|

|
|
AGENDA CULTURAL
AÑO XI - N° 108
OCTUBRE 2009
Quilmes- Argentina
Tel: 54-11-4253-7431
Dirección
Sonia Otamendi |
|
inicio |
|
direcciones |
|
los que escriben |
|
vínculos |
| actividades |
|
números anteriores |
| convocatorias |
La Agenda Cultural del Sur es una guía mensual en la que se consigna día a día, el hacer
cultural llevado a cabo por instituciones oficiales y privadas de la
zona sur y que cuenta además, con notas breves de escritores e
historiadores tanto locales como del resto del país, y de corresponsales
en el extranjero.
Con una tirada de tres mil ejemplares que se distribuyen en forma
gratuita en Quilmes, Bernal, Don Bosco, Wilde, Ezpeleta y Berazategui,
está en la calle los días primero de cada mes.
Se ruega citar la fuente de los textos
que se reproduzcan.
|
|
|
América no es tanto una tradición que continuar como un futuro que realizar.
Octavio Paz |
MUSEO FOTOGRÁFICO MUNICIPAL DE QUILMES
La nota que hubiera querido escribir
Fernando San Martín fue removido de su cargo de Encargado del Museo Fotográfico. Sin duda es del arbitrio de las autoridades municipales elegir a sus colaboradores para desempeñar las funciones que hacen al desarrollo de las distintas prestaciones que debe proveer a los vecinos el gobierno comunal. Y sin duda también es lícito que se los remueva cuando los mismos no son eficientes, o cuando se desea imprimir un nuevo sesgo a alguna de las áreas y se juzga que el responsable no presenta el perfil adecuado para encabezar ese proceso de cambio y reorientación.
Por eso, en este caso, por un lado lamentamos el alejamiento de Fernando San Martín y aguardamos con cierta ansiedad el nuevo rumbo que el Director de Museos, Ing. Rodolfo Cabral y el Subsecretario de Cultura han pergeñado para la institución.
Descontamos que no se trata de un problema de eficiencia en el desempeño de la función ya que San Martín ha realizado un trabajo formidable y el Museo Fotográfico fue, durante un tiempo y bajo su cuidado, la única dependencia oficial del área cultural que cumplió con un trabajo sostenido y de buen nivel. Fernando San Martín logró que el patrimonio del Museo pasara de 8000 a 24000 fotografías, organizó y brindó numerosos cursos de fotografía para jóvenes de nuestra comunidad, organizó ocho Jornadas Histórico Fotográficas y presentó innumerables muestras que despertaron el interés del público.
Desconocemos en este momento quién ocupará ese puesto, pero seguramente el Director de Museos convocará para esta función a un historiador especializado en el tema, o a un museólogo, o a un fotógrafo que impulse el trabajo del Museo Fotográfico en la dirección que se haya estimado conveniente y, sobre el sólido trabajo realizado por San Martín, la actividad del Museo se intensificará, profundizará sus contenidos y ocupará un mayor espacio en el contexto de la cultura local.
Fernando San Martín, suponemos, pasará a aportar sus cualidades de organizador y la pasión que ha demostrado en su tarea, para consolidar alguna otra de las instituciones culturales oficiales porque, seguramente, la dirección del área de cultura, inteligentemente, aprovechará su empuje, su conocimiento y su eficiencia para potenciar el trabajo en algún sector que lo requiera.
Nos resta entonces agradecer sinceramente a San Martín lo realizado a favor de la cultura local y esperar, para los próximos días, la comunicación oficial sobre la nueva etapa que se abre para el Museo Fotográfico Municipal de Quilmes, una institución surgida del empeño y desinterés de Alcibíades Rodríguez, Enrique Lanza y Abel Alexander, entre otros y puesta en valor por quien hoy es reclamado para desarrollar otras tareas en el ámbito de la cultura local.
Claudio L. Pérez
______________________________________________________
KUNDALINI
Ni el conocedor y, menos aún, el practicante de cualquiera de las escuelas de yoga necesitan explicación alguna para saber de qué va el exótico título. Sin embargo, a más de un lector que ignore todo lo relacionado con el yuj (la raíz sánscrita por "unir", de la que yoga procede) puede que le convenga una definición escueta para decidirse a continuar o abandonar de inmediato la lectura. Hela aquí pues:
Kundalini es la energía nerviosa latente en el sistema nervioso central.
Posiblemente los matices intraducibles que soportan las versiones de las lenguas orientales (al igual que su filosofía y actitudes vitales) sean responsables de que a tal energía la identifiquen algunos textos sólo como "femenina".(1) Sucede también que no es lo mismo abarcar el sentido del concepto a partir de la religión védica, del tantrismo, del zen o, incluso, de los diferentes senderos o prácticas de yoga.
Me voy a limitar, por tanto, a la que ilustra la teoría del Laya Yoga (2) que, expresamente, se define como la ciencia de liberar la energía latente en el sistema nervioso humano, es decir, de soltar o desatar el kundalini.
Quizás debiera haber empezado por el recuerdo de mi fracaso como yogui aficionado. Pero de eso hace demasiado tiempo y, además, el fracaso fue relativo, ya que en la práctica de los senderos antecedentes al Laya (Hatha y Raja) me fue razonablemente bien. En cuanto a la sempiterna pregunta de ¿a qué viene esto?, mi respuesta es fácil y contundente: acabo de saber que una buena amiga mía ha terminado en Inglaterra un curso auténtico, –"profesional" puede que sea la palabra apropiada–, examinándose de las materias aprendidas en él. Se me abren las carnes sólo de pensar en las "recitaciones" de mantras que habrá tenido que memorizar. Pero ni siquiera ese acontecer habría sido razón bastante para exponerlo aquí, si el proceder inmediato de mi amiga, que conocí referido por su madre, no me hubiera impactado en la Kanda, la base de mi espina dorsal, destino final del Chakra Dharana, técnica yoga cuya explicación ahorro al lector.
