, tal vez por distracción, se deshizo de su inherente condición de espectador supeditado, y descubrió moviéndose en la luminosidad de la pantalla- a esos autómatas planos repitiendo fantasmales acciones, que en su origen, no son ciertas sino imaginadas desde una aparente en que la mecánica creadora se desprende de su noción inmediata para poder ejercer y dar. Pero aún más, fuera ya de ese cálculo de la invención y de la farsa, incurrió en es otra farsa de siempre o desde mucho, en que too humano, para comunicarse con el resto, se vale de sonidos, gesticulaciones y signos, para ofrecer o imponer pareceres tan ajenos a los pensados y tan espectrales como las imágenes que desbordaban el aparato revelador.
Temeroso, no compartió con nadie el particular hallazgo, aquella abismal disociación. Y se sumó nuevamente al resto para colaborar y confundirse en la compleja y aviesa adulteración de lo indefectible. A poco, ese instante, ni era un recuerdo.
Bernardino Rivadavia
del libro Isis y otros misterios, Ediciones Proa
Bernardino Rivadavia
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DOS QUILMEÑOS LEEN EN ROSARIO
El viernes 9 y el sábado 10 de octubre participamos de las III Jornadas Nacionales de Minificción “La minificción en Español y en Inglés”, en la UCEL (Universidad del Centro Educativo Latinoamericano), en la hermosa ciudad de Rosario.
Fueron dos días de intensa actividad, en los que los expositores presentaron sus ponencias (en castellano en una sala y en la otra en inglés) y los autores leímos nuestros cuentos, en un clima de mucha calidez y amistad.
Pudimos constatar la enorme vigencia y el interés académico de caracterizar la minificción como un género distinto que surge ya de un chiste, chisme, epitafio, mito, sueño, o de otro cuento, como mixtura y condensación, ya absurdo o grotesco, ya serio o trivial, o humorístico, que puede ser puramente narrativo o acercarse al poema o al drama.
Debemos mencionar el excelente nivel teórico de las exposiciones, entre otras, la de María Victoria Ramos: “El humor y su efecto de condensación en la minificción”, la de Miriam Cairo “La minificción como territorio poético”, y las de las organizadoras, Stella Maris Colombo: “Giovanni Papini, un antecedente desprestigiado”, y Graciela Tomassini: “Escrituras privadas. Un hilo secreto en la trama de la microficción”, que trata sobre la influencia de las breves ideas narrativas de Nathaniel Hawthorne escritas en sus cuadernos. Con estas últimas se dio el cierre de las jornadas.
En las lecturas de los escritores, la variedad fue grande, muchas veces se dieron casos fronterizos con lo cómico y la actuación, con la poesía o el aforismo. Se dijo que la minificción era un género particularmente adecuado para los tiempos vertiginosos en que vivimos, sin embargo podemos nombrar a autores que hicieron lo que hoy llamamos minificción en otros tiempos y latitudes como Borges, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Kafka, Thomas Bernhardt y muchos más.
Fue importante para nosotros conocer autores de todo el país, e intercambiar con ellos ideas, impresiones y libros. Las organizadoras, investigadoras de la UCEL, merecen todo el agradecimiento por el esfuerzo realizado y el interés en hacernos grata la estadía.
Roberto Rocca
RESPUESTA
- ¿Está usted muerto?
- Sí, como usted ve.
L. Guaragno
DOS DE DINOSAURIOS
Cuando despertó, ya se había ido. Entonces escribió el cuento.
Contó que había soñado con un hombre. Los otros dinosaurios se burlaron.
R. Rocca
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DESDE LA BUTACA
VITALIDAD DEL CINE DOCUMENTAL. EL DOCBAS/09
Hace tiempo ya que el documental dejó de ser el patito feo del cine. Los realizadores le han impuesto una vitalidad extraordinaria, con el registro de las transformaciones del mundo en todos los campos: social, político, laboral, e incluso en la Naturaleza. Tanto en Argentina como en el resto del mundo se están realizando documentales de todo tipo, desde los más convencionales hasta los más experimentales. Cada año se realiza en Buenos Aires el Docbas, ciclo que exhibe la producción más reciente de documentales de los principales directores del mundo, seleccionados por entre otros- Marcelo Céspedes, director de Cine Ojo, y Luciano Monteagudo, responsable de la exquisita programación de la sala Leopoldo Lugones.