El sms que leyó la madre (atribulada, pero serena) decía más o menos: "He llegado a Katmandú; sigo en bicicleta para encontrarme con Pablo a la cota prevista". (3)
La aventura de mis amigos espero conocerla de primera mano al regreso de uno o de otro. Pero este precedente no es un anticipo noticioso, sino un desahogo personal: el brote catártico de la alarma que a un racionalista (cuasi) sedentario como yo le ha provocado la relación causa_efecto, digamos "kundalínica". Porque es el momento de expresarlo sin ambages, empezando por el símbolo de la inocente acumulación de energía en nuestro sistema nervioso central: la serpiente enroscada en tres vueltas y media. Las tres vueltas representan los tres estados de energía, positiva, negativa y neutra, y el medio enrollamiento final corresponde al umbral de paso del estatismo a la acción cinética, al "disparo", el desencadenamiento de toda la energía almacenada.
Inevitablemente, pues, no he podido menos que proyectar (intuir, identificar) ese desencadenamiento como el causante del impulso que ha catapultado a mi amiga nada menos que hacia el "techo del mundo". Es el certificado no de aptitud sino de matrícula de honor por el curso acabado de consumar.
El sencillo corolario de esta anécdota es también noticia para navegantes: si hace cincuenta y pico años yo hubiera logrado desatar mi kundalini, mi efigie probablemente acompañaría a la de sir Edmund Hillary con el sherpa Tensing.
Por eso, querido lector, si vos lo lográs, tené presente que el viaje a Marte no cuadró su tripulación todavía.
__________
(1) El opúsculo «Yoga sin esfuerzo» de John Mumford [–Ed. Miguel Armany S.A. Barcelona 1963–] especifica la distinción entre Kundalini Shakti (la energía femenina o negativa) y Siva Shakti (energía masculina o positiva)
(2) ibid pp. 67 y sigs.
(3) Pablo es hermano de mi amiga, y ya andaba por aquellos andurriales a lomos de su bicicleta.
Fernando Anguita B.
______________________________________________________
ARGUMENTOS 4
La historia de un tipo que entra en escena con una soga al cuello que sostiene otro que lo sigue detrás. No me convence. Sí, esperá; los dos que estaban esperando a… Si vos no te acordás… Lo tengo en la punta de la lengua. Bueno, no importa; los que estaban esperando se sorprenden. No me convence, ¿de qué se sorprenden? Yo creo que se sorprenden porque piensan que son los únicos, ¿te das cuenta? Dos chabones que están esperando a alguien al costado del camino, un árbol, y de pronto se aparecen otros dos más locos que ellos. Es un buen argumento. No me convence. Esperá, el que lleva la soga al cuello es mudo pero muerde. Un perro. Perro que ladra no muere. Pero éste sí. Bueno, si lo tratan como a un perro qué carajo querés que haga, ¿qué lama? ¿Vos viste esa película? ¿Cómo se llama? Con Nicole Kidman. ¿Cuál? No me acuerdo cómo se llama. Pero, ¿de qué trata? Es una mina que llega a un pueblo… No la aceptan, la torturan, le atan una rueda al pie. Es una obra de teatro. No, es cine. Es teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Cine. Teatro. Bueno, ¡basta! ¿Basta? Sí. Está bien. Hablábamos del argumento. ¿Cuál? El de la obra. ¿Qué obra? La que estoy escribiendo. ¿Estás escribiendo una obra? Sí, estábamos hablando de eso. No me acuerdo. Para eso nos reunimos. Ah, ¿dónde? Acá. Ah, sí… ¿Qué pasa? Me quedé pensando. ¿En qué te quedaste pensando? En los títulos. ¿Qué? Que los títulos dicen cosas, ¿no? Y sí, a veces. Claro… ¿Qué? Que si te acordaras cómo se llama la película… Pero no me acuerdo. Kidman… ¿Qué? Qué nombre raro, ¿no? ¿Por qué? Y… o se es kid o se es man. No digas boludeces, ¿querés? Algo tengo que decir. ¿Para qué? Para pasar el tiempo. Yo para pasar el tiempo escribo. ¿Qué escribís? Argumentos. ¿Estás escribiendo el argumento de una mina que llega a un pueblo de mierda donde le dicen que la van a ayudar esconderse de los que la persiguen y la hacen trabajar para ellos pero después la empiezan a cagar y no la dejan ir? No, estoy escribiendo el argumento de una pareja de tipos que están esperando a alguien y después aparecen otros dos tipos. ¿Y qué hacen los dos tipos? ¿Cuáles, los dos primeros o los dos segundos? Los dos primeros. Hablan. ¿Y qué más? ¿Y qué más qué? ¿Qué más hacen? Nada. ¿Y si no hacen más nada, cómo quieren que pase el tiempo? El tiempo pasa. Ja, el tiempo pasa; es fácil decirlo. Mirá… mal que te pese, el tiempo pasa. ¿El que hablaba del tiempo era San Agustín, no? Sí. ¿Y qué decía? No me acuerdo. Era cura, tenía tiempo para pensar, ¿vos sabías que el mayor filósofo del S. XX era nazi? Me hiciste acordar. ¿Del ser-en-el-mundo? No. ¿De lo que decía Agustín? No. ¿De la película de la rubia? No. ¿De la obra que estás escribiendo? No, me acordé de que no tengo nada para cenar. ¿Y si comieras raíces?, aquí hay a patadas. No, me gusta la carne de cerdo. Podríamos ir a una carnicería. No hay carnicerías. Podríamos intentar con una granja. No hay granjas. Podríamos pedir un delivery, free home delivery. No tenemos teléfono; no tenemos hogar ¿No teníamos nuestra comida? La comimos ayer. Ayer, ¿dónde? Acá. ¿Ayer estábamos acá? Sí, hace muchos años que estamos acá. ¿Cuántos? No me acuerdo… uno de los tipos era ciego. Entonces no podía ver el paso del tiempo. Era ciego, mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche. ¿Estás citando? Sí, soy escritor. ¿Y qué escribís? Argumentos. ¿Y ahora estás escribiendo? Estoy escribiendo el argumento de una pareja de tipos que están esperando a alguien y después aparecen otros dos tipos. ¿Y qué hacen los dos tipos? Son cuatro, primero aparecen dos y después otros dos… Me acordé, el tipo al que esperan se llama Golddog. No me convence... Che, Nicole Kidman está buena, ¿no? Sí. Sí. ¡Oh! Mirá el árbol. ¿Qué árbol? Ése. ¿Qué tiene? Hojas.
Jorge A. Cabrera
______________________________________________________
HILDEGARDA DE BINGEN,
abadesa del siglo XII, contemporánea nuestra.
¿Cómo podemos lograr un diálogo fluido, cercano, con alguien que viviera en el siglo XII en ciudades y monasterios de las márgenes del Rhin? ¿Y cómo, teniendo tanto que decirnos, que iluminarnos en estos tiempos tan difíciles, ha permanecido tantos siglos acallada, oculta?
Esta mujer extraordinaria formó parte de una generación de mujeres escritoras, trovadoras que florecieron en este siglo que ha pasado a ser considerado un tiempo de renacimiento, con humanismo clásico incluido, previo al de los siglos XV al XVI.
Hildegard, nacida el año en que comienzan las cruzadas, 1098 y muerta el 17 de septiembre de 1179, en la plenitud del románico, podría ser vista hoy como una mujer multimedia. Poeta, Mística y visionaria, ha dejado registro de esas visiones en pinturas y en descripciones de gran riqueza expresiva (literaria) y en contenido teológico. Su obra musical, en el marco de lo que conocemos como canto gregoriano, presenta ciertos puntos de contacto con el minimalismo (movimiento del siglo XX), en los climas de suspensión y, en cierto modo, sus procedimientos (en esto, tengan en mente la obra coral de Avo Pärt). Es considerada la primera compositora occidental de la que se tiene noticia. Esta parte de su obra ha sido “redescubierta” y grabada en la década de los 80 por el conjunto de música antigua Sequentia y otros.
En su abundante correspondencia abarca todos los tópicos de la vida espiritual, teológica y práctica-cotidiana, en las de temática musical, insiste “el alma es una sinfonía”.
Pero también su atención se dirigió a la naturaleza, a su observación, registro e intento de explicación científica (¿podría ser considerado pensamiento pre-científico?). Las dos obras de medicina del siglo XII ( en realidad es una dividida en dos partes) que se editaron en occidente, son suyas: Physica o Libro de medicina simple, y, Causae et Curae (Causas y Curas) o Libro de medicina compleja. Es evidente, por estos escritos, que fue lectora de obras científicas griegas, latinas y árabes… pero su pensamiento es original, conserva su impronta. Su visión del hombre como microcosmos y de su posición e interdependencia con el macrocosmos nos coloca frente a un pensamiento ecologista “avant la lettre” (si, anterior al propio concepto de “ecología”) e incluso de medicina holística (la salud del cuerpo inseparable de la del alma).
Viajera incansable, realizaba visitas pastorales a distintas comunidades, que luego le pedían recibir el contenido de esos sermones trascendentes para la vida comunitaria. Consultada por emperadores, papas y por doctores de teología (de la prestigiosa Universidad de La Sorbona, entre otros), su vida pública comienza recién a los 40 años. Pero su fama correrá como una luz por toda Europa. Contará con secretarios que la ayudarán a preservar su pensamiento y a hacer frente a todos los compromisos que los tiempos le imponen. Y era solo letrada, sin títulos o formación superior.
En la Ciudad de Buenos Aires, entre el 17 -día de santa Hildegarda de Bingen- y el 18 de septiembre se desarrollaron las terceras jornadas interdisciplinarias en su honor. (1)
El 29 del mismo mes, en Alemania, se estrenó una película centrada en su figura, dirigida por la prestigiosa Margarette von Trotta. Http://www.vision-derfilm.de/
…Y en Quilmes, en esta Agenda…
Carlos Córdoba
(1) Ver http://www.hildegardadebingen.com.ar/
______________________________________________________
PAZ Y POLITO: EL ARTE COMO CELEBRACIÓN Y REBELDÍA
A veces pasan estas cosas: uno va a una muestra, mira, ve, observa, toma nota, y cuando vuelve a la redacción, frente a la pantalla en blanco, no sabe siquiera por dónde empezar. ¿Será capaz de poder contarle al lector todo lo que vio, lo que gozó, lo que sintió frente a esas obras? ¿Podrán acaso estas sensaciones ser puestas en palabras? Como quiera que fuere habrá que hacerlo, y será mejor que empecemos por el principio.
El viernes 25 de septiembre quedó inaugurada en el Museo Municipal de Artes Visuales “Víctor Roverano” una exposición de grabados de Hilda Paz y Fernando Polito. Dos personalidades, dos edades, dos maneras de entender el arte. Y una pasión en común: la creatividad como celebración y rebeldía.