No podrían ser más diferentes dos documentales argentinos presentados en el ciclo: Alejandro Fernández Mouján, quien siempre ha mostrado su sensibilidad para con los movimientos sociales y en particular el peronista, ha elaborado en Los resistentes un largo testimonio de quienes encarnaron la resistencia peronista después del golpe militar de 1955. Viejos militantes sobrevivientes de aquel movimiento de trabajadores dan testimonio e incluso discuten ante la cámara sobre su lucha clandestina y la intención de dejar un ejemplo a los más jóvenes. En el otro polo, Ernesto Baca continúa con sus realizaciones experimentales en un film que profundiza su compromiso con la religión hindú. En dos pantallas simultáneas, sin diálogos ni texto explicativo, El sirviente retrata la cotidianeidad de una familia numerosa perteneciente al grupo Hare Krishna. Sus rituales, costumbres, comidas, la música, la interacción entre ellos trasmiten una religiosidad que trasciende las geografías.
Tanto en ficción como en el documental, el cine está registrando los cambios vertiginosos que se viven en China. Wang Bing ha realizado larguísimos films sobre el trabajo en los ferrocarriles y en el petróleo, y en El dinero del carbón, un film más breve, sigue el trayecto del mineral desde las minas a cielo abierto hasta su destino final, a bordo de una camión desde donde registra el accionar de todo tipo de personas que se relacionan con esa mercadería, símbolos de la mercantilización que está viviendo el país. También es el trabajo en China el tema de Demolición, de J.P. Sniadecki, quien filma un hecho mínimo: la recolección de restos de una demolición. Campesinos acuden a la ciudad a participar de ese trabajo, que también resume toda la actual situación social en permanente transformación.
Un trabajo de orden artístico es el que documenta el maestro Federico Wiseman en La danza, sobre el ballet de la Opera de París. Investigador de las instituciones, Wiseman se interesa en todos los aspectos de uno de los cuerpos de ballet más importantes del mundo, y filma sus ensayos hasta en sus detalles mínimos: indicación de coreografías, repetición de los números hasta lograr la perfección, en puestas clásicas y modernas. Reuniones administrativas y gremiales, el edificio, nada queda fuera en este film modelo de documental expositivo. También la música es la protagonista de El réquiem de Bartok, curioso film de Jan Lorenzen, quien viaja por los pueblos de Hungría y Rumania tras los pasos del músico Béla Bartok en sus incursiones para registrar músicas y canciones populares, no sólo para salvarlas del olvido sino que también le inspirarían su propia música. El documentalista repite el registro de esas melodías que hoy podrían parecer anacrónicas.
Por último, en este panorama variado, Alexander Kluge sigue pateando el tablero del cine, con su investigación sobre El Capital de Carl Marx. Realizó una versión de diez horas y otra abreviada que pudimos ver en el Docbas, Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx Eisenstein El Capital, suerte de collage con diversas aproximaciones: entrevistas a historiadores y filósofos, exposición de teorías económicas, cine dentro del cine, una variedad de posibilidades que hacen hoy un documental original.
Josefina Sartora
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MARAVILLAS DE LA CIVILIZACIÓN
No pensaba venir al gran país del norte, pero mi lado Florence Nightingale se impuso y me vine a tratar de ayudar a una amiga, lo que mayormente logro poniéndola nerviosa como terapia para hacerla olvidar de males mayores. Y aquí estoy, meditando frente al gran lago Michigan que siempre invita a pensar sobre el tiempo. Aunque este lago se formó por la glaciación llamada de Wisconsin hace solo 16.000 años, sabemos que los glaciares fueron invadiendo el área de Chicago en el período cuaternario, desde hace 1.8 millones de años. Además, cuando miro por una de las dieciséis ventanas, antes de ver el lago veo los árboles del parque, cuyas hojas cambian de color cada día, anunciando que estamos en otoño y que inexorablemente llegará el invierno. Para peor, recibo una tarjeta de una asociación llamada Neptuno que empieza con una frase de Eleanor Roosevelt que dice “Ayer es historia, mañana es misterio, HOY es un regalo y por eso lo llaman presente”. El presente que Neptuno te ofrece es que te regales a vos misma una cremación prepaga, y te enumeran las ventajas: primero, te aseguran el precio actual, segundo, protegés a tus familiares, tercero… etc.