En el caso de Hilda Paz, nos consta que a esta altura los adjetivos calificativos están de más. Ya es sabido que se trata de una de las grandes exponentes de la plástica argentina contemporánea (en particular del grabado, su especialidad), y de ello dan cuenta tanto la innumerable cantidad de premios que ha recibido por el mundo como el reconocimiento de sus colegas, no siempre demasiado dispuestos a reverenciar a sus congéneres. Y Paz, pudimos verificarlo, es reconocida y admirada como una maestra en lo suyo. Es una verdadera lástima que la palabra “vanguardia” haya sido vaciada de contenido, porque Hilda es vanguardista de verdad: basta comprobar la comodidad con la que se mueve por los bordes del arte, eludiendo cualquier convención, arriesgando, jugándose a cada paso. Cualquiera de sus obras implica un verdadero desafío: cada vez más despojadas, en apariencia más sencillas (con lo que la sencillez implica en el arte), eluden cualquier anécdota que las distraiga del hecho plástico en sí. Paz, insistimos, se juega a cada paso. Y lo hace con gesto espontáneo, naturalmente. Cruza límites, ensaya nuevas miradas, jamás se repite ni permanece quieta. Así, prefiere limitarse a mostrarnos, por ejemplo, una figura (leyendo el título nos enteraremos de que se trata de Belgrano) y a su lado un manojito de hilo, y dejar que luego el público “lea” lo que quiera o pueda (si recuerda algo de la historia que le enseñaron en el colegio, será mucho mejor). En fin, una creadora en plena madurez, pero que ni por un segundo resigna su natural condición juvenil, el gesto audaz, un compromiso necesario.
Fernando Polito, en cambio, pertenece a las nuevas generaciones, aunque ya es dueño de una trayectoria que incluye buena cantidad de premios aquí y allá. Nacido en 1975, egresó como profesor superior de grabado de la Escuela Municipal de Bellas Artes “Carlos Morel” (justamente allí donde Paz trabajó infatigablemente a lo largo de tantos años). Su técnica resulta asombrosa, y en tal sentido se lo adivina un atento buceador en los nuevos soportes, a punto tal que el material de las obras que se exponen no es el convencional sino el poliestireno conocido como “de alto impacto”. Polito conoce los secretos del grabado, domina sus caprichos y maneja sus códigos con solvencia: tanto sus ex libris como las pequeñas estampas que incluye la muestra resultan auténticas joyitas. Sin embargo, de a ratos cae en la tentación de demorarse más de lo necesario en lo anecdótico, lo que no siempre resulta aconsejable en materia pictórica: cuando la “narración” suele imponérsele sobre el hecho estético en sí, el artista tiende a compensar el desequilibrio arriesgando menos desde el lenguaje. Pero claro, a despojarse, a ahondar en los silencios, a sacrificar el contenido en pos de la forma generalmente se llega con los años, y no es otra cosa que lo que vulgarmente se conoce como “oficio”. Polito sin duda está destinado a transitar un largo y fecundo camino. Lo tiene todo a su favor.
Migue Ángel Morelli
___________________________________________________
SOBRE CARTOGRAFÍAS DEL CUERPO, ASPEREZAS DE LA PALABRA (Exposición de obra de Juan Carlos Romero)
Visité... No, visitar no es el término correcto. No me convidaron scons, ni licor de mandarinas, ni torta de naranja. Nada que se parezca a una "visita". Digo, porque de las tradicionales visitas, sale uno con la boca endulzada y la cabeza en calma, casi sin pasado.
De Cartografías del cuerpo, asperezas de la palabra, la muestra de trabajos de Juan Carlos Romero, se sale de otra manera, con cierta acidez, cierta amargura y la cabeza procesando signos, palabras, ideas, con el mismo vértigo que se siente al pararse ante un trabajo suyo donde, sobre un círculo rojo, se deslizan, inmóviles pero a velocidades que no pueden medirse, signos negros, restos de una operación de computación, una instantánea de la pantalla de una máquina descifradora de códigos del MI6.
Exclusión, Violencia, Desocupación, Desaparición, Resistencia, son las palabras que, repetidas en los afiches, parecen aludir a un contexto y que, sin embargo, situadas / sitiadas en una sala de exposiciones, reproducen un conflicto de otro orden, de dimensión estética, constituyéndose en obra a partir de energías y tensiones que residen en el propio lenguaje, en la reiteración, en la tipografía, en la forma de exhibir algo que está ocurriendo fuera de escena.
Signos para ser pensados, como piedrazos contra la puerta de un ministerio, de una iglesia... También Baudelaire, la poética digo, en los frascos donde La palabra sobre el papel se pudre... y Bocángel, tan americano, y los Gritos y las Máscaras ...
Todo es mucho. Todo es, en general, muy intenso y, tal vez, la única forma de procesarlo sea aprender de la calma de esas manos que pasan lentamente en el video las páginas de Enciclopedia. Hay allí todo un saber, un compendio de modos y maneras, imágenes concretas de la realidad (nada de cormoranes empetrolados en un set de maquillaje), documento destinado a un espectador del próximo milenio, a alguien que haya adquirido ya la capacidad de interpretar esa red de códigos que nosotros, aún en el siglo XIX, parece, ignoramos. Salvo Romero, claro, que ha leído algo allí, en los tickets, en los precintos de aduana, en los códigos de barras que clasifican, ordenan, orientan, dirigen. ¿Será éste el basal y eficaz discurso del capitalismo? ¿Estará cifrada allí una práctica política capaz de organizar tanto el desplazamiento de las mercancías y el destino de las divisas como los hábitos de consumo y las exclusiones al mismo? ¿Será ésta una filosofía bárbara, reducida a lo numérico, que construye imperios y desiertos donde algún día vagarán nómades sin lenguaje? ¿Puede ser? ¿Puede pasar?
Un poco más allá, afuera, en la Recova, a 70 metros de la Casa Rosada, ya lo he dicho, hay gente durmiendo en cajas de cartón rotuladas con esas etiquetas de códigos de barra. Cajas provenientes de Singapur, de Korea, de Latvia, con entrerrianos, chaqueños, tucumanos, dentro. Nadie abre esas cajas. Como si permanecieran en tránsito. Mañana tal vez no estén. Habrán desaparecido.
Copias lejos de la copia. Reproducción como táctica en una estrategia poético-crítica que polemiza contra la inocencia del lenguaje mientras fundamenta una política del arte enfrentada con los discursos dominantes.
Claudio L. Pérez
(Fundación OSDE, Suipacha 658, 1 er. Piso. 10 de Septiembre al 7 de Noviembre (Lunes a Sábado de 12 a 20)
______________________________________________________
ETOLOGÍA DE SEPTIEMBRE
Aquí en Chicago, la de los inviernos más fríos y las primaveras más caprichosas, septiembre es el mejor mes del año. En septiembre, el verano dulcísimo, ya sin calores ni tormentas, se nos va lentamente, abrazándonos cada día con sus brazos tibios, regalándonos sol y aires calmos y apenas un aliento de frío en las noches, un aliento didáctico (como si dijera memento mori, recuerda que vas a morir). En este esplendor del estío rezagado, sentimos la nostalgia más aguda, la de lo no vivido, sentimos la pena de haber perdido las cosas que el verano prometía: amores, placeres, descanso, aventuras. Por mejor que hayamos vivido el verano, septiembre se empeña en entristecernos por lo no vivido: tal es la malignidad de su belleza. Es en este momento de postrimerías cuando yo oigo, o sueño que oigo, la voz del ruiseñor, que, en las noches de verano, canta al amor con toda su alma, a veces hasta morir, como quieren las fábulas y recuerda el poema de Borges:
Quizá nunca te oí, pero a mi vida
Se une tu vida, inseparablemente.
…
Ruiseñor de la arena y de los mares
Que en la memoria, exaltación y fábula
Ardes de amor y mueres melodioso.
En la famosísima “Oda a un ruiseñor”, escrita por John Keats (1795-1821), el canto del ruiseñor causa el deseo de morir: ahora más que nunca, dice la voz joven y exaltada del poema, morir es plenitud, riqueza; cesar en la medianoche, sin sentir dolor, mientras la avecita nocturna, enamorada, derrama su alma en éxtasis, cantando:
Now more than ever seems it rich to die,
To cease upon the midnight with no pain
While thou art pouring forth thy soul abroad
In such an ecstasy!
En los ocasos frescos de septiembre, el ruiseñor que quizá yo tampoco oí nunca canta escondido entre los árboles del parque. Las flores brillan con una desesperación que ignoran, porque ignoran que van a extinguirse cuando caigan las primeras heladas sobre los Grandes Lagos. Yo también voy a morir, aunque sé que será pasajero (morimos muchas veces en la vida), y que me quedan ratos al sol en el otoño, me quedan las manzanas y las uvas y el fuego en la chimenea, las nubes de noviembre, y después el silencio de la nieve, que calma el corazón. Mientras tengamos un poco de vida y de lenguaje, podemos esperar cosas buenas. Pero sabemos que hay otras, mejores, que no recobraremos, si es que las conocimos alguna vez. Solamente en verano, en esas mañanas en que el aire es como una fruta madura, creemos que vamos a alcanzarlas. Pero ahora el verano se está yendo, y este es el mejor momento, sin duda, para morir, oyendo al ruiseñor invisible , que canta al amor, que es la vida y la muerte. Pájaro y canto y nostalgia creados por la poesía, pero qué mejor, para morir, que la poesía, quién nos entiende y nos reconforta y nos consuela mejor que la poesía.
Anoche, paseando por la playa, me quedé un rato mirando cómo rielaba la luna en el agua casi quieta. Había una pareja sentada en las rocas, apretándose uno contra otro para darse calor. La luna tenía los cuernos límpidos. Los antiguos latinos creían que las lunas limpias y puntiagudas presagian buen tiempo, y yo no lo dudo, si es septiembre. Yo creo en septiembre, aunque me hace sufrir.
Cuando entré en mi casa me encontré con mi vecino el patólogo. Tomamos el ascensor juntos. Se le notaba en la cara, en el bigote caído como los ojos, que se había pasado el día mirando tejidos cancerosos. Le aseguré que el buen tiempo iba a continuar, porque la luna lo anunciaba. Él tiene un velero, y sale a navegar con su mujer los fines de semana. El verano termina el día en que se cierran los puertos, y eso suele pasar a principios de octubre. Queda poco. Nos estamos despidiendo de la luz y de las naves. ¿Por qué serán las despedidas la mejor parte del amor? No se lo pregunto al patólogo, cuyo trabajo es anunciar a otros que tienen que despedirse. Al llegar a casa busco y encuentro una traducción de Cortázar a la “Oda a un ruiseñor” de Keats, con comentarios línea a línea y citas de otros poetas. Es un análisis conmovido, pero contiene un paréntesis amargo: “el día en que morimos no cantan los ruiseñores, ni nos tiene en sus brazos el amor".
Graciela Reyes
______________________________________________________
UNA NOVELA DIGNA DE LEERSE
Hoy quiero recomendar la lectura de El viajero del siglo, novela de Andrés Neuman, un joven escritor nacido en nuestras tierras y emigrado en la infancia a España, donde reside. La novela tiene más de 500 páginas, y leerlas es un placer intelectual, estético y sentimental. Es de esos libros que uno no quiere que se terminen, porque acabamos como viviendo en el lugar donde sucede y siendo amigo de los personajes. Y eso que el pueblo donde tiene lugar la acción es un inventado pueblito de Alemania y que transcurre a principios del siglo XIX y que la obra está plagada de disquisiciones filosóficas, históricas y políticas.