A mí esto me parece una de las maravillas de la civilización. Pero hay más. También recibí un catálogo que empieza diciendo que es el “catálogo de los regalos más importantes del mundo” y tiene una ovejita en la tapa. Pasás a la contratapa y te aclara que lo que dijeron antes es una afirmación audaz, pero verdadera, y te explican cómo funciona:
1. Decidís adoptar una ovejita en honor a tu madre, que siempre ha amado estos dulces animalitos.
2. Tu madre recibe una tarjeta diciendo que vos hiciste una generosa contribución en su honor.
3. Una familia -y trae la foto de dos indígenas ecuatorianas tejiendo la lana que la ovejita internacional Heifer les proporcionó- recibe una ovejita saludable.
4. A lo largo del año la ovejita provee lana suave y cálida que puede venderse para que la familia compre comida, remedios y mande a los niños al colegio, lo que les dará un futuro brillante.
5. Esta familia regala a otra familia necesitada de la comunidad una cría hembra de su ovejita. Esto se llama “pasar el regalo” y “es más que un animal, es un regalo de esperanza y oportunidades para una comunidad
Además lo que pagás lo podés deducir de los impuestos. Pero hay más, en las hojas siguientes hay una negrita de Kenia abrazando una cabra, cuya donación vale 120 dólares, pero también podés compartir la cabra con otros donantes por 10 dólares. O por el mismo precio le regalás un chancho a una familia rumana, o por 60 dólares le regalás a unas mujeres de Nepal tres conejos de angora: ellas aceptaron pasar a un vecino 5 conejitos por cada conejita que recibieran. Después hay una nena de Nicaragua con tres huevos en la mano, producto de una gallina que te costó nada más que 20 dólares, y dice que la nena es la primera vez que puede comer un huevo. Ahora bien, si donás cinco mil dólares te hacen “Ángel del Arca” y eso te hace poseedor de dos vacas, dos ovejas, dos camellos, dos bueyes, dos búfalos, dos chanchos, dos colmenas, dos cabras, dos burros, dos tríos de patos, dos tríos de conejos, un montón de gansos, otro montón de pollitos y dos llamas. Así que si querés ser un ángel del arca, entrá a www.heifer.org
¿Ves lo que es ser civilizado, querido compatriota? Vos, que a lo mejor pensás mal de este gran país, teniendo sólo en cuenta las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las sucesivas invasiones ya en Oriente ya en América Latina, aquello de que si quieres la paz prepárate para la guerra, el escudo antimisiles, la cuarta flota, las películas de Michael Moore que ven sólo la parte negra de este generoso país.
Y ahora me vuelvo a la ventana a mirar el paso del tiempo. Pasan las aves migratorias, pasan las nubes, pasa el Antiguo Marinero en su barcaza inmemorial.
Leda Schiavo
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MARIPOSAS
-Del ramo de flores que me regalaste sólo tuve que tirar los conejitos.
-Porque son delicados, esos pétalos… frágiles.
-Sí, ¿y no te acordás del nombre de aquellas mariposas de verano, unas muy lindas que ustedes cazaban con medias en el fondo de la casa?
-El nombre… No.
-Había muchas, muchísimas, ahora no existen más. ¿Y por qué se cambiaban de escuela?
-¿Nosotros?
-Sí, vos y tus hermanos, ¿por qué?
- Creo que no había escapatoria y derivábamos de una escuela a otra.
-Ah, no me acuerdo.
Pausa breve.
-Y la niña, la menor, ¿por qué se había lastimado la cara con los árboles del fondo?
-Porque había estado enferma muchos días, muy grave, y cuando se levantó de la cama, nadie advirtió que había perdido peso y fuerzas, se mareó, se golpeó con el tronco de un falso cafeto.
Pausa larga.
-Se había abrazado al árbol para no caer, se raspó la cara, los brazos. Nosotros nos reímos porque, en la ausencia de padres, los niños, los hermanos, no comprenden el daño de la enfermedad, saben poco de la debilidad que trae la fiebre, desconocen la soledad en la que están viviendo.