Los personajes principales son una pareja atípica. Él, Hans, un joven traductor que se queda a vivir en un pueblo sin ninguna razón, y se va enredando en la vida del mismo, enamorado de una joven ilustrada. Ella, Sophie. una heroína de la liberación femenina, con un novio riquísimo pero sin ninguna de las virtudes de Hans, que lo aventaja intelectualmente y eróticamente. Hay personajes inolvidables, como el organillero del pueblo, que también es un filósofo práctico. Un violador que acosa a las mujeres resulta ser una de las personas más respetables del pueblo y defensor de ideas de derecha, siempre en contra de los jóvenes, simpatizantes de la revolución francesa. El cura también es antagonista, desde luego, muy en la época de las restauraciones que siguieron en Europa a lo largo del siglo para intentar volver a la época prerrevolucionaria. Hay situaciones inverosímiles, pero uno las acepta sin discusión, hipnotizado por el diálogo incesante de los personajes y su magnetismo. Las discusiones tienen una doble lectura, ya que se leen desde el futuro, es decir, desde el presente del lector, y así se recargan de significado. El narrador, que también es poeta, tiene frases memorables: “Los molinos braceaban dispersando la tarde” “Se reunían las aves organizando el cielo”. Todo es literatura: el lenguaje, las referencias, las alusiones, la suspensión de la credibilidad que se nos exige. El pueblo gira, como un pueblito de carrousel al que pudiéramos observar desde afuera o treparnos; hay un arcón lleno de literatura que va dando material a la pareja, tan enamorada de la poesía como de sus ejercicios eróticos. La novela tiene un final abierto: cuando se descubren sus amores, Hans y Sophie eligen irse del pueblo sin ponerse de acuerdo entre ellos y los dejamos en el camino, con su equipaje, dispuestos a volver a empezar, por lo que el lector apasionado puede esperar una segunda parte. Así pasó con don Quijote, que volvió a aparecer después de diez años para deleitar a tantas generaciones, o el Martín Fierro, o tantos héroes ficticios que se negaron a desaparecer.
Leda Schiavo
______________________________________________________
LILIANA LUKIN
Obra reunida,1978-2008.
La Obra reunida de Liliana Lukin, me provoca la emoción y la alegría de encontrar en ella los poemas que yo misma hubiera elegido y el darme cuenta de que estuve leyendo sus libros, cada uno de ellos, a lo largo de treinta años, para no dejar de aprender a leer poesía. Placeres de la relectura que nos ofrece esta poética única reconocible al oído, reconocible incluso visualmente por la estética propuesta en la edición de sus libros, 10 en total, ahora reiterada en la de su preciosa Obra reunida que estamos presentando.
En su lectura de Cortar por lo sano, Nicolás Rosa se refirió a la instauración en este libro de cierta física del cuerpo. “La física del cuerpo que aquí se instaura no es una física mecánica, extensible, es una física altamente molecular, discontinua y desagregada…”, dijo. Podría retomarse esta descripción pero atribuyéndola a la física del texto en Liliana y a sus modos de significar. (Y superponiendo cuerpo y texto, se estaría advirtiendo la particular articulación, que ella logra, del cuerpo en el lenguaje y, yendo aún más lejos, la articulación, buscada, entre cuerpo y concepto). Se trataría, además, de una física del texto para (o en función de) una física del sentido porque, en ese caso, el ritmo anudaría los sentidos atribuibles (recordemos la manera de cortar los versos, los encabalgamientos que permiten intersectar sentidos y sonidos, el juego espacial). Una poética cuya ficción, cuya dicción, conseguiría recuperar del habla, aquello que enlaza a quien escribe con quien lee.
cuando leo mi querida sé una cosa
pero no más sé de mí que quien me sos
dice en Cartas.
Una mano miente y la otra
borra las palabras
es el comienzo del primer poema que incluye la antología y corresponde a Abracadabra, primer libro publicado por Liliana. Este poema inaugura el resto de la producción, prefigurando, como decía, un modo de significar que interactúa de manera creciente en cada nuevo libro - además de los epígrafes que integran la materia textual-, con otros lenguajes como los de la pintura, la fotografía, el grabado.
En cada estación de esta escritura puede oírse lo que se pierde o se abandona al tiempo de que es escrito. Un desposeimiento omnívoro del sujeto que el texto exhuma:
y ya nunca será suficiente
todo esto decir haber escrito
hace alguna pulpa en la mañana?
¿y si no hay nadie?
se dice en Carne de tesoro. Y en Teatro de operaciones, último libro publicado hasta el momento por Liliana, se dice aún más:
Animal del templo de la voz, caligrafía
oral, reino de lo inútil:
En el templo o teatro de la voz es que se revelaría esta caligrafía, manifestada o expuesta para develar lo que subyace a la literalidad de todo significante. Porque sería ahí, en ese templo o teatro, que esta voz, caligráfica, declararía la insuficiencia del signo:
Y ya nunca será suficiente / todo esto decir haber escrito
Haber escrito: desde el cuerpo, en la vigilia de “escuchar el secreto de lo otro”, se dice en Cartas, donde la escritura posaría contra el significado literal de los conceptos, de los supuestos, en tanto la que escribe lo haría para restablecer y confirmar la corporalidad en el lenguaje. Pero antes, cuando los cuerpos habían sido violentamente escamoteados, ella debió escribir aquello en carne viva del lenguaje que, al operar como reiteración de lo perdido, multiplicaría y perpetuaría ese hueco, esa “ausencia/ de palabra (de cuerpo)” , como se dice en Carne de tesoro.