-¿Y se ríen? ¿Ríen de su hermana rasguñada por un árbol, sin padres?
-Sí, creo que sí, mamá.
Alicia Silva Rey
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J.G. RECONSTRUCCIONES
o las otras vidas de lo continuado
En un gran poeta, su idioma natal es su segunda sangre y, la poesía, el río consecuente a esa circunstancia.
Nunca creí que se pudiera dejar por escrito, con tanta cariñosa autoridad, la belleza de la furia y viceversa.
Gelman raspa despacito y con mucha sutileza feroz, la superficie percudida de cada palabra, para sentir más adentro de él y de la palabra, lo más rotundo y genuino de cada palabra. La maravillosa situación de renacer directamente en él mismo como palabra, por una necesidad que, al constituirse en poema o directamente en poesía, le da un sentido siempre nuevo al lugar lógico que puede llegar a ocupar, desde siempre, un gran verso: la voz secreta de lo inesperado.
Al leer sus poemas, tengo la sensación de que mi persona fuese sentada en un colectivo dándole la espalda a la dirección hacia la que voy viajando. Entonces muchos momentos del paisaje conocido, o no, por mí de antemano, vuelven a sorprenderme o a conmoverme.
En Gelman se cumple a rajatabla lo que le oí decir al poeta brasileño José Ferreira Gullar: “el dolor, es el dolor, y ahí está y va a ser siempre lo mismo… Pero en un artista, ese dolor debe transformarse en una alegría estética…”
Desde un gran poeta como Gelman, me gusta saber que tengo el privilegio de vivir grandes poemas de cualquier época de su camino en la poesía, y la sinceridad de volver a creer en la poesía porque sí. Que el corpus de su tejido de palabras me obliga a girar con mucho esmero y alegría paciente, el poliedro misterioso de cada poema.
La poesía tiene siempre una otra coherencia a la que no puede intentar buscársele una sola razón de ser, porque la poesía ya es antes, por sí misma, en cualquiera que la busque y/o la necesite, incluso antes de ser descubierta en un balbuceo o en la posibilidad hermosa de que nos permita verla pasada a papel o directamente a la sensibilidad de nuestro cuerpo, al oírla, que cualquier instante de vida originaria de un idioma, necesita ser expresado. Y si no, cómo ocurre, por ejemplo, el hecho incesante, sólido y tierno de pedir “una visión fragante para el pájaro maravilloso de la belleza”, o el de co-sugerir con la poesía que “hay hambres en el sabor roto del mundo”… Que de nuestra situación histórica como país aparezcan “vacas del espanto”….
¿Y ese pájaro que “canta incompletamente”? ¿Quién no es y sigue siendo hasta el último instante de su vida ese pájaro… ¿Y la mutación de sustantivos tomando el protagonismo de verbos y viceversa? ¿Y ese cantarle a la Patria como si fuera una amada, o que de los ojos de una mujer puedan salir ciudades?
Muchas veces, tengo visiones, y en una de esas veces, lo vi a Gelman, dejándose solo, para que se destejiera la imposibilidad…. Para que en 1962, en “Gotán”,un hombre pudiese entrar “…a su casa y el olor de sus hijos le golpeara la cara, los olvidos, la furia, cerrase la puerta con doble llave, y se sacase la gente, la ropa con cuidado, y hasta para que ese hombre (muchos y cualquiera) tuviese la posibilidad de apagar los gritos de la camisa...
“Puma verde: no lluevas más. Ya no te empumes, ya cantés, ya te comás el libro que arde”: “Salario del impío” (París, Ginebra, México, Nueva York, 1984/1992.) “… ¿y si Dios fuera una mujer?, del libro “Relaciones” (Buenos Aires, 1971/1973)… “… como el silencio que hay entre dos rosas/o como yo/que escribo palabras para volver a mi vecino que mira la lluvia/a la lluvia/a mi corazón desterrado…”, en el poema “Lluvia”,del poemario“Eso”, en el libro ”Interrupciones II” (París, 1983/1984.)