Por eso,
él pronunciaba y yo recuerdo
y ésta es la cuestión de la muerte
(en Cortar por lo sano).
Con el devenir en el tiempo de esta escritura, el conocimiento del horror se deslizaría: por la ironía y el humor - como en Cartas-; por la ironía y el dolor- como en Retórica erótica-, hacia la aceptación, plena, de la insuficiencia de lo real.
¿detrás de una puerta te quedarías sola
y si cerraras una puerta te quedarías afuera?
El dispositivo de Cartas sería el de la palabra hablada en los espejos de la intersubjetividad que esta escritura masticada y nutricia multiplica “para que se repita la escritura”.
yo le escribo y me pregunto si al repartirse
como el pan masticada y nutricia
una no está en boca de todos que es el mejor lugar
Del desposeimiento voraz, a una ingesta donde lo escrito puede partirse y darse como el pan boca a boca, en la lengua que se habla.
“En tanto el cuerpo y la palabra son uno/para ella: dice dolor, y no puede /soportarlo y amor dice y se le hace/agua la boca,
leemos en retórica erótica.
Hacerse agua la boca implicaría, como en Construcción comparativa, gustar ahí una escritura donde se pudiera actualizar el fantasma de comer y ser comido. Una lengua pronunciada desde lo otro femenino –“ella/lo que digo”- en un decir predominantemente rítmico cuya prosodia, la de una voz hambrienta, iría simultáneamente construyendo y restando “la carne sorda o muda/de lo amante”. (Construcción comparativa).
La matriz que nutre o atraviesa esta poesía, aquello que estaría pronunciando la escritura en su otro lado, el de la lectura –después de haber atravesado el espejo-, sería en Lukin, la pasión de develar, del cuerpo, la ciencia y la conciencia en las palabras.
Tintas de un saber que su autora ha hecho correr, caligrafiando, sobre arenas o cementos frescos como cuerpos apenas fraguados (o puestos a morir, a desaparecer);
escrituras a mano que dialogan con imágenes de cuerpos cuya desnudez plana acepta una retórica curvilínea;
cuerpos presentes de una erótica donde otros cuerpos brillan por su ausencia;
tratados y “campos de prueba”, donde podría leerse la imposición de estar ahí, en el bosque desgarrado; y ahí, en la prosodia cruda de las peripecias de un cuerpo cuyo poder ninguna palabra lograría desmentir.
Entonces, Liliana: con la felicidad de haber leído, de esta poética llevaremos: en la voz, las señales de la voz atendida, y una manera de pensar los textos en la que el cuerpo propio, puesto en descubierto, ha sido tocado.
Alicia Silva Rey
De la presentación de Obra reunida, 1978-2008, antología de Liliana Lukin (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2009), en el Centro Cultural de la Cooperación, 8 de septiembre de 2009.
______________________________________________________
LOS AMIGOS
En ese juego todo tenía que andar rápido. Cuando el Número Uno decidió que había que liquidar a Romero y que el Número Tres se encargaría del trabajo, Beltrán recibió la información pocos minutos más tarde. Tranquilo pero sin perder un instante, salió del café de Corrientes y Libertad y se metió en un taxi. Mientras se bañaba en su departamento, escuchando el noticioso, se acordó de que había visto por última vez a Romero en San Isidro, un día de mala suerte en las carreras. En ese entonces Romero era un tal Romero, y él un tal Beltrán; buenos amigos antes de que la vida los metiera por caminos tan distintos. Sonrió casi sin ganas, pensando en la cara que pondría Romero al encontrárselo de nuevo, pero la cara de Romero no tenía ninguna importancia y en cambio había que pensar despacio en la cuestión del café, y del auto. Era curioso que al Número Uno se le hubiera ocurrido hacer matar a Romero en el café de Cochabamba y Piedras, y a esa hora; quizá, si había que creer en ciertas informaciones, el Número Uno ya estaba un poco viejo. De todos modos, la torpeza de la orden le daba una ventaja: podía sacar el auto del garaje, estacionarlo con el motor en marcha por el lado de Cochabamba, y quedarse esperando a que Romero llegara como siempre a encontrarse con los amigos a eso de las siete de la tarde. Si todo salía bien evitaría que Romero entrase en el café, y al mismo tiempo que los del café vieran o sospecharan su intervención. Era cosa de suerte y de cálculo, un simple gesto (que Romero no dejaría de ver, porque era un lince), y saber meterse en el tráfico y pegar la vuelta a toda máquina. Si los dos hacían las cosas como era debido -y Beltrán estaba tan seguro de Romero como de él mismo- todo quedaría despachado en un momento. Volvió a sonreír pensando en la cara del Número Uno cuando más tarde, bastante más tarde, lo llamara desde algún teléfono público para informarle de lo sucedido.
Vistiéndose despacio, acabó el atado de cigarrillos y se miró un momento al espejo. Después sacó otro atado del cajón, y antes de apagar las luces comprobó que todo estaba en orden. Los gallegos del garaje le tenían el Ford como una seda. Bajó por Chacabuco, despacio, y a las siete menos diez se estacionó a unos metros de la puerta del café, después de dar dos vueltas a la manzana esperando que un camión de reparto le dejara el sitio. Desde donde estaba era imposible que los del café lo vieran. De cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero sentía la boca seca y le daba rabia.