Punto aparte por ejemplo para el poema “Por la palabra me conocerás”, en el poemario “El amante Mundial” de 1962, incluido en el libro “Cólera Buey”. El poema comienza así:”…Todo el turbión las penas los olvidos/la penumbra la carne la memoria…”, y luego de hacer pasar al lector, sonora y emocionalmente hablando, justo por una tormenta de bello racconto terrible, lo hace llegar al momento en el que el poema cierra su cuerpo, con el reflejo de casi la misma fisonomía de su comienzo:”… penas enfoguecidas o políticas/penumbras de la carne pájaros de aquel rostro/y el turbión la memoria los oleajes…”
¿Y el poema “Niños” en “Interrupciones II”? Montaña poética, hecha con ausencia incisiva, y ternura quemante…
¿Y “Nota I” del poemario que se llama justamente “Notas”, de “Interrupciones I”, o “Mesa” de “Hacia el Sur”? Directamente: corrosión lírica…
¿Y sus ültimas obras: “País que fue será”, “Valer la pena”, “Mundar” y “de atrasalánte en su porfía”? En muchas y más que muchas ocasiones, poemas enteros, directamente: son ácido lírico…
Gelman se mueve con mucha firmeza amorosa hacia todas las reacciones sensibles de nuestro idioma: neologismos, barbarismos, diminutivos; humedades o refundaciones verbales, hasta en ciertos casos, resueltamente altos en ironía: “los obispos no obispan/los funcionarios no funcionan”… Outiliza con inmensa naturalidad cualquierregistro oral de cualquier época: “para que me quierás”… “¡y de ai!”… Y hasta es capaz de escuchar los sueños que están en el corazón de un semejante “de abajito de un árbol”… O de asegurar de que algunos de sus compañeros de lucha, ahora, hacen de las nubes “pañales de horizonte”… “La cuerpa”… “La fuego”. “La mundo”…
Y así, acumulando trabajo, vida y consecuencias, se aviene a considerar que la poesía es: “palabra calcinada”, o en su defecto: “un árbol sin hojas que sin embargo da sombra”, a lo que me atrevo a agregar que, en cualquier momento de oficiante creativo, en Gelman siempre estuvo totalmente prohibida cualquier comodidad artística. Sabe muy bien que al tratar con la poesía, jamás se es dueño de lo que queda ni de lo que no se logró…
Cada libro suyo es un nuevo pasaje por los mismos distintos lugares de su poética… Entonces, entre otras muchas felicidades y metafóricamente hablando como lector, tengo para mí que Gelman verso poema poesía, enciende un calor estético más que perdurable, valiéndose sin titubeos de una generación de ramas de lenguaje usadas de una manera siempre un poquito distinta a la vez anterior; las que a su vez no paran de regenerarse ni de crecer hacia una sola voluntad… El atrevimiento… El atrevimiento… El atrevimiento…
Néstor Tellechea
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VOLUPTAJE
(En voluptuosidad)
Dicha y perfume de mi vida el recuerdo de las horas
en que hallé y tuve la voluptuosidad como la anhelaba.
Dicha y perfume de mi vida, de mi vida en que evité
todo goce de amores rutinarios.
Konstandinos Kavafis
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Diario de un día
Un grupo de artistas de Quilmes (
Sonia Otamedi, Hilda Paz, Claudio L. Pérez,
Alicia Silva Rey y Néstor Tellechea)
hemos creado el Diario de un día,
publicación en papel (de distribución gratuita) y virtualwww.dud-diariodeundia.blogspot.com)
de aparición y temática aleatoria.Nuestro Nº 0 fue pensado y editado
como un ejercicio de memoria y reflexión
sobre el tema de los desaparecidos
y los Derechos Humanos.
Hemos seleccionado textos de
Osvaldo Bayer, Daniel Moyano, Claudio Martyniuk,
Antonio Di Benedetto, Rodolfo Walsh,
Armando Tejada Gómez y Miguel Angel Bustos,
que publicamos junto a notas
y obras plásticas nuestras y de colaboradores.
Se imprimieron 500 ejemplares en papel (formato tabloide).
350 ejemplares fueron distribuidos en la marcha del 24/03/2009.
El resto se puede obtener en librerías e instituciones de Quilmes.
La propuesta es que visiten el blog y nos hagan llegar
sus comentarios sobre la publicación a
diariodeundia@gmail.comClick para entrarhttp://dud-diariodeundia.blogspot.com/
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