A las siete menos cinco vio venir a Romero por la vereda de enfrente; lo reconoció enseguida por el chambergo gris y el saco cruzado. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo que tardaría en cruzar la calle y llegar hasta ahí. Pero a Romero no podía pasarle nada a tanta distancia del café, era preferible dejarlo que cruzara la calle y subiera a la vereda. Exactamente en ese momento, Beltrán puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal como había previsto, Romero lo vio y se detuvo sorprendido. La primera bala le dio entre los ojos, después Beltrán tiró al montón que se derrumbaba. El Ford salió en diagonal, adelantándose limpio a un tranvía, y dio la vuelta por Tacuarí. Manejando sin apuro, el Número Tres pensó que la última visión de Romero había sido la de un tal Beltrán, un amigo del hipódromo en otros tiempos.
Julio Cortázar
______________________________________________________
FRAGMENTO
Aquí estoy en mi sillón, condenado a la quietud, ya peregrino inmóvil para siempre. Mi único carruaje es la imaginación, pero no a secas: la mía tiene ojos de lince. Son ya pocos los años que me quedan para sentir el terrible encontronazo del más allá. Pero a todo sobreviví y he de sobrevivir también a la muerte. Heidegger sostiene que el hombre es un ser para la muerte; todo poeta, sin embargo, crea la resurrección, entona ante la muerte un hurra victorioso.... “
José Lezama Lima
______________________________________________________
FRAGMENTO
"Pienso en mi hambre: no es un hambre que se sacie y pierda, en el transcurso del día, el deseo de seguir consumiendo. He leído demasiado para no ser insaciable. He leído demasiado como para desesperar para no ser insaciable. He leído demasiado como para desesperar súbitamente de que el pensamiento vaya más allá de la convención de cada época y el desprecio de todo. Jamás pensé tampoco que se limitara a la simple reverberación narcisista de las palabras dentro del lenguaje. El lenguaje no es apático, impersonal ni instrumental, ni ahistórico ni divino. Pienso lo siguiente: el hambre del pensamiento no se sacia. Pienso que el odio al pensamiento -que el pensamiento de esta época después de los maremotos ideológico, humanitario, religioso que procuran velar y revestir el horror flagrante de esta época- empieza a hacer que la cabeza sufra hambre. Siento el impulso de una curiosidad finalmente reorientada hacia algo que le resulta desconocido.” (Páginas 12 y 13)
"El lenguaje es en sí mismo investigación. En la tradición filosófica, el lenguaje no es más que un vestigio del que uno puede desprenderse o que se puede corregir, como el soma-sema, como el cuerpo animal convertido en tumba y signo, como las técnicas, como las artes. El lenguaje es la única sociedad del hombre (cháchara, cotilleo, familia, genealogía, ciudad, leyes, charla, cantos, aprendizaje, economía, teología, historia, amor, novela) y no se conoce ningún hombre que se haya librado de él. Así, el logos fue desatendido por la philosophia en su despliegue, de la misma manera en que el aire es ignorado por las alas de los pájaros, como el agua del río es ignorada por los peces excepto al morir por encima de la superficie del agua en donde se asfixian, una vez transportados por el anzuelo hacia la suavidad y la transparencia atmosféricas donde dejan de moverse y se iluminan. (Página 16)
"Pertenecemos a la naturaleza por el esperma, por la leche, por la carne, por la sangre, por la muerte. Incluso por el cerebro formamos parte de ella. Por la violencia del lenguaje en nosotros también formamos parte de ella.
No tenemos que obedecer a otra fuente sino a aquella de la cual fuimos hechos, es decir, volver incesantemente a la intensa conmoción de la concepción de donde únicamente surge la vida. Es esa noche viva, esa crisis, ese hogar no subjetivo, sin nombre, anónimo, que arde en todos, que ardió en todos, sacudiendo, gritando, expandiéndose, donde todavía no hay nada, donde no se distinguen la individualidad ni el nombre ni la ley ni nada social. En ese sentido, la vida no tiene fin, la meta de la obra no puede ser subjetiva y el proyecto del retórico no puede ser personal; éste reaviva una fogata que está en todos en la medida en que está en cada uno. El proyecto del arte o del pensamiento, el chorro del arte o del pensamiento (dado que ambos ignoran tanto su función como su finalidad) no es ni colectivo ni individual. Es el hypsos, es lo más extremo del cuerpo singular de cada uno, más expuesto que el alma, el miedo, la identidad, la ciudad, la lengua, el nombre.” (Páginas 83 y 84)
Pascal Quignard
de Retórica especulativa, Ed.El cuenco de plata, 2008
(Colaboración de Liliana Lukin)
Diario de un día
Un grupo de artistas de Quilmes (
Sonia Otamedi, Hilda Paz, Claudio L. Pérez,
Alicia Silva Rey y Néstor Tellechea)
hemos creado el Diario de un día,
publicación en papel (de distribución gratuita) y virtualwww.dud-diariodeundia.blogspot.com)
de aparición y temática aleatoria.Nuestro Nº 0 fue pensado y editado
como un ejercicio de memoria y reflexión
sobre el tema de los desaparecidos
y los Derechos Humanos.
Hemos seleccionado textos de
Osvaldo Bayer, Daniel Moyano, Claudio Martyniuk,
Antonio Di Benedetto, Rodolfo Walsh,
Armando Tejada Gómez y Miguel Angel Bustos,
que publicamos junto a notas
y obras plásticas nuestras y de colaboradores.
Se imprimieron 500 ejemplares en papel (formato tabloide).
350 ejemplares fueron distribuidos en la marcha del 24/03/2009.
El resto se puede obtener en librerías e instituciones de Quilmes.
La propuesta es que visiten el blog y nos hagan llegar
sus comentarios sobre la publicación a
diariodeundia@gmail.comClick para entrarhttp://dud-diariodeundia.blogspot.com/
